Violación de Privacidad

1326 Words
—¿Pasó algo? —Le pregunté. —Oh… sí… sí que pasó algo, y vos lo sabés muy bien. —No sé a qué… —Me refiero a Carolina —me interrumpió—. Hablé con ella hace unos minutos. Tuve que dejar todo lo que estaba haciendo para venir a hablar con vos. Me quedé helada y me sentí estúpida. En ningún momento se me cruzó por la mente que Carolina podía hablar con Danilo sobre lo ocurrido. —Em… sé que estuve mal —dije, más temerosa que apenada. —Sí, muy mal —se acercó a mí por detrás. Me quedé muy quieta. Pude sentir lo mismo que aquella vez que subimos juntos en el ascensor: su bulto pegado a mi culo. Pero esta vez la sensación era mucho más fuerte. En parte se debía a lo apretado del pequeño short y a que yo no llevaba puesta ropa interior. Pero el factor más importante era que Danilo tenía una erección. Estoy segura de eso. Sentí algo duro y cilíndrico encajándose entre mis labios vaginales. Me sentí traicionada por mi propia concha, porque al instante sentí la humedad… y fue como si mis labios quisieran abrazar ese objeto duro que se había posado sobre ellos. Llevaba mucho tiempo sin acción s****l real, más que una que otra paja, y mis hormonas juveniles me traicionaron. —Le puedo pedir disculpas —dije, sin moverme. —Claro que le vas a pedir disculpas. —Apoyó sus manos en mi vientre y comenzó a deslizarlas hacia arriba, lentamente—. ¿Cómo se te ocurre decirle semejante cosa a una inquilina del edificio? ¿Vos sabés cuánto paga de alquiler cada inquilino? Y si el departamento es de ellos, igual pagan una exorbitante suma, por las expensas. Expensas que pagan tu salario. —Lo sé… estuve mal, lo que pasó fue que… —No me importa qué pasó. No tenés excusa para tu comportamiento —sus rechonchos dedos acariciaron la parte baja de mis tetas y su bulto se pegó más a mi entrepierna. Mordí mi labio inferior para ahogar un gemido. Ese tipo me había agarrado con la guardia baja—. Lo que vas a hacer es presentar una disculpa formal y Carolina va a decidir qué va a pasar con vos. ¿Está claro? —¿Ella? Pero si ella no es mi jefa… —No, pero es la damnificada. Te metiste con una piba que viene de buena familia… no podemos dejar que esto quede en el olvido. Fui tan estúpida que tampoco se me ocurrió buscar información extra sobre Carolina. Después descubrí que su padre había sido intendente y que en ese momento ostentaba otro importante cargo público. —Está bien, le voy a pedir disculpas. —Y rogá para que ella te perdone —sus manos se aferraron a mis tetas y me las masajeó mientras me restregaba la pija contra la concha. Me molestó, sí… pero también… Ay, Amelia… no sé cómo te vas a tomar esto; tengo que ser sincera. Tendría que haberme ofendido mucho por las libertades que se estaba tomando Danilo conmigo; pero lo cierto es que me calenté bastante. Le echo la culpa a la abstinencia s****l. —Si no te perdona —continuó Danilo—, entonces te vas a la calle. No podemos tolerar esa clase de comportamiento por parte de nuestros empleados. —¿Me van a echar por eso? —Pregunté—. ¿No es una medida un tanto excesiva? Estaba al borde del llanto. No por los toqueteos, eso era lo que menos me importaba en ese momento. Lo que me tenía angustiada era la posibilidad de quedarme en la calle. De verdad no tenía dónde ir, ni siquiera sabía cómo iba a hacer para conseguir algo de comida. —Puede parecer excesiva; pero rompiste una de las reglas más importantes de Reynaldo —Danilo me pellizcó los pezones por encima de la tela—. Dijiste algo que puede comprometer a SpyCam. ¿Qué pasa si Carolina empieza a hacer preguntas? Ella jura que no hizo eso de lo que vos la acusás… pero nosotros dos sabemos que sí lo hizo. ¿Qué pasó? ¿Se la cogió alguien del edificio? —No sabía si responder a esa pregunta o quedarme callada. Como dudé tanto, él siguió hablando—. Me imagino que lo habrás visto en una de las cámaras ocultas —al decir esto empezó a moverse como si quisiera cogerme, pero la tela de mi short me protegía. No iba a haber penetración, sin embargo podía sentir la cabeza de su pene luchando contra mi concha. Al mismo tiempo sus manos se escurrían dentro de mi escote. Empezó a manosearme las tetas de forma directa—. A mí podés contármelo. Sé de las cámaras ocultas de Reynaldo. Yo le ayudé a mantenerlas en secreto. Trabajamos mucho para eso… y no voy a permitir que una pendeja pelotuda tire tanto trabajo a la basura. ¿Está claro? —Esas cámaras… —¿Si? —Son ilegales. —¿Y? —No deberían existir. Es una violación a la privacidad de los inquilinos. —A los inquilinos no les afecta en nada, porque ellos no tienen por qué enterarse de que las cámaras existen. Esa es la clave de todo el asunto. —¿Y para qué están? —¿No es obvio? Si vos misma viste una demostración de lo que esas cámaras pueden captar. —¿Sexo? ¿Hay cámaras ocultas solo para ver a personas teniendo sexo? —¿Te parece poco? —No, pero… creo que hay que estar un poquito loco para llenar un edificio de cámaras ocultas, para poder ver gente cogiendo —mi temperatura estaba por los techos, los manoseos y los arrimones de Danilo se habían vuelto más intensos. —Reynaldo Noriega era un poquito… pervertido. —Y vos también —le solté, con bronca. —Puede ser —soltó una risita macabra y volvió a pellizcar mis pezones—. Pero Reynaldo también pensaba en el prójimo. Si bien lo más importante era satisfacer su propia perversión, él se encargaba de que yo pudiera espiar un poquito, de vez en cuando. También pensó en vos… —¿En mí? —Bueno, no pensó exactamente en Tiana Morgan; pero sí tuvo en consideración que otra persona podría ocupar su lugar. Él prefería que la próxima fuera una chica joven, muy bonita… y yo también. Deberías sentirte halagada, se presentaron varias mujeres muy hermosas; pero apenas te vi supe que vos eras la indicada para el trabajo. —Me dijiste que no se habían presentado mujeres. Volvió a soltar otra risita. —Los empleadores también podemos mentir en las entrevistas de trabajo. Te elegí a vos porque te vi lo suficientemente putita como para hacerte cargo de este trabajo. Quería decirle que yo no era ninguna puta, pero él llevaba unos cuantos minutos manoseándome y arrimándome. No me sentía en la mejor posición como para discutir sobre eso. —Entonces… ¿cuál es la intención en todo esto? ¿Yo no puedo decir nada sobre las cámaras, a nadie, aunque no me gusten? —Te van a gustar, Tiana. Creeme… —No lo creo, es una violación a la privacidad… —¿Me vas a decir que no disfrutaste espiando a Carolina? Tal vez hasta te hiciste una buena paja mirando cómo se la cogían —se me cortó la respiración—. No te asustes, chiquita. No hay cámaras en este departamento, no te estoy espiando. Reynaldo jamás hubiera permitido que alguien colocase una cámara dentro de su departamento. Eso me tranquilizó un poco, pero no mucho. Él se apartó de mí y me miró de frente, con esa sonrisa lujuriosa en sus labios. Estaba contemplando mis grandes tetas, las cuales estaban fuera del escote… sí, las dos. Muerta de vergüenza, volví a guardarlas en su lugar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD