-Las placas, ahí estan lás placas del miserable… Rápidamente las anoto e hizo algunas llamadas. Mientras tanto Erika si sabia de a quien pertenecían ese auto. -Amor, ¿por qué no dejaste todo en manos de la policía? – pidió al tiempo que se acercaba y lo abrazaba por detrás. -No, yo quiero saber quién lo hizo y cuando descubra quién fue pagará con sangre. Una vez que la mujer le devolvió la llamada, Erika mordido su uña puesto que una vez que su esposo supiera de quien eran esas placas, la guerra entre las familias se desataría. - ¿Qué te dijo? – Cuestionó su padre al ver a su hijo rojo. - El auto pertenece a Santiago. - ¿Santiago? ¿pero él estaba desaparecido? al menos qué... - Si, eso nos consta a todo, pero ese auto no pertenece específicamente a Santiago, si no que, al líder de e

