Capítulo 5

1733 Words
Al día siguiente Aiden entró a clases con tranquilidad y apenas vio a Alexandre se trató de acercar a él. Sin embargo, Esteban le cerró el pase dejándolo sorprendido por la abrupta intervención. Aquel chico no estaba feliz y sin aviso tomó al menor del cuello de la camisa y lo tiró al suelo con fuerza provocando un ruido estridente que alertó a todo el salón. ― ¡Eres un hijo de puta! – el menor no entendía que había ocurrido – ¡¿Cómo mierda te libraste del castigo?! ― Yo no… ― ¡Cállate! – gritó dándole una cachetada – Alexandre miró molesto la escena, no comprendía por qué en esta ocasión Esteban estaba tan enojado. Aquel chico lo volvió a levantar de la camisa y sacó al menor del salón dejando a todos sorprendido. El mayor siguió a los chicos hasta el pasillo donde el menor trataba de librarse de su agarre. ― Me las vas a pagar, maldito imbécil – Aiden estaba muy asustado, no comprendía por qué estaba tan molesto – Esteban acercó al menor a la escalera dispuesto a tirarlo, sin embargo, una mano lo sostuvo de la camisa jalándolo hacía atrás alejando a ambos chicos de las escaleras. Aquellos ojos azules penetrantes se estaban encontrando con los ámbares del menor, Esteban se levantó furioso a enfrentarse a él. No obstante, todos los presentes estaban sorprendidos por la intervención. No era algo normal, Alexandre estaba impasible, lo que fastidiaba más a Esteban. ― ¿De qué coño vas? – preguntó empujándolo, pero no logró moverlo ni un poco – ― Aiden – la voz fría del mayor hizo que el menor lo mirara – levántate, nos vamos – él asintió y corrió hacia él – Ambos caminaron unos segundos hasta que Alexandre retrocedió haciendo que el menor girara. Esteban había intentado detenerlos y el mayor lo había detenido dándole un golpe en el estómago que lo hizo caer al suelo de golpe. ― ¿A-así van-van a ser las cosas desde ahora? – preguntó Esteban haciendo que el mayor lo mirara – ― Si te vuelves a comportar como imbécil, sí – Esteban rio – ― ¿Acaso es tu amigo? ― Yo no tengo amigos, – respondió con brusquedad – simplemente no me parece justo que lo lances por las escaleras. – su mirada se dirigió a los demás compañeros – Tampoco que sean tan morbosos como para ver como un chico podría morir por alguna estupidez. Luego continuó su camino con Aiden, el menor se había sentido mal al escuchar que no lo consideraba su amigo. Sin embargo, agradecía la ayuda, era la única persona que se había atrevido a ayudarlo, a pesar de no considerarlo cercano a él. Los siguientes días Esteban y sus amigos continuaron fastidiando al menor, pero como siempre para impedir que el mayor interviniera. Alexandre y Aiden no se hablaban más que para lo extremadamente necesario, aunque el mayor siempre le dejaba una galleta en su escritorio para su recreo y el menor siempre sonreía. Aiden sabía que, aunque no estuvieran como en las últimas semanas, ambos se tenían algo de cariño. Por lo menos, era consciente de que él sí seguía teniendo cariño por él. El jueves la última clase era de educación física, todos estaban practicando boleos para después del entrenamiento jugar un partido de vóley. El profesor había optado por dividir el salón en dos grupos: mujeres y hombres, esto con la finalidad de que ningún alumno terminara lastimado. La clase iba sin problemas, hasta que el profesor se alejó del lugar para hablar con la directora. Ella lo había ido a buscar al área de deportes, así que no se había alejado tanto de los alumnos. Sin embargo, Esteban aprovechó esta pequeña oportunidad para continuar con su rutina de joda con el menor. Aiden estaba en la esquina apartado lo suficiente para que nadie lo fastidiara, mientras Alexandre observaba el comportamiento de sus compañeros. Esteban habló entre señas con sus amigos y entre todos empezaron a lanzarle las pelotas al menor, este cayó al suelo y trató de cubrirse la cara con sus brazos, pero no emitía ningún sonido. Alexandre miró la escena, fastidiado, el menor estaba indefenso, era consciente de que no era un ataque justo. ‹Aprendes a pelear para defenderte y a las personas que te importan, ten eso siempre en mente, hijo. › Alexandre apretó la pelota con fuerza y la lanzó directo a la cara de Esteban haciéndolo caer al suelo y provocando el sangrado de su nariz. El profesor observó aquel ataque desconcertado y se acercó a la escena. ― ¡Alexandre! ¿Por qué golpeas a tu compañero? ― Debería mirar a Aiden antes de regañarme – el profesor desvió la vista al menor – Aiden seguía cubriendo su cabeza y su rostro con sus brazos y piernas, alrededor de él había muchas pelotas. El profesor miró a los chicos y todos estaban sin sus pelotas, solo Esteban tenía dos, una que le había lanzado Alexandre y la otra suya. ― ¿Por qué Aiden tiene sus pelotas? ― Se nos resbalaron profesor – contestó de manera apresurada Félix – ― A mí también se me resbaló, profesor – contestó Alexandre - ¿No, Esteban? – Esteban lo miró con odio – ― Esteban, ve a la enfermería y luego vas con la directora – Esteban asintió fastidiado – los demás siéntense, vamos a hablar – miró a Alexandre – lleva a Aiden a los vestidores y váyanse a casa, por hoy terminaron la clase – el mayor asintió y se acercó al menor – Alexandre tomó el brazo del menor y lo pasó por sus hombros, así ambos lograron alejarse de aquel lugar. Aiden sostenía su estómago adolorido mientras el mayor lo llevaba a los vestidores. ― Gracias – murmuró el menor – siempre me ayudas ― Es que siempre estás en problemas – sonrió – niño problema ― Para no considerarme un amigo – susurró – me ayudas mucho – su voz cada vez era más baja – a pesar de ser solo un problema ― No dije que te considerara un problema ― No te preocupes – sonrió el menor – igual, gracias Ambos chicos llegaron a los vestidores y el menor se soltó del mayor tratando de avanzar a los casilleros por sus cosas. Alexandre miró su lento andar volteando los ojos. ― ¿Qué te pasa? ― Nada, solo tengo un poco de dolor – Alexandre lo tomó del brazo y con delicadeza lo hizo girar – ― No – aquellos ojos azules se centraron en los del menor – me refiero a conmigo, ¿qué te pasa conmigo? Aiden sintió como su corazón aumentaba su ritmo, su pulso se aceleraba y quería apartar la mirada, pero aquellos ojos parecían tenerlo cautivado. Sintió como sus mejillas se empezaban a calentar y se empezaba a sonrojar, respiró hondo y contestó. ― Pensé que me considerabas un amigo – susurró – pero sé que no – sonrió – aunque yo si te considero uno ― No tengo amigos – lo soltó y se apartó un poco de él – así que no deberías considerarme uno ― Siempre he estado solo – comentó desviando la mirada – pero eres la primera persona que me ha ayudado en esta situación – sonrió – por eso no puedo dejar de considerarte uno. ― ¿Y si dejo de ayudarte? ¿Me seguirás considerando un amigo? – asintió – ― No dejaré de considerarte mi amigo ― ¿Por qué? – preguntó con un tono de fastidio – ― Porque te has comportado mejor conmigo que cualquier otra persona en este mundo – sonrió – nunca podré dejar de considerarte uno ― ¿Y sí te golpeo? – se acercó con mirada amenazante a él – ¿Seguirías considerándome uno? – Aiden suspiró – ― Todos me golpean, ¿qué sería lo nuevo? – Alexandre suspiró frustrado – ― Termina de alistarte y vete rápido, seguro en un rato vienen los idiotas Alexandre tomó sus cosas y salió dando un golpe a la puerta. Se sentía frustrado y furioso. Pateó unos basureros que estaban cerca al colegio, luego sacó la cajetilla de cigarros y fumó algunos hasta llegar a su trabajo. “No puedo tener amigos y este niño problemas ahora me considera uno. Debo alejarme, antes de que sea demasiado tarde, no quiero volver a arrepentirme.” Escena Extra: Alexandre lleva 1 mes entrenando con el grupo de Héctor, hasta ese momento no sabía qué clase de amigos tenía aquel chico, sin embargo, su padre no estaba muy contento con lo que estaba haciendo. ― Papá, solo estoy aprendiendo a defenderme – protestó el menor – ― ¿Sabes quiénes son esos chicos con los que te juntas? ― ¡Eso que importa! – espetó molesto – ― ¡Alexandre! ¡Esos chicos te están utilizando! – el rostro de preocupación de su padre alarmó al menor – ¡Quieren que te unas a su pandilla! ¿Qué harás si te ordenan hacerlo? ― ¿Habría algo de malo si acepto unirme? ¡Ellos son respetados, nadie los fastidia! ― ¡Te equivocas! – gritó esta vez furioso su padre – ― Ellos no son respetados, les tienen miedo por las barbaridades que hacen. – tomó a su hijo de los brazos sacudiéndolo - Aprendes a pelear para defenderte y a las personas que te importan, ten eso siempre en mente, hijo. – suspiró – No permitas que cambien tus ideales o serás tan basura como ellos. ― Yo solo quiero que ya no me golpeen – contestó el menor con los ojos llorosos – ― Te harás fuerte – dijo su padre abrazándolo – y no permitirás que nadie más te lastime, pero no aceptes que ese grupo se vuelva tu familia – miró a su hijo – si ingresas a eso, hijo, es muy poco probable que logres salir. ― ¿Cómo puedo evitar ser como ellos, padre? ― Mientras nos tengas a nosotros, mientras tengas corazón, – su padre le secó las lágrimas – mientras haya alguien en este mundo que te importe lo suficiente para protegerlo – sonrió – podrás alejarte de aquel lugar tan oscuro y decadente. “Pero ahora no tengo a nadie, padre, ya no hay nadie en mi vida”
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