Capítulo 6

1776 Words
Alexandre se alejó de Aiden durante la última semana, el menor se volvió a sentir solo y marginado. También desaparecieron las galletas que el mayor solía dejarle. Aiden se sentía mal por qué consideraba que había hecho algo que no debía, aunque esa no era la verdad de lo que atormentaba al mayor. Esteban fue suspendido durante esa semana, lo que le facilitó al mayor alejarse de aquel niño. Sin embargo, no sabía que las cosas podrían cambiar con el regreso de aquel líder. Aiden estaba asustado por eso y aunque Alexandre trataba de no prestarle atención, no podía dejar de vigilarlo por ratos. El lunes, Alexandre llegó temprano a clases y se acomodó en su lugar sin prestarle atención a sus compañeros. Esteban apareció unos minutos después hecho una furia, sus amigos se acercaron a él con cautela. ― ¡¿Dónde está ese hijo de puta?! – gritó apenas entró – ― ¿Alexandre? – preguntó Félix y su amigo negó – ― Aiden – Alexandre levantó la vista al escuchar el nombre del pequeño – me las va a pagar, 1 puta semana perdí por ese imbécil ― Pero, solo fueron faltas… – comentó Félix – ― Te equivocas – lo tomó de la camisa – por culpa de ese imbécil, mi padre me quitó mi paga y canceló mi viaje de fin de curso ― ¿Pero que tiene …? – Esteban lo tiró al suelo – ― ¿¡Eres amigo mío o de él!? ― ¡De ti! – respondió con cierta debilidad en la voz – Aiden llegó al colegio como siempre, el no tener a Alexandre cerca le había afectado más de lo que pensaba. Caminó hasta el salón inseguro, sabía que hoy volvería Esteban y estaba con los nervios de punta. Apenas entró al salón sintió como era empujado contra las carpetas tirándolas al suelo y golpeando su cabeza en el piso. El menor levantó la mirada encontrándose con los ojos furiosos de Esteban, el miedo se apoderó de él al punto que todo su cuerpo temblaba. Alexandre observó la escena con molestia, era consciente de que no debía intervenir, sin embargo, al ver como Aiden estrellaba su cabeza contra el suelo no pudo evitar apretar los puños. ‹Nunca dejaré de considerarte un amigo› Alexandre trató de desviar la mirada, sin embargo, no fue posible. Esteban levantó al chico de la camisa y lo tiró con fuerza contra la pared haciéndolo rebotar y caer al suelo de rodillas. ― Por favor, ya no – Aiden estaba tratando de controlar el dolor que sentía – por favor… ― ¡Cierra la boca, hijo de puta! – lanzó una patada en la boca del menor – Alexandre vio como aquel chico escupía sangre, su boca estaba completamente roja y sostenía su estómago con una mano mientras con la otra trataba de mantenerse en equilibrio para no caer al piso. ― ¡Levántate! – gritó – ― No puedo – susurró el menor – ― ¡Qué te levantes! – volvió a gritar, pero Aiden no podía, el dolor lo hacía imposible – ― ¡No puedo! – gritó y Esteban lo volvió a levantar – Alexandre vio como aquel chico era lanzado contra el escritorio del profesor, su espalda se golpeó contra las patas de metal. Aiden gritó de dolor con lágrimas en los ojos. Aquellos ojos ámbares que siempre estaban felices y llenos de esperanza se estaban apagando. ‹Por favor, ayúdame, ya no puedo› Alexandre se acercó a la escena con los puños apretados, Esteban pateo al menor haciéndolo rodar y este volvió a escupir sangre. Los ojos de Aiden se encontraron con los azules del mayor y este ya no se pudo contener. Alexandre empujó con fuerza a Esteban contra la pizarra provocando que este se corte el brazo con el filo de metal de esta. El ambiente se tensó y todos los presentes se quedaron en un silencio sepulcral. Se acercó a Aiden y con cuidado lo cargó en brazos, aquel niño le dio una pequeña sonrisa. ― Lo siento – susurró – creo que tienes razón – una sonrisa débil apareció en sus labios – siempre soy un problema ― Olvídalo – contestó en tono bajo – Acomodó al menor en sus brazos con cuidado y caminó hasta la puerta. Todos observaron la escena, sorprendidos, el chico que odiaba interactuar con las personas ahora estaba ayudando al marginado social. Esteban estaba furioso, sujetó de la camisa al mayor y trató de jalarlo, sin embargo, este se giró sin problemas y lo miró impasible. ― ¿Por qué mierda lo ayudas? – Alexandre suspiró pesadamente – ― ¿Por qué lo golpeas? – Aiden desvió la mirada y Esteban lo soltó – ― Porque es una basura ― A mí me parece que tú lo eres – la voz fría retumbó en los oídos de aquel chico – solo una mierda como tú es capaz de aprovecharse de un indefenso Alexandre se alejó de él y retomó su camino, salió del salón dejando a todos atónitos. Bajó las escaleras con rapidez mientras el menor se mordía el labio tratando de aguantar el dolor. ― Tenemos que ir con una persona más – susurró en el oído del menor – ― Pe-pero quién… ― Déjamelo a mí – Alexandre se mordió la parte interna de la mejilla, no quería pedir un favor, pero este niño lo necesitaba – solo por favor, no preguntes. – el pequeño asintió y el mayor se acercó a la oficina de la subdirectora – Necesito hablar contigo – dijo tocando la puerta – ― Estoy ocupada, ¿podrían venir después? – respondió la subdirectora – ― Soy Alexandre – su voz resonó y la subdirectora salió de la oficina sorprendida – Sus ojos se agrandaron al ver al pequeño en los brazos del mayor, el estado del niño parecía ser suficiente para que la profesora pudiera moverse instantáneamente. Caminaron todos hasta el carro y Alexandre acomodó al menor en el asiento delantero, la subdirectora manejó lo más rápido que pudo, tratando de evitar los baches para no lastimar más al niño. Al llegar Alexandre cargó al pequeño con cuidado y lo llevaron a emergencias. Aiden ingresó sin problemas y lo atendieron de inmediato, mientras el mayor y la subdirectora esperaban en la sala. Alexandre se encontraba nervioso, un comportamiento raro en él que alteró a la profesora. ‹Tú eres mío, si veo que quieres o te importa otra persona, la haré sufrir› ― Debo irme – Alexandre miró a la profesora – recogeré mi mochila y la de Aiden ― ¿Seguro que no quieres asegurarte que está bien? Parecías preocupado – el mayor negó – ― Lo veré en clases, no hay tanto problema con eso – sin esperar respuesta, el mayor se marchó – ‹ ¡Esto es tu culpa! ¡Si no te hubieras ido nada de esto hubiera pasado! › Alexandre salió molesto de aquel lugar, no solo por el estado del chico sino porque no había logrado mantenerse al margen de la situación como era conveniente. Vio un bote de basura y lo tiró al suelo, lo empujó con fuerza tratando de controlar la ira que se estaba apoderando de él. ‹Te quiero solo para mí, ¿lo entiendes? › El mayor caminó sin rumbo durante unas horas, aún faltaba tiempo para su trabajo así que trató de distraer su mente. No obstante, cada vez se le hacía más difícil, suspiró pesadamente y sacó uno de sus cigarros. “Desearía que te fueras tan rápido como el humo de este cigarro…” Escena Extra: Alexandre estaba peleando contra Dylan, el mejor amigo de Héctor, era un enfrentamiento 1 a 1. El ganador podría pedir lo que deseara del otro y al mayor eso le agradaba, golpeaba al menor con fuerza casi dejándolo inmóvil en el piso. El menor había aprendido a pelear durante ya 2 meses, pero aún no era lo suficientemente bueno para enfrentarse a un chico que llevaba años de entrenamiento. Alexandre cayó al suelo con el labio partido, el ojo morado y la cabeza sangrando. ― Por favor, ayúdame, ya no puedo – suplicó el menor mirando a Héctor, el cual lo miraba con desaprobación – ― No ha servido de nada el entrenamiento – musitó el mayor – no mereces vivir si no puedes aprender del mejor de la pandilla ― Pero… ― ¡Silencio! – gritó Dylan – ¡No te distraigas mientras peleas conmigo! El mayor le dio una patada en el estómago y otra en la boca sacándole un diente. Alexandre lloraba en el suelo mientras trataba de protegerse de los golpes que aquel chico le daba. Entonces sonó la campanilla salvando al menor de morir en aquel desafortunado encuentro. ― Y el ganador es… ¡Dylan! Se escucharon algunos silbidos y aplausos de parte de sus compañeros mientras Alexandre trataba de levantarse del suelo. Héctor se acercó a él, furioso, lo levantó de golpe y sin aviso le dio una cachetada dejando a todos sorprendidos. ― Estás aquí para aprender a pelear, no para llorar como niña ― Yo-yo traté, pero… ― ¡No me interesan tus peros! – gritó en el rostro del menor – ― Vamos, hombre, relájate un poco – Dylan colocó su mano en el hombro de su amigo – Es su primer encuentro y con un experto como yo – sonrió – ¿Qué esperabas? ― Que se pudiera defender – suspiró – ― Dale tiempo y lo logrará – sonrió – pero ahora deben pagar ― Vale, y – Héctor miró a su mejor amigo – ¿Qué quieres? Dylan pasó la mirada por el cuerpo del menor, a pesar de estar lastimado, el pequeño era atractivo y con una cara de ángel que lo hacía ver inocente. ― A él ― ¿Qué? – preguntó fastidiado su mejor amigo – ― Vamos, Héctor, no te hagas el desentendido conmigo que nos conocemos – miró al pequeño – sé por qué trajiste a este niño al grupo y no es solo por un acto de caridad ― Es mío, Dylan – la tensión entre ambos amigos se hizo presente – ― Te equivocas, Héctor – sonrió – ahora es de todos ― Dylan… – el rostro molesto del mayor alteró a su amigo – ― Relájate, tú lo trajiste – suspiró – así que es más tuyo, pero los demás podemos disfrutar “Y con esas palabras fuiste tan imbécil que me prestaste a los demás”
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD