Por la noche, estando abrazada desde la espalda por su esposo, Mariana dejó escapar unas lágrimas recordando los veinte años que llevaba sintiéndose la peor mujer del mundo, desde que decidió perder el contacto con su pequeño hijo. Se levantó despacio para que su esposo no despierte, agarró su celular y llamó a Margaret. La mujer por años insistió en que vuelva por su hijo, pero Mariana prefirió la vida de lujos que tenía junto a su esposo. Ella jamás le habló de Alez en el tiempo que salían, cuando él le propuso matrimonio más calló; se negó a sí misma que tenía un hijo. La mujer del otro lado de teléfono contestó con pesadez. __ ¿Por qué me llamas a esta hora? ¿Le paso algo a Alez? __ ¿Fuiste tú verdad? ¿Por qué lo enviaste? __ Porque consideré que era justo que también disfrute

