Capítulo 4

1953 Words
Durante la segunda semana todo estuvo tranquilo, hasta el viernes. Ese día era la entrega final de la primera parte del trabajo, Esteban y sus amigos estaban esperando ansiosos al menor en la puerta del salón a la entrada a clases. Alexandre ya estaba en su lugar como siempre, sin embargo, levantó la mirada esperando a ver qué ocurría esta vez con el pequeño. Aiden entró unos minutos después encontrándose de golpe con aquellos chicos, no obstante, en esta ocasión decidió tomar una postura diferente a la de otras veces. ― ¿Qué pasa Aiden? ¿Ya no sabes cómo saludar? – el menor lo miró sin interés y avanzó hasta su asiento – ¿A dónde crees que vas? – Esteban lo tomó de la muñeca y el menor trató de ocultar su miedo – ― Déjame, quiero sentarme – Esteban rio – ― Tu no irás a ningún lado, menos si no te lo permito ― No te tengo miedo – respondió dejando sorprendido a todos sus compañeros – ― ¿Qué? – bufó – ¿No me tienes miedo? – Esteban se acercó más a él acortando su distancia y Aiden retrocedió – Que mentiroso eres, nenita – rio – hoy nos vamos a divertir más que otras veces, gracias a tu estúpido comentario – sonrió – Alexandre suspiró pesadamente, era claro que el niño trató de fingir que era fuerte como le aconsejó, pero no se le hacía fácil. “No aguantó ni un minuto fingiendo no tener miedo” El mayor iba a levantarse de su asiento, pero uno de los amigos de Esteban se acercó a él con rapidez. ― La profe ya viene – Esteban suspiró – ― Nos vemos en el recreo – acercó su rostro al menor y susurró – nenita Aiden caminó asustado hasta su sitio, mientras sus victimarios se sentaban entre risas. Alexandre observó cuidadosamente al chico, su rostro estaba pálido y permanecía en silencio. El mayor tocó el hombro del menor llamando su atención, pero este no reaccionaba. La profesora comenzó su clase con normalidad, mientras Alexandre seguía intentando que Aiden reaccione. Su frustración aumentó cuando los minutos seguían pasando y él seguía impasible alterando al mayor. El pelirrojo se levantó de golpe ante la mirada de todos y tomó del brazo al menor para sacarlo del salón. Caminaron hasta el baño y Alexandre cerró la puerta con seguro para ayudar al chico. Aiden seguía estático mientras el mayor trataba de despertarlo del estado de shock en el que se encontraba. “Mierda, niño, ¡reacciona!” Alexandre golpeo el lavamanos tratando de pensar en algo, pero nada se le ocurría. Hasta que recordó un comentario de aquel mismo chico. ‹A veces me asusto mucho y no reaccionó – sonrió – cuando ocurre suelo abrazar mi almohada – miró a Alexandre – por suerte no me ha pasado nunca estando fuera de casa› ― ¡Idiota! – gritó mirándolo – ¡Ahora ya te pasó fuera de casa! ¿Qué se supone que debo hacer? – suspiró – Alexandre miró al chico que seguía en el mismo estado y suspiró frustrado. “¿De verdad me estoy planteando abrazarlo?” El pelirrojo cerró los ojos tratando de calmar su mente, por alguna razón el imaginarse tan cerca a este chico le provocaba un extraño sentimiento en el estómago. Respiró hondo y se acercó al menor, lo abrazó aún con los ojos cerrados esperando que funcione. Unos segundos después sintió como aquel chico le correspondía el abrazo con fuerza. Abrió los ojos y se apartó para mirar al chico, este estaba anonadado, sin embargo, una pequeña sonrisa tierna apareció en sus labios al ver al pelirrojo. Aiden aún estaba confundido por lo ocurrido, lo único que recordaba era estar en el salón sentado esperando a la profesora después de lo ocurrido con Esteban. Alexandre se alejó de él para darle espacio mientras el menor trataba de entender que había sucedido. ― ¿Qué ocurrió? – preguntó el menor – ― Lo que pasó con Esteban te asustó mucho – suspiró – te quedaste en una especie de estado de shock ― ¿Por eso me trajiste aquí? ― No hablabas, era raro – suspiró – estoy acostumbrado a escucharte llorar después de ese tipo de enfrentamiento ― No soy tan llorón – volteó los ojos y Alexandre sonrió – ― Eres chillón – Aiden lo miró molesto y el mayor rio – ― Mejor vamos a clase – Aiden avanzó y Alexandre lo siguió – ― ¿El bebé se molestó? – el pelirrubio se cruzó de brazos, fastidiado – owww, pobre bebé – rio el mayor – ― Te odio Alexandre continuó fastidiándolo hasta llegar al salón. Apenas la profesora los vio, su mirada se oscureció por el enojo. ― Entren y siéntense – suspiró acomodándose sus gafas – después de la clase quiero hablar con ustedes – ambos chicos asintieron – La clase retomó su camino sin problemas, a lo que terminó la profesora llamó a ambos chicos y los llevó a la sala de profesores. Aiden estaba nervioso, odiaba que los profesores lo llamen, sin embargo, Alexandre estaba en su postura relajada de siempre, como si no le importara nada. ― ¿Me quieren explicar que sucedió? – preguntó la profesora mientras dejaba sus cosas en la mesa – ― Pues… ― Aiden estaba en estado de shock – contestó Alexandre cortando al menor – por eso me lo llevé, tenía que volver a sí mismo para que prestara atención a la clase ― ¿Eso es cierto, Aiden? – el menor asintió – Bueno – suspiró – pero quiero que durante el recreo terminen de tomar los apuntes – miró a Alexandre – que las fotos que tomaste sirvan para eso – miró a Aiden – además me lo tendrán que presentar a lo que terminen sus clases ― Pero… – Alexandre protestó – ― No se preocupe, profesora – respondió el menor llamando la atención del mayor – lo traeremos apenas terminen las clases – ambos chicos se retiraron – ― ¿En serio piensas terminar de tomar los apuntes durante el recreo? – Aiden asintió – ¿Por qué? ― No quiero que llamen a mi padre por esto – la mirada del menor estaba en el suelo – ― Tu padre podrá comprender la situación – Aiden negó – ― Él no comprende nada – apretó su puño con fuerza – Alexandre miró al menor todo el camino de regreso, algo había cambiado en él desde que mencionó a su padre. Estaba más frío y serio que de costumbre, usualmente era un pequeño asustadizo y sonriente, sin embargo, su comportamiento tan extraño causaba cierta incertidumbre en el mayor. La siguiente clase continuó su ritmo natural, Aiden estaba más tranquilo así que el mayor adoptó su clásica posición en la carpeta. Al término de esta, ambos chicos hicieron lo que su profesora les había indicado. Todos los alumnos se habían retirado del salón, por orden del profesor, sin embargo, sus agresores volvieron unos minutos después. ― Miren, chicos – la voz de Esteban hizo levantar la vista al menor – este idiota prefirió que lo castiguen a permitirnos divertirnos ― Pero, podemos aprovechar – comentó Félix – Alexandre estaba escribiendo con la cabeza en los brazos, sin embargo, al escuchar los comentarios decidió levantar la vista. Félix le quitó el cuaderno a Aiden y este trató de recuperarlo, no obstante, Esteban lo empujó impidiendo que se acerque. ― ¿Ahora que harás, nenita? – Félix rompió todas las hojas del menor – ― ¡Por favor, tengo que entregarlo! – Esteban rio – ― Dudo que eso sea posible – Esteban tiró las hojas rotas en la carpeta del menor y su cuaderno en el suelo – Vámonos – ambos chicos se fueron entre risas – Alexandre suspiró harto de la situación, se levantó y ayudó al menor a recoger sus hojas mientras veía como este trataba de aguantar las lágrimas. “Es solo un cuaderno, ¿por qué se pone tan mal? Puede comprar otro” Aiden caminó hasta el basurero con las hojas que había recogido y, ante la mirada del mayor, botó aquel cuaderno. Regresó a su carpeta con lágrimas en los ojos y se tiró en su carpeta a llorar con el rostro metido en sus brazos. Alexandre suspiró y continuó con su trabajo sin problemas dejando al pequeño en su propio espacio. Al terminar las clases, Alexandre salió antes que todos y corrió a la oficina de profesores. Al entrar se acercó a la profesora que les había dejado el castigo dejándola sorprendida. ― ¿Alexandre? – el rostro de sorpresa de la profesora molestó al mayor – ¿terminaste? ― No – la respuesta dejó más sorprendida a la maestra – son los apuntes de Aiden ― ¿Y por qué no los trae él? ― Porque le quité su cuaderno. – la profesora no comprendía la situación – Yo no quería hacer el trabajo y él sí lo hizo, – suspiró – le iba a entregar esto como si fuera mío, pero no es cierto. – le entregó el cuaderno – Espero lo comprenda y si tiene que avisarle a mi tía no tengo problema, – la profesora asintió – me debo ir. – sin permitir que la profesora hable, se marchó – Unos minutos después, Aiden se acercó temblando a la sala para encontrarse con la profesora. Cuando ella lo vio le sonrió y le entregó el cuaderno dejando atónito al menor. ― ¿Qué es esto, profesora? ― Tu cuaderno, Aiden, te lo estoy devolviendo ― Pero yo no… ― Alexandre lo trajo explicándome lo que sucedió con el suyo – sonrió – eres un chico muy responsable y bueno con tus compañeros Aiden, pero no podías aceptar un castigo por él ― Pero yo… ― Aiden, por favor, ya ve a casa – volvió a sonreír – tengo una reunión, te veo mañana – la profesora tomó sus cosas y salió del salón dejando más confundido al menor – Aiden abrió el cuaderno y lo revisó encontrando los apuntes de la clase de hoy. En la última hoja encontró una nota y sonrió. A mí no me importa que me castiguen, pero parece a ti te afecta mucho. Mañana entrégame el cuaderno, deja de llorar, niño problemas. Escena Extra: ― Alexandre – lo llamó Aiden – ― ¿Qué? ― ¿Alguna vez has sentido miedo? – el mayor lo miró confundido – ― ¿A qué viene la pregunta? – el menor sonrió – ― Te ves cómo alguien muy fuerte y valiente, por eso tenía duda – lo miró – me gustaría ser como tú ― Si fueras como yo, no serías tú ― No tiene nada de bueno ser yo – Aiden desvió la mirada – ― ¿Y qué te hace creer que tiene algo de bueno ser yo? ― ¡No te asustas! – exclamó feliz el menor – Eso es muy bueno, nadie se aprovecha de ti Alexandre se quedó en silencio escuchando aquellas palabras, sabía que su situación no era tan buena como la pintaba aquel niño. Suspiró pesadamente recordando los golpes que Héctor le daba y las órdenes que tenía que seguir. ― Fingir que eres fuerte también ayuda a que te vean así – susurró el mayor – ― Yo no puedo fingir – contestó el menor – A veces me asusto mucho y no reaccionó – sonrió – cuando ocurre suelo abrazar mi almohada – miró a Alexandre – por suerte no me ha pasado nunca estando fuera de casa
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