Capítulo 9 ¡Es él!

1191 Words
Capítulo 9 ¡Es él!Dos días más tarde, en la academia de estudios religiosos… —Fanny, Fanny —gritó Yanie Yales después de haber visto a una persona en la lejanía y corrió hacia ella. Se trataba ni más ni menos que de Fanny Hanks, la hija de la familia Hanks. Habían estudiado en la misma escuela, pero en clases distintas. —Yanie… —exclamó Fanny Hanks arqueando las cejas con gesto de sorpresa —¿me buscabas? Yanie se rio y le extendió algo que tenía en la mano. —Es el bolso de la última colección de LV. Te lo he comprado porque creo que es ideal para ti —dijo Yanie. Fanny entrecerró los ojos mientras abría el bolso. —Fanny, ¿sabes qué ha estado haciendo tu hermano estos días? —preguntó Yanie. —Vas a ser su prometida y no sabes qué está haciendo —se rio Fany. —Tu hermano parecía estar muy ocupado estos días y no quería molestarlo —contestó Yanie avergonzada. —Claro, mi hermano tiene que negociar contratos multimillonarios todos los días. Yanie, ¿me dejas darte un consejo? Incluso si al final os casáis, no lo molestes. Después de todo, mi hermano es el responsable de mantener una gran empresa y eso es un trabajo que desgasta mucho. Si eres insensible y desobediente, entonces el título de señora Hanks no te durará mucho —se burló Fanny. —Claro, Fanny. Por cierto, ¿no dijiste que te gustaba la ropa de Carl? Aquí tienes su tarjeta, me he atrevido a pedirte una cita con él. Así que cuando puedas ir a verlo, te diseñará personalmente un vestido —contestó Yanie. —¡Oh! ¿Eres amiga de Carl? Solo diseña ocho conjuntos al año y ¡solo para superestrellas! —contestó Fanny sorprendida. —En mi opinión, tú brillas más que cualquiera de esas superestrellas. ¡Para él es un honor poder diseñar algo para ti! —contestó Yanie. —Muchas gracias—dijo Fany con una risita y se guardó la tarjeta en el bolso. —Por cierto, parece ser que mi hermano ha ido al Primer Hospital en los dos últimos días. —¿Al hospital? ¿Está enfermo? —respondió Yanie preocupada. —No, no. Mi madre dijo que parece ser que una persona muy importante estaba ingresada en ese hospital y mi hermano fue a visitarle —respondió Fanny. Yanie se quedó muda… ¿por qué no había oído hablar de eso antes? —Tengo una cita con otra persona y me tengo que ir ya —dijo Fanny. —Vale —dijo Yanie extendiéndole el bolso de LV. Fanny cogió el bolso y se dio la vuelta para irse. —¡Ah! Por cierto… —dijo Fanny antes de irse. —¿Qué pasa? —preguntó Yanie preocupada. —Por favor, Yanie, no me traigas más artículos de la última colección, solo me gustan los artículos de edición limitada. Después de todo, es un poco incómodo llevar lo mismo que los demás, ¿no crees? —dijo riéndose y salió por la puerta con la cabeza bien alta. Yanie apretó los puños con fuerza al oír la réplica de Fanny. A pesar de ser hija de una familia adinerada, se aprovechaba de los demás. «Espera que me convierta en la señora Hanks y sea tu cuñada, ¡te daré una buena lección, Fanny Hanks!», pensó Yanie cuando la vio marcharse. Pero… El Primer Hospital, ¿una persona importante? ¡Necesitaba ir a comprobarlo por sí misma! Mientras tanto en el hospital. —Mamá, volvamos adentro. ¡Hace demasiado frío fuera!—dijo Shenie mientras abrazaba a su madre andando por las escaleras. Esta vez la quimioterapia había dado buenos resultado y Mia parecía estar mejor. En los últimos dos días había salido a pasear más a menudo. —¡Vale! —contestó Mia con una sonrisa. No había mucha gente en el hospital ni tampoco esperando el ascensor. —Por cierto, ¿podrías comprarme un poco de leche de alubias rojas? —preguntó Mia. —¿Quieres beber eso, mamá? —se sorprendió Shenie. —Es para Sunny. Le gusta mucho. Nos ha traído mucha fruta, así que ve y compra un poco de leche para la próxima vez que venga a visitarme —respondió Mía. —Primero te acompaño a tu habitación y luego bajaré a comprarla —dijo Shenie. Mientras hablaban, llegó el ascensor. —Ve ahora, puedo volver sola. Iré por el pasillo y te esperaré —dijo Mia haciendo un gesto con la mano para indicar que estaba bien. Shenie no insistió. En los últimos dos días, cuando Mia se encontraba bien, le gustaba caminar por los pasillos. —Vuelvo enseguida. Seguro que estás cansada, así que ve a tu habitación primero —le dijo Shenie. —Vale —dijo Mia, entrando lentamente en el ascensor. Shenie observó cómo se cerraban las puertas del ascensor y por fin sentía un poco de alivio. Después de que el ascensor se fuera, Shenie se dio la vuelta y se marchó al supermercado. Al llegar a la tienda, vio a dos personas muy altas en la puerta. —Hablé con los hijos de Old Morris. Llegarán mañana para cuidarlo—dijo Shannon Gates. Charles Hanks no dijo una palabra, no se había quitado la mascarilla y parecía inaccesible. Old Morris era un antiguo empelado suyo, por lo que le bastaría con verle solo una vez. No entendía porque tenía que venir tres días seguidos. ¿Qué es lo que estaba intentando hacer? Frunció el ceño y su expresión se volvió más fría. —Director Hanks, voy a comprar un poco de leche — le dijo Shannon pidiendo permiso cuando vio que la gente pasaba junto a ellos con la compra. Charles asintió, pero Shannon no se atrevió a perder el tiempo y entró corriendo al supermercado. Unos minutos más tarde, dos personas salieron del supermercado. —Gracias. Normalmente pago con la aplicación del móvil y no suelo llevar dinero en efectivo. Pero me he dejado el móvil en el coche. En cuanto llegue, te hago una transferencia —dijo Shannon con una sonrisa con el brik de leche en la mano. —De nada. ¡No se preocupe! —dijo Shenie Yales con una sonrisa, a pesar de llevar la mascarilla puesta. —Bueno, aquí tiene mi tarjeta. Puede agregar mi número en w******p y le hago una transferencia por la compra —contestó Shannon sacando la tarjeta del bolsillo. —Vale —contestó Shenie cogiendo la tarjeta sin ni siquiera mirarla. —Oye, el ascensor ya está aquí, vamos —dijo Shannon al ver que el ascensor acababa de llegar al primer piso. Shenie corrió hasta el ascensor, porque sabía que había que esperar mucho tiempo para coger el siguiente. Pero, cuando estaba a punto de llegar al ascensor, la esbelta figura que estaba de pie junto al ascensor se volvió hacia ella… Sus oscuros y profundos ojos se clavaron en ella… ¡Era él! En este momento sus piernas le resultaron tan pesadas que no era capaz de moverse del sitio.
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