Capítulo 6 AtascadaShenie Yales no esperaba que el ascensor se quedara atascado y, además, totalmente a oscuras. ¡Era como estar metida en la boca del lobo!
—¿¡Que está pasando!?
—¡Tengo miedo!
—Que alguien use la linterna del móvil y pulse el botón de socorro del ascensor.
La gente empezó a gritar, pero uno de los ocupantes del ascensor encendió la linterna de su móvil y, con calma, pulsó el botón de socorro.
—Cálmense todos. En breve vendrá un técnico y conseguiremos que repare el ascensor ahora mismo; así que, por favor, esperen el rescate —dijo una voz consolando a los ocupantes del ascensor.
Aunque la gente se tranquilizó un poco, todos seguían asustados por estar a oscuras y algunos no dejaban de quejarse en voz baja.
—Director Hanks, ¿se encuentra bien? —preguntó Shannon Gates preocupado.
—Estoy bien —contestó Charles negando con la cabeza.
Shenie Yales estaba ansiosa. No sabía cuánto tardarían en reparar el ascensor. ¿Y si su madre se despierta y no puede encontrarla?
De repente, alguien la arrinconó en una esquina del ascensor.
—¿Qué haces parada aquí? Muévete un poco hacía allí. Estoy pegado a la puerta —dijo un hombre muy fuerte mientras empujaba a Shenie antes de que ella pudiera reaccionar.
Shenie chocó con la persona que estaba a su lado y se disculpó en voz baja.
—¿Por qué me empuja? ¿Se va a hacer responsable si alguien resulta herido? —dijo.
Los ocupantes del ascensor empezaron a quejarse, silenciando la voz de Shenie, cuya pregunta no obtuvo respuesta.
—Señorita, me ha pisado —dijo una voz suave y agradable, aunque fría.
Shenie se asustó y quitó el pie rápidamente. No era de extrañar que se sintiera tan asustada en todo ese jaleo.
—Lo siento, le limpiaré el zapato —dijo Shenie. Pero en cuanto esas palabras salieron de su boca, se dio cuenta de que no podía agacharse porque el ascensor estaba lleno.
—No se preocupe, está bien —respondió aquella voz.
Por la respuesta Shenie se dio cuenta de que el hombre parecía que la estaba evitando. Murmuró otra palabra de disculpa, frunció el ceño y procuró no mover más. Aunque el hombre tan solo dijo unas pocas palabras, su voz le sonaba familiar. Le parecía que la había oído antes en alguna parte y, además, le había gustado.
—¡Cuidado!
Justo cuando estaba sumida en sus pensamientos, una mano la agarró por la cintura. Y justo antes de poder reaccionar, el ascensor emitió un estridente sonido metálico y empezó a temblar. Gracias a la mano que la sostenía, Shenie pudo mantenerse en pie. Por la voz supo que era el mismo hombre de hace un momento.
—No tengan miedo. Estamos reparando el ascensor —dijo una voz tranquilizadora por el altavoz en medio de los gritos de los ocupantes.
—Gracias —dijo Shenie con el corazón todavía desbocado por el susto.
Charles Hanks inclinó ligeramente la cabeza y justo cuando estaba a punto de apartar el brazo, frunció el ceño y sus manos se quedaron petrificadas.
—Em, ya puede soltarme —le dijo Shenie.
Aunque agradecía su ayuda, era muy incómodo estar atrapada entre los brazos de un extraño.
—¡No te muevas! —exigió el hombre.
Shenie estaba tan asustada que no se atrevía a moverse.
—¿Qué pasa? ¿El ascensor va a…? —antes de que pudiera terminar la frase, notó como una cálida corriente de aire le acarició el cuello y se coló dentro de su ropa.
—Tu olor me parece familiar —dijo el hombre.
Shenie podía sentirle cerca de su cara, tan cerca que, si bajaba un poco más la cabeza, podría besarla. Dio un paso hacia atrás e intentó liberarse de sus brazos.
—No sé de qué está hablando —balbuceó.
¡Qué hombre más raro!
—Hueles bien. Tu aroma es dulce y muy especial —dijo él sin soltarla y apretándola más fuerte.
Esta fuerza y esta voz eran tan familiares… De repente, la suave voz de anoche resonó en la mente de Shenie: «Hueles tan bien. Tan dulce. Es un olor muy especial». Puede ser que… Abrió los ojos de par en par. ¡Era él!