Capítulo 3

2211 Words
La clase de redacción empezó temprano, cuando los chicos entraron al salón la profesora ya se encontraba esperándolos, lo que evitó que Esteban fastidie a Aiden. Alexandre estaba acostado en su carpeta como siempre mientras la profesora explicaba la clase, ya los demás profesores se habían acostumbrado a ese comportamiento del nuevo.  Ya habían pasado 3 semanas desde el primer día, sin embargo, Alexandre seguía siendo un chico solitario y ninguno de sus compañeros se atrevía a acercarse a él. Cada que alguna de las chicas lo intentaba, él las mandaba a rodar, incluso los chicos habían intentado invitarlo a jugar fútbol o básquet en los recreos, pero a él no le interesaba. ― Bueno chicos, por hoy aquí terminaremos la clase – la profesora apagó el proyector – pero antes de que se retiren, quiero hablar del proyecto final  ― ¿De qué será este semestre, profesora? – preguntó la chica que se sentaba al lado de Alexandre –  ― Una monografía – sonrió – y como es un trabajo un poco extenso será en parejas ― ¿Nosotros elegiremos? – preguntó Esteban mirando a Aiden, esté tembló en su asiento – ― No, en este caso será por orden de carpetas – la profesora observó la confusión en el rostro de sus alumnos – por ejemplo, Marta y Logan, Ethan y Jean, Aiden y Alexandre… – Alexandre levantó la mano – ― ¿Qué ocurre, Alexandre?  ― Preferiría hacer el trabajo solo – Aiden bajó la mirada al escucharlo – ― Imposible – respondió la profesora – es un trabajo pesado y se nos pidió que los alumnos trabajen en dúos. Además – contó a los alumnos – son número par, es perfecto para que trabajen en pares. ― Pero, yo no… – la profesora suspiró – ― Alexandre, si presentas algún problema puedes hablar con la subdirectora – el pelirrojo apretó los dientes – si no, no hay forma de que hagas el trabajo solo La profesora continuó diciendo las parejas y el trabajo mientras algunos alumnos, entre ellos Esteban, se burlaban de Aiden. El menor sabía que esto ocurría por el comentario de Alexandre, suspiró y se acomodó en su carpeta tratando de ignorarlos.  Alexandre escuchaba los comentarios de sus compañeros con fastidio, tomó nota de lo que la profesora explicaba mientras por momentos su mirada se dirigía al menor, lo veía nervioso. Suspiró pesadamente, no tenía tiempo para esta clase de juegos de niños así que decidió calmar al menor para terminar el trabajo a tiempo. ― Oye – Alexandre tocó el hombro del menor y este giró – haremos el trabajo durante los recreos – Aiden lo miró con sorpresa – ― Pero creí que… ― Me da igual trabajar contigo o con la pared – suspiró – mi problema es que no tengo tiempo en las tardes ― No hay problema – el menor sonrió tímidamente – podemos trabajar en los recreos… – lo pensó unos segundos – la biblioteca está libre a esa hora  ― En la azotea – respondió tajante el mayor – en la biblioteca no podemos hablar – el menor asintió – Aiden se había sentido humillado después de las palabras de Alexandre, sin embargo, el hecho de saber el verdadero motivo lo hacía sentirse más tranquilo. Alexandre era el único de sus compañeros que no lo trataba mal ni lo ignoraba, dentro de su carácter frío y distante nunca lo humilló como sus demás compañeros. A la hora del recreo, Aiden tomó sus cosas y se levantó con rapidez para salir corriendo. Sin embargo, Alexandre lo detuvo del brazo provocando que el menor gire asustado. ― ¿A dónde vas? Tenemos que avanzar el trabajo ― Es... es que… – su miedo era latente – Esteban… ― Olvídalo – suspiró – ¿Tienes tu laptop? – el menor asintió –  ― La guardé en el casillero ― De acuerdo, vamos a tu casillero por ella y luego a la azotea Ambos chicos salieron del salón sin problema, el menor sacó su laptop y con cuidado la guardó en su mochila. Alexandre estaba con su clásica postura, espalda encorvada y manos en los bolsillos, esperando al pelirrubio cuando vio como Esteban y 3 amigos más se acercaban a ellos. ― Alexandre – Esteban lo llamó – ― ¿Qué? – preguntó él sin interés – ― ¿Por qué no vas avanzando? Aiden se va a demorar un poco – sonrió de manera siniestra haciendo temblar al menor – ― No será posible, es mucho trabajo – suspiró – debemos empezar pronto ― Alexandre, por favor – Félix sonrió – después te diviertes tú con él, déjanoslo un rato ― Alexandre… – el mayor lo interrumpió – ― Aiden – el menor abrió los ojos, sorprendido, era la primera vez que lo llamaba por su nombre – sube, en un momento voy ― Pero… ― Si no subes ahora, te dejo con estos idiotas – Aiden asintió y corrió escaleras arriba – ― ¿De qué mierda vas tú, chico? – espetó Esteban furioso – ― Escuchen, porque solo lo diré una vez – suspiró – quiero terminar mi trabajo y en el menor tiempo posible, lo que significa que ustedes no molestarán a Aiden en un tiempo ― Alexandre – Esteban sonrió – ¿en serio crees que eso será posible? ― Esteban – Alexandre se acercó al chico haciéndolo retroceder – no creo que te atrevas a enfrentarme – su postura había cambiado de una relajada a una amenazante – ― ¿Tú crees que nos ganarás? – sonrió arrogante – Somos más que tú – la sonrisa burlona de Félix molestó al mayor –  Alexandre se acercó a él y en un rápido movimiento tomó su brazo y lo dobló en su espalda, dejando sorprendido a todos los chicos. Empujó a Félix contra otro de los chicos, luego se acercó a Esteban hasta estar a centímetros, el rostro del chico estaba pálido.  ― No soy Aiden, entiendes – Esteban lo miró con los ojos como platos – sé pelear mejor de lo que ustedes creen. – suspiró – Además, como sigan jodiéndome el siguiente no será un golpe tan suave. – el mayor se dio la vuelta para retomar su camino – ― Espera – Esteban llamó al pelirrojo – ¿Cuánto tenemos que esperar?  ― Por ahora, 2 semanas – los ojos azules penetrantes del chico se encontraron con los del líder del salón haciéndolo sentir incómodo –  El pelirrojo continuó su camino escuchando la conversación que tenía el jefe de ese grupo con sus amigos, sonrió arrogante al darse cuenta que había logrado intimidarlos. Al llegar a la azotea, el menor estaba sentado con la laptop en sus piernas, pero al verlo, se levantó y se acercó a él preocupado. ― ¿No te hicieron nada? ― No – a pesar de las palabras del mayor, Aiden lo revisó con la vista – “¿En serio está preocupado por qué me hayan golpeado?” ― Niño, debemos empezar, el recreo terminará – el menor asintió y se sentaron juntos – ― De acuerdo, empecemos  Desde los primeros días del trabajo para ambos fue fácil entenderse, lo que los sorprendió mucho, pero les permitió avanzar sin problema. Para el viernes de la primera semana ya tenían gran parte del trabajo avanzado, por lo que pudieron descansar un poco. ― Alexandre – el pelirrojo lo miró – ¿puedo poner música? ― ¿Qué tipo? ― Pop – el mayor lo pensó unos segundos y asintió – El menor colocó la música de Shawn Méndez ante la mirada de sorpresa del mayor, pero este se quedó mirando como aquel niño tímido y callado estaba sonriendo y cantando la canción. Continuaron con su trabajo hasta que se escuchó el ruido de un estómago con hambre, Alexandre miró a Aiden arqueando una ceja y este desvió la mirada. ― ¿Por qué no vas a comer? ― No tengo hambre ― Entonces deberías decírselo a tu estómago, porque parece que él sí tiene ― No, no te preocupes – sus manos nerviosas encima del teclado llamaron la atención del mayor – ― Oye, niño problema – tomó su muñeca deteniendo su tecleado – para y ve a comer  ― N-no… yo… ― Aiden – su voz gruesa y firme había vuelto haciendo al menor detenerse – ¿qué mierda te pasa? ― N-nada, so-solo no tengo ha-hambre  ― Nadie se pone a la defensiva solo por no tener hambre – lo soltó y esté cerró su laptop evitando la mirada del mayor – ¿me vas a responder? ― Es… es que – Aiden jugaba con sus manos – no tengo dinero – susurró – ― ¿Por eso te pones así? – asintió – No lo entiendo ― So-solo olvídalo – el mayor suspiró – ― Espera… – buscó en su mochila y sacó una galleta – come esto – Aiden abrió los ojos de la sorpresa – ¿Qué ocurre? ― Es… es tuyo – Alexandre asintió –  ― Pero no tengo hambre, – suspiró – aparte, por lo menos te calmará el hambre hasta que llegues a tu casa – el menor asintió tomando la galleta – Alexandre observó como aquel niño comía la galleta, de verdad parecía que llevaba un tiempo sin comer. Cuando terminó la felicidad en su rostro era sorprendente, estaba tan sonriente y radiante que parecía haberse ganado la lotería solo por comer aquella cosa.  Inconscientemente, el mayor sonrió durante unos segundos. Desde ese pequeño momento, las cosas entre ellos cambiaron, no podían decir que eran los mejores amigos, pero por lo menos hablaban sin problema y sin tabús.  Después de clases, Alexandre decidió tomar una ruta distinta para llegar a su trabajo. Ahora que se hablaba con alguien de su salón debía evitar ser captado por Héctor con esa persona.  Caminó hasta su trabajo con un cigarro tratando de calmar sus nervios, cuando en un callejón a unas cuadras de este un hombre lo jaló estrellándolo contra la pared. Héctor pisó el cigarro del menor y se plantó delante de él con una mirada aterradora. ― ¿Qué quieres? – preguntó el menor tratando de ocultar su temor – ― ¿Por qué coño me has estado evadiendo? ― ¿No es obvio? – sonrió – Porque no me da la puta gana de verte ― ¡Hijo de puta! – gritó y le dio una cachetada al menor –  Alexandre se sostuvo el rostro apretando los dientes con fuerza, odiaba a Héctor, pero no sabía cómo hacerle frente.  ― ¡Déjame de una puta vez en paz! – gritó en respuesta el menor – ― ¡Eres mío! ¿¡Aún no te queda claro!?  Sin esperar respuesta del menor tomó sus mejillas con fuerza y lo obligó a besarlo. Su lengua lamía sus labios y aunque Alexandre trataba de apartarlo sus fuerzas estaban cediendo a aquel chico que antes había sido su todo. Héctor metió su mano por debajo de la camisa del menor sobando su piel y en ese momento el menor reaccionó. El pelirrojo mordió el labio del mayor con fuerza haciéndolo sangrar y, cuando este se apartó, lo empujó logrando escapar de aquel atraque. Corrió hasta su trabajo y nada más llegar fue al baño a lavarse. Su respiración estaba agitada y su corazón latía a una velocidad impresionante por la adrenalina. ― ¿Te lo volviste a encontrar? – Alexandre levantó la vista encontrándose con aquellos ojos azules que siempre le transmitían paz – ― ¿Cómo me encontraste? – aquel chico sonrió – ― Casualidades de la vida supongo – el mayor se giró a mirarlo – ― ¿Cómo me encontraste?  ― Tu tía me llamó – el mayor suspiró – preguntó si tenía cupo en el otro colegio o todavía necesitaba ayuda para entrar  ― ¿Vamos a asistir al mismo colegio? – negó con una sonrisa – ― Estoy estudiando en otro lado – se acercó a su amigo – pero sé que también llamó a Alton ― ¿Qué? – lo miró – ― Supongo que quería que volviéramos a estar los 3 juntos ― Eso es peligroso  ― Héctor no se nos acercaría – suspiró – además aprendimos los 3 a defendernos  ― Kev, es mejor que te vayas – indicó tajante Alexandre – ― Lo haré – suspiró – pero no dudes en buscarnos si la cosa se pone peor. – tomó el rostro de su amigo y apretó el puño – No permitas que esto sobrepase, en su momento Alton y yo aceptamos que te protejas solo, pero si las cosas siguen sin resultar nos entrometeremos. ― Kevin, es mi lucha – apartó la mano de su amigo – te buscaré, lo prometo ― Te estaré esperando – Kevin le dio un apretón en el hombro – cierto, esto te servirá – dejó a su lado una bolsa – cúrate eso antes de salir y sigue fingiendo que eres el tipo más duro del barrio  ― Idiota – ambos rieron – ― Cuídate, Alex, te estaré esperando – luego Kevin se marchó –
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