Capítulo 7 El aroma

1026 Words
Capítulo 7 El aromaShenie Yales sintió que todo lo que había pasado la noche anterior no era tan aterrador como el hombre que estaba agarrándola por la cintura. ¡Él era su pesadilla! ¡El trato tan sucio que había hecho! Cada vez que pensaba en él, se acordaba del dolor que desgarró su cuerpo anoche. Y no solo eso, sino también se acordaba de lo que dijo la familia Yales: «¡La familia Yales solo necesita una hija!» Shenie sintió una terrible punzada de dolor en la cabeza, como si de repente la hubieran arrojado a un abismo infinito. Si la familia Yales averiguaba que ella todavía seguía en Ciudad S, ¿le harían algo a su madre? —¿Quién eres? —le preguntó el hombre con una voz ya no tan fría. Shenie no se atrevió a responder. Un sudor frío empezó a recorrerle las manos y la espalda. La gente empezó a quejares, pero pareció que al hombre no le molestó en absoluto. —¡Habla! —la presionó a la espera de una respuesta. Se inclinó hacia ella, estaba tan cerca que podía notar su aliento en la oreja, pero ella no se atrevía a contestar. Shenie sentía que, si no decía nada, él la presionaría todavía más para que hablase. «¿Qué hago? ¿Qué otra cosa puedo hacer? ¿Cómo salgo de esta?» —pensaba Shenie para sus adentros. ¡Ring, ring! Su móvil sonó en el momento adecuado. Shenie no dijo nada, descolgó el teléfono sin demora y respondió. —¿Ya estás aquí, cariño? Perdona, espera un poco que el ascensor está atascado y no puedo salir —dijo. Shenie notó como la mano que tenía atrapada su cintura, se relajó despacio y el aliento que sentía en su oreja se empezó a alejar poco a poco. Dejó escapar un suspiro de alivio. —Pero, ¿qué dices, Shenie? —preguntó la persona al otro lado del teléfono. Shenie siguió fingiendo hasta el final, a pesar de que no dejaba de sudar. —No te preocupes, mi amor, llegaré muy pronto —contestó Shenie y colgó el teléfono. ¡Ding! De repente la puerta del ascensor se abrió. Shenie no tuvo tiempo para preocuparse de que sus ojos se acostumbrasen a la repentina luz, así que resopló cegada por tanta claridad, se sujetó la mascarilla sobre la cara y salió corriendo del ascensor. Cuando Charles Hanks consiguió salir del ascensor, la mujer de la mascarilla ya no estaba. Frunció el ceño y miró a su alrededor. —Director Hanks, ¿está buscando algo? —preguntó Shannon Gates, pero no recibió respuesta a su pregunta. Wiles, el gerente del hospital, estaba tan asustado que estaba a punto de llorar. —Señor Hanks, no sé por qué el ascensor de repente… —dijo preocupado. Creía que iba a meterse en problemas por dejar que una persona tan importante quedara atrapada en el ascensor atestado de gente y a oscuras. Wiles no paraba de sudar a causa de los nervios. —No pasa nada —dijo Charles en tono relajado, mirando hacia otro lado. Wiles no se creía lo que acababa de oír. ¿Era el mismo director Hanks que entró en el ascensor hace un momento? ¿Por qué de repente se ha vuelto tan comprensivo? Pero como no quería meter la pata, decidió no preguntar nada más sobre el incidente. —¿En qué piso está? —preguntó Charles mirando a Wiles. —En el piso 15 —respondió el gerente. En la puerta de ascensor ya había una multitud de gente esperando para entrar. Charles frunció el ceño y caminó hacia las escaleras. —Mejor vamos por las escaleras —dijo. —¿Qué? —preguntó Wiles atónito. Ahora mismo estaban en el quinto piso y eso quería decir que tedrían que subir ni más ni menos que ¡diez pisos! Eran demasiados pisos…, pero el director ya había tomado la decisión, ¿qué más podía decir Wiles? Hablar demasiado podría significar la muerte, así que era mejor quedarse callado y subir por las escaleras con Charles. Cuando Shenie había llegado al piso 14, sintió que estaba a punto de desfallecer por el agotamiento. Quería irse de ahí como fuera, tenía miedo de que el hombre la alcanzara. Estaba tan asustada que no se atrevió a subir en ascensor. ¡Salvada por la campana! Pero justo cuando suspiró de alivio, alguien apareció delante de ella. —Shenie, ¿por qué me hablabas como si fuera tu marido? ¿Qué ha pasado? —dijo la niña. Era Sunny Feld, una niña bajita y algo rellenita. Su cara redonda estaba enmarcada por un corte de pelo en forma de tazón, pero aun así le quedaba muy bien. Sunny era una buena amiga de Shenie y solía venir al hospital para cuidar de su madre. —Me has dado un susto de muerte —dijo Shenie. —Me he cruzado con un monstruo en el ascensor y tenía que usarte como escudo —le contestó Shenie dándole una ligera palmada en la espalda. —¿Había un hombre al que le has gustado y quería coquetear contigo? —preguntó Sunny con una sonrisa. A pesar de que Shenie no se había arreglado ni maquillado, estaba muy guapa y encantadora. Sunny pensó que, si ella fuera un hombre, haría todo lo posible por conseguir a Shenie; pero era una pena que a Shenie no le interesaran los hombres ni tampoco las mujeres. Su vida giraba tan solo en torno a su madre, que en la actualidad estaba gravemente enferma. —Siempre te burlas de mí —dijo Shenie mientras agachaba la cabeza con timidez. Le dio un codazo a Sunny y de repente se acordó. Levantó el brazo y acercó a la nariz de Sunny. —Sunny, ¿hueles algo diferente en mi cuerpo? —preguntó. Era la segunda vez que ese hombre le decía que su olor era dulce, pero ella no lo olía en absoluto. —Espera —dijo Sunny con una gran sonrisa mientras aspiraba su olor —es el olor de una chica pura.
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