Había pasado varios días desde que había hablado con Mary y con cada día que pasaba estaba más seguro de mi decisión, ese sábado almorzaríamos todos en casa de mis padres, ya que el domingo partirían de vacaciones, allí estaban Rosa y Julio, Josema e Ivette, Mary y Pepe, mis mujeres y yo, Tomás y Ana estaban pasando un proceso gripal y fueron los grandes ausentes. Al llegar besé a todo el mundo y a mis padres, fue un beso distinto a los anteriores, en mí volvieron a brotar esos sentimientos de impotencia. Fue mi tía la que me sacó de mi estado agarrándome del brazo y llevándome al jardín. “Cuidado con esos sentimientos, podrían delatarte, te conozco muy bien, ya tengo planeado como vamos a hacerlo” “Muy bien ahora disfruta estos días con ella y madura tu plan cuando llegues a Sevilla, ve

