Así les dio ante el asombro de todos, una bolsa bien llena de monedas a cada uno. ―Y ahora os daremos también vuestro merecido al tratar a una de nuestras mujeres de tal forma que la podríais haberla matado. Diciendo esto, todos los hombres que había que conocían el suceso les apuntaron con las armas, y así le dijeron, ―Como queremos ser generosos con vosotros y os daremos vuestra vida como mejor regalo, pues no las queremos para nada, pero mirar mejor entrar en la red que se ha preparado. Entraron, la cerraron y quedaron presos en medio del pueblo, y dijo David, ―Meterlos en un lugar donde no se les vea a primera vista y poner guardias, de tal manera que si alguien viniera y armase barullo para llamar la atención los pasáis de un lado a otro con las espadas como si de pollos se trata

