Capítulo 8 La confusión.—¡Ay, qué daño! —se quejó Sunny Feld cuando Shenie Yales le dio un ligero golpe en la frente por decir tonterías.
—Pues ya sabes lo que te va a pasar cada vez que digas alguna tontería de estas —le contestó Shenie y empujó la puerta para entrar en la sala.
Mia Blaine seguía dormida y la mesa estaba repleta de frutas.
—¿Por qué has traído tanta fruta otra vez? ¡Todavía no nos hemos terminado la que trajiste la última vez! —exclamó Shenie mientras dejaba la compra y apartaba la fruta que había en la mesa.
—Mi familia tiene una frutería y además es gratis. Puedes comerte toda la que quieras —dijo Sunny mientras cogía una silla para sentarse.
—Es el dinero que ganan tus padres trabajando duro, así que no lo desperdicies. Te lo pagaré todo en cuanto pueda —contestó Shenie.
—Shenie, ¿qué quieres decir? ¿Me estás menospreciando? —dijo Sunny, levantándose de un salto de la silla.
—No grites, ¿no ves que mi madre está durmiendo? —le respondió Shenie dando un paso adelante y tapándole la boca con la palma de la mano.
El gesto de Shenie le molestó tanto a Sunny que se le escapó una lágrima.
—Sabes que no es eso lo que quería decir. Simplemente creo que no es fácil ganar dinero y, además, siempre me estás ayudando —contestó Shenie para consolarla.
—Basta —dijo Sunny poniendo los ojos en blanco para que Shenie dejara de hablar.
Shenie no dijo nada más y solo pensó para sus adentros: «Olvídalo. Simplemente le compraré algo cuando vaya a visitar a sus padres».
—Oye, puedes salir un momento para que hablemos —dijo Sunny al ver que había más personas en la habitación.
Shenie la miró desconcertada.
—Solo un momento —insistió Sunny.
Después de eso la cogió de la mano, abrió la puerta y salió de la habitación para poder hablar en privado.
—¿Qué pasa? —preguntó Shenie.
—Está comprometida, ¿lo sabes? —preguntó Sunny después de acercarse a la ventana.
—Sí, asintió Shenie.
—¿Cómo lo has sabido? —preguntó Sunny.
—Es difícil ignorar la noticia de que el hombre más rico de la ciudad se va a comprometer, ¿no? —contestó Shenie sonriendo al ver la expresión sorprendida de Sunny.
—Cierto —contestó Sunny frunciendo el ceño y preguntó —¿Te invitarán?
—¿Tú qué crees? —respondió Shenie encogiéndose de hombros.
—¿Por qué ella puede vivir una vida llena de lujos mientras tú…? —contestó Sunny con tristeza.
—¡Sunny! —la detuvo Shenie— no busques justicia para mí, ¡mi vida tampoco está tan mal!
Sunny se mordió el labio. Sabía que mientras que Mia estuviera bien, Shenie sería feliz.
—Ah, por cierto, acabo de ir a la oficina de pagos y me han dicho que ya estaba todo pagado. ¿De dónde has sacado el dinero? —preguntó Sunny.
—Le pedí prestado algo de dinero ayer —dijo Shenie con calma, pero sorprendida.
—¡Anda! ¿Pero no dijiste que no te dejaban ir a su casa? —preguntó Sunny preocupada. —¿Se portó bien contigo?
Shenie sintió como el corazón le daba un vuelco. «¡No vuelvas más a esta casa, no quiero verte! ¿Qué tiene que ver conmigo si se muere o no después del divorcio? He oído que tu madre está enferma y que os estáis quedando sin dinero. Te daré 200.000 yuanes, así que tendrás que ayudar a tu hermana. ¡Coge el dinero y vete a Oak!» Shenie apretó los puños al acordarse de sus crueles palabras, seguía sin entender por qué su supuesto padre se portaba tan mal con ella.
—¡Shenie! ¡Shenie! —gritó Sunny al ver la expresión en su rostro.
Shenie volvió en sí y miró a Sunny.
—¿¡Qué pasa!? —preguntó.
—Estoy bien —le dijo a Sunny con una gran sonrisa para que no se preocupara.
—Bueno, pídeme ayuda si lo necesitas. Haré todo lo que esté en mi mano. ¡Ah! Por cierto, operan a la tía Mia la semana que viene, ¿verdad? —dijo Sunny.
—Sí, he estado esperando este momento durante mucho tiempo —dijo Shenie asintiendo.
—La tía Mia lo superará. No te preocupes, yo te acompañaré el día de la operación —contestó Sunny, cogiéndola de la mano para consolarla.
—¡Gracias! —respondió Shenie y abrazó a Sunny, apoyándose en su hombro agotada.