Capítulo 2

2447 Words
Alexandre despertó con la alarma, sus ojos se seguían sintiendo pesados, sin embargo, debía ir a clases. Giró en su cama para abrazar su almohada unos segundos antes de bañarse, cuando lo observó y todo volvió a su cabeza como un recuerdo fugaz. ― Héctor, despierta – comentó mientras se vestía con su pijama – ¡Héctor! – gritó moviéndolo – ― Una hora más, princesita – aquel chico se dio la vuelta fastidiando al menor – ― ¡Héctor, mierda, levántate! – Héctor giró mirando a Alexandre despreocupado – ― ¿Qué te pasa? – su voz ronca de recién levantado provocó cierto cosquilleo en el menor que trató de evitar – Pensé que ya todo estaba arreglado ― Que nos hallamos acostado no significa que hayamos vuelto – contestó el menor con brusquedad – fue un error y no volverá a suceder, así que lárgate de mi casa ahora – lanzó la ropa del mayor a sus pies – ― Sí hemos vuelto – Héctor se levantó y se acercó al menor como si fuera su presa – así que trátame bonito – tomó de la mano al menor y lo tiró a la cama – voy a castigarte – se colocó encima de él – así como te gusta ― Ni en tus mejores sueños – Alexandre empujó a Héctor tirándolo a un lado – ¡Ahora lárgate de mi casa o llamo a la policía! ― ¡Ni se te ocurra! – en un rápido movimiento empujó al menor contra la pared haciendo que este rebote – ¡Sabes muy bien lo que pasará si te atreves a hacerlo! – sujetó las muñecas del menor pegándolo más a la pared – ― ¡No te tengo miedo! – gritó Alexandre – ― ¡Deberías! – gritó Héctor en el rostro del menor – ― ¡Golpéame si quieres, pero quiero que te largues! ― ¡No me iré! – gritó el mayor – Alexandre se armó de valor y le dio un golpe con la rodilla en la entrepierna al chico, este se alejó de él sujetando su parte íntima, mientras el menor aprovechó a recoger la ropa del mayor y caminó hasta la puerta principal. ― ¡¿Qué mierda haces, Alexandre?! ¡Es mi ropa! – Héctor trató de alcanzarlo, pero solo llegó a levantar su ropa cuando estuvo fuera de la casa – Alexandre aprovechó el momento para cerrar la puerta con fuerza y asegurarse que sea imposible que logre abrirla. Héctor golpeó la puerta con fuerza exigiendo que la abra, sin embargo, el menor no quiso hacerlo. ― ¡No es la primera ni última vez que me verás, Alexandre! – exclamó Héctor dando un último golpe a la puerta y luego se marchó – Alexandre suspiró pesadamente tratando de mantener la calma, hace muchos años había dejado a Héctor, sin embargo, cada vez que él volvía le parecía imposible alejarse. Era un logro haberlo sacado sin terminar lastimado, sin embargo, su corazón se sentía dañado, verlo había devuelto sus recuerdos y antiguas emociones. Después de una larga ducha fría, se alistó y salió camino a su colegio, durante todo el trayecto su cabeza volvió a aquellos días donde su relación con Héctor era feliz o por lo menos lo que para él lo era. Se detuvo en el semáforo en rojo en la esquina de la calle, seguía metido en sus pensamientos cuando un chico golpeo su espalda. Giró para gritarle a aquella persona, sin embargo, se detuvo cuando vio quién era. ― Siempre te golpeas conmigo – comentó – Aiden reconoció aquella voz gélida y levantó la vista para encontrarse con los mismos ojos azules penetrantes de su clase. Sus ojos ámbares se abrieron de la sorpresa provocando una sonrisa divertida en el rostro del más alto. ― ¿Ahora no sabes hablar? ― Yo… yo no te sigo – fue lo primero que salió de su boca y Aiden se dio un golpe mental por aquel comentario – digo… ― Eres idiota – aunque el mayor lo había insultado, en su rostro se asomó una pequeña sonrisa – es imposible que me hayas seguido, tendrías que saber dónde está mi casa ― Lo siento – contestó el menor desviando la mirada – Pero no obtuvo respuesta, Alexandre ya había avanzado cuando él se disculpó. Aiden continuó su camino al colegio con la mirada en el suelo como siempre, era su forma de controlar sus nervios, sin embargo, apenas entró al salón hubo un cambio en el ambiente que aumentó sus miedos. ― ¡Bienvenido, nena! – exclamó Esteban plantándose frente a él – Aiden no contestó el saludo, simplemente apretó la cinta de su mochila tratando de ocultar su miedo. ― ¿Qué ocurre princesita? – Esteban se agachó para estar a su altura – ¿Te comieron la lengua los ratones? – el pelirrubio siguió sin contestar molestando más al chico – ¡Te estoy haciendo una pregunta! ¡Tienes que contestar! – gritó en el rostro del menor, pero este solo tembló en su lugar – Alexandre estaba acostado en su mesa cuando escuchó aquel alboroto, levantó la vista encontrándose con aquel chico siendo molestado por el idiota de su salón. Esteban estaba molesto con Aiden por no haber contestado, lo que terminó en este dándole un puñetazo en la cara. Aiden cayó al suelo sosteniendo su rostro asustado ante la mirada de todos los presentes, algunos reían mientras otros simplemente ignoraban la situación. ― ¡Levántate! – gritó Esteban mirando al menor que seguía en el suelo, sin embargo, este no quería, no sabía si era mejor quedarse ahí o recibir otro golpe – ¡Que te levantes dije! – gritó furioso mientras levantaba al menor del cuello de la camisa – ― Esteban, – lo llamó uno de sus amigos – la profesora viene – aquel chico suspiró fastidiado – ― Tienes suerte – Esteban soltó al menor – pero en el recreo no te salvas Aquellos chicos volvieron a sus asientos mientras Aiden recogía las cosas que se habían caído de la mochila. La profesora entró mirando la escena un poco desconcertada. ― Aiden, a tu lugar – el menor asintió y con rapidez se dirigió a su asiento – Nada más llegar se sentó y escondió su cara en la mochila, el miedo y sus nervios habían aumentado provocando que el menor no pudiera aguantar las lágrimas que había tratado de contener minutos antes. Alexandre lo observó unos segundos recordando la primera vez que entró al “nuevo mundo”, unos chicos con más experiencia también se burlaban de él. Sin embargo, Héctor le había dicho algo que era verdad, suspiró pesadamente al recordarlo. ― Si permites que te vean débil seguirán aprovechándose de ti. – susurró dejando sorprendido al menor – La ventaja del fuerte es ver el miedo y el terror que genera en el más débil. Si permites que vean tu debilidad se aprovecharan para destruirte hasta lo más mínimo. ― No soy fuerte. – susurró Aiden en respuesta – No puedo serlo. ― Finge que sí – Alexandre se acomodó en la carpeta – si no puedes, – bufó – estás muerto – volvió a quedarse dormido en su mesa – Aiden repaso mentalmente cada palabra y trató de hacerse a la idea, sin embargo, su ansiedad aumentó minutos antes del recreo. Al toque de la campana salió corriendo mientras Esteban y un amigo suyo lo perseguían. Alexandre salió despreocupado del salón cuando vio como aquel chico tomó de los brazos al menor. El rubio trató desesperadamente de soltarse, no obstante, el agarre era demasiado fuerte para el pequeño. Alexandre se quedó mirando durante unos segundos mientras Esteban golpeaba al menor. En un momento Aiden le dio un cabezazo al amigo del líder dejando sorprendido a todos los que miraban aquel horrendo espectáculo. ― ¡Hijo de puta! – gritó este dándole un golpe en el estómago – ¡Me las vas a pagar maldito imbécil! Aiden estaba atemorizado, sabía que aquellos chicos podían aumentar su crueldad si él lo permitía. Entonces por su cabeza pasaron aquellas palabras de Alexandre, sus ojos se dirigieron hacia él. Alexandre estaba observando aburrido la escena, estaba esperando que aquel chico supiera pelear o mínimo defenderse. Sin embargo, era notorio que apenas y podía dar un buen golpe. El pelirrojo se aburrió y continúo su camino hacia la azotea, ya no podía ver nada que fuera nuevo para él. Aiden le dio una patada a Esteban en la entrepierna y corrió sujetando su estómago, trataba de llegar al pelirrojo. Sin embargo, el chico que acompañaba a Esteban lo detuvo y lo jaló tratando de llevárselo. Aiden logró zafarse de aquel agarre y corrió hasta el mayor, se sostuvo de su brazo provocando que este se gire a mirarlo. El rostro de temor del pequeño y aquel tacto tan extraño en Alexandre hizo que aquel chico se quedara observándolo unos segundos hasta que el amigo de Esteban lo arrastró lejos de él. El tacto de Aiden en el brazo de Alexandre hizo que el mayor se quedara extrañado durante unos segundos. Estaba acostumbrado a un tacto brusco y frío, sin embargo, el del menor había sido suave y delicado. Más que una orden o una obligación era un pedido silencioso de ayuda. ‹‹No soy fuerte. No puedo serlo›› Alexandre recordó aquellas palabras del menor y su mirada se dirigió a él, Aiden estaba en el suelo siendo pateado por Esteban y su amigo. Suspiró pesadamente y se acercó a ellos, la intromisión del mayor generó un silencio absoluto entre todos los alumnos. ― Es mi turno – su voz profunda y gruesa hizo voltear a los chicos – ― ¿Qué? – preguntó Esteban mirándolo incrédulo – ― Que es mi turno – Alexandre se acercó peligrosamente al chico – ¡Largo! Ambos chicos se miraron sorprendidos, pero aceptaron sin problemas y entre risas se retiraron del lugar. Los demás alumnos siguieron a sus compañeros, dejando solos a los chicos. Aiden tosió mientras sujetaba su estómago, el pelirrojo podía observar cómo caían pequeñas lágrimas por sus mejillas mientras él fingía que todo estaba en orden. ― Si vas a golpearme que sea rápido – Aiden apretó con fuerza su mano – no puede ser peor ― No disfruto de golpear a alguien tan inferior – el menor levantó la vista para encontrarse con los ojos del pelirrojo – no estamos al mismo nivel – sonrió de manera burlona – mientras no mejores, tú y yo no pelearemos ― A mí no me gusta pelear – tosió – ― A veces es necesario. – contestó de manera fría – No le digas a nadie que no te golpee, si no créeme – se agachó para susurrar en su oído – lo que te hacen esos idiotas será lo más leve que tendrás en la vida Aiden volvió a levantar la vista para encontrarse con aquel chico, sin embargo, él ya no estaba. Sabía que aquellas palabras habían sido para asustarlo, si no lo hubiera ayudado, quizás si le hubiera dado miedo, pero ahora solo agradecía lo que había hecho sin tener la obligación. Escena Extra: Alexandre estaba acorralado por los chicos de su barrio, su cabeza sangraba y su labio estaba partido. El sabor metálico que tenía en la boca lo hacía querer vomitar, sin embargo, debía mantenerse firme. ― ¡Miren a la rata! – gritó uno – ― ¿Qué ocurre, basurero? – comentó otro riéndose – ¿Ya no están tus compañeros? ¿Por fin se cansaron de ti? ― ¡No metan a mis amigos en esto! – gritó Alexandre y se levantó tratando de golpear a aquel chico, sin embargo, sus pocas fuerzas lo hicieron caer al suelo – ― Jajajaja – rieron los chicos – ahora ni pararte sabes ― ¿Y ustedes que saben ratones de alcantarilla? – preguntó un chico alto de cabello n***o acercándose a dónde se encontraban aquellos chicos – ― ¿Quién eres tú? ― ¿Por qué te entrometes? – Alexandre observaba la escena aún en el suelo adolorido – ― ¿Qué pasó gallitos de corral? – rio – ¿Se sienten intimidados? ― ¡¿Quién carajos eres?! – preguntó exasperado el cabecilla del grupo – ― Soy alguien a quien le molesta las injusticias – contestó agachándose para estar a la altura de aquel chico – ¿4 chicos contra 1? ¿En serio les parece justo? – los 4 amigos se miraron entre ellos – ― ¿Qué? – preguntó otro de los chicos – ― ¿Les parece si me uno? – sonrió – Ahí sí sería parejo ― ¿Por qué no te largas? – preguntó otro – ― Sí, así te ahorras problemas – dijo otro mientras lo empujaba – ― Tomaré esto como una invitación – contestó y luego todo comenzó – Aquel chico de cabellos en punta se enfrentó contra los 4 que habían atacado a Alexandre haciendo que ellos salgan corriendo asustados de aquel lugar. Rio durante varios minutos por el susto que les había dado a los niños y luego miró al pequeño que estaba tratando de levantarse. ― Déjame ayudarte – tomó su brazo y lo levantó con cuidado – ― ¿Qué haces aquí, Héctor? – preguntó fastidiado el menor – ― ¿No es obvio? – preguntó mientras lo sentaba en el muro – Te estoy ayudando ― No necesitaba tu ayuda ― Te hubieran matado a golpes ― Ese no es tu problema ― Alexandre… ― Déjame en paz, Héctor – Alexandre se levantó y trató de caminar, pero sus piernas flaquearon y Héctor tuvo que ayudarlo – ― Te tengo – dijo sosteniéndolo – Solo déjame ayudarte ― ¿Qué vas a querer a cambio? ― Que aceptes salir conmigo – una gran sonrisa apareció en los labios del pelinegro – ― ¿Y si no quiero? ― Entonces permite que te enseñe a pelear. – el menor lo miró sorprendido – No quiero que te sigan golpeando, debes aprender a defenderte. – el menor suspiró – ― Vale, acepto eso Un mes después, cuando Alexandre se recuperó, Héctor lo llevó a un gimnasio dónde algunos de sus “amigos” entrenaban. Nada más entrar el menor se sintió incómodo con tantas miradas encima, era uno de los más pequeños de ahí y no por la estatura si no por la edad. ― ¿Juguete nuevo, Héctor? – preguntó uno de sus compañeros – ― Cierren la boca o les corto la garganta – respondió de manera brusca y todos sus amigos rieron – Solo va a entrenar ― ¿Vas a luchar contra él? – negó – ¿Entonces? ― Quiero que aprenda a ser fuerte. – colocó su mano en el hombro del menor – Que aprenda como todos lo hicimos, – miró al menor – para que nadie te vuelva a lastimar. ― Entonces estás buscando a alguien que pelee contra él – el mayor asintió – ― Pe-pero yo no sé pelear – el rostro de preocupación del menor llenó de ternura al mayor – ― Esa es la idea – contestó el mayor tratando de calmarlo – lo primero que debes aprender es a ser fuerte y no mostrar temor ― ¿Cómo hago eso? ― Arriesgándote a pelear aun sabiendo que perderás ― ¿Por qué haría algo tan absurdo? – Héctor suspiró – ― ¿Sabes por qué esos idiotas te golpean? – negó – Porque demuestras temor – el menor lo miró confundido – Si permites que te vean débil seguirán aprovechándose de ti. – suspiró – La ventaja del fuerte es ver el miedo y el terror que genera en el más débil. Si permites que vean tu debilidad se aprovecharan para destruirte hasta lo más mínimo. ― ¿Y qué pasa si aun así no logro ser fuerte? – Héctor sonrió – ― Finge que sí – el mayor tomó el rostro del menor centrándose en sus ojos – si no puedes, estás muerto – aquellas palabras quedaron grabadas en la mente del menor –
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