JULIA Una semana después Salí del coche mientras Ramón me abría la puerta. No sé cómo, pero Thomas me consiguió el trabajo sin que tuviera que hacer ni una sola entrevista. Pasé toda la noche anterior repasando mis pasos de ballet. Había pasado tanto tiempo que incluso había olvidado cuál era la primera posición o cómo girar sobre los talones. Qué vergüenza. Me dirigí a la entrada y luego a la recepción. —Hola, hoy tengo que dar clase al grupo intermedio. Se levantó con una sonrisa. —¿La señora Maltéz? Asentí y ella señaló una puerta. —Pase. Las chicas ya están esperando dentro. Le sonreí antes de girarme hacia la puerta. —¿La señora Maltéz?—, preguntó, y me volví. —¿Sí? Miró a Ramón. —¿Ese hombre va a acompañarla? Miré a Ramón antes de volver a mirarla a ella. —Bueno, sí

