Capítulo XXIV La costa de Patusán (la vi casi dos años después) es recta y sombría, y enfrenta un océano brumoso. Sendas rojas se ven como cataratas de óxido que chorrean por debajo del follaje verde oscuro de arbustos y trepadoras sobre los riscos bajos. Llanuras pantanosas se abren en la boca de los ríos, con una visión de picos azules, dentados, más allá de los vastos bosques. Mar afuera, una cadena de islas sombras negras, desmigajadas, se destacan en la permanente bruma soleada, como los restos de un muro desmoronado por el mar. Hay una aldea de pescadores en la boca de la rama Batu Kring del estuario. El río, cerrado desde hacía tanto tiempo, se hallaba abierto entonces, y la pequeña goleta de Stein, en la cual yo viajaba, subió en tres mareas sin verse expuesta al fuego de fusile

