Capítulo 1

2612 Words
Alexandre acababa de llegar a la ciudad el sábado por la mañana cuando su tía lo llamó, sin ánimos contestó. ― El lunes a primera hora ve al colegio – dijo con voz demandante – no aceptaré un no como respuesta. Te estaré esperando. – cortó sin escuchar la respuesta – El mayor suspiró pesadamente y se tiró a su cama, aburrido, sus maletas todavía estaban llenas, pero estaba cansado. El viaje había sido de 6 horas, apenas había logrado dormir y ahora su tía quería que él vaya a clases. “Es ridículo tratar de ir si estoy seguro de que no lograré terminar” Al lunes se levantó tarde, se dio una ducha rápida y se alistó dispuesto a seguirle la corriente a su tía. El uniforme lo tenía harto, odiaba vestirse tan formal, sin embargo, si no iba su tía se molestaría y no era la mejor alternativa. Aunque quisiera negarlo, su tía era muy importante para él, lo suficiente para no querer verla mal. Salió de casa con la mochila en el hombro, sacó un cigarro y lo prendió, luego enrumbó hasta aquel lugar a paso rápido. La mañana era ajetreada, veía muchas personas con traje y algunos alumnos con sus uniformes en pequeños grupos. El camino hasta el colegio era corto, por suerte, al llegar tiró el cigarro al basurero y se acercó a la puerta principal. El guardia lo miró con desprecio, iba desalineado, nada parecido a como solían vestir sus alumnos. ― Con permiso – Alexandre trató de ingresar al colegio, pero el guardia lo detuvo – ― Disculpe, joven, pero solo los alumnos ingresan – el mayor sonrió de lado – ― Soy alumno, nuevo para ser preciso – el guardia bufó – ― Disculpe, pero no parece alumno Alexandre puso los ojos en blanco y sacó su celular, marcó un número y después de 3 pitidos ella contestó. ― ¿Dónde estás? – preguntó furiosa – ― En la puerta principal, tu guardia no me permite el ingreso ― Pásamelo – indicó de nuevo con voz demandante – ― ¿Qué? – preguntó el guardia con una sonrisa arrogante en los labios mientras contestaba el celular del mayor – ― Déjenlo pasar, es un nuevo alumno – suspiró – debemos terminar los trámites. No puede llegar tarde. ― Disculpe, subdirectora – la actitud del guardia cambió y le devolvió el celular al mayor – pase, por favor – Alexandre sonrió de lado e ingresó – “¿Y tu actitud arrogante?” Caminó hasta la oficina de la subdirectora y tocó la puerta esperando para ingresar, sin embargo, ella salió con el rostro fastidiado. ― Llegas tarde ― Me detuvieron en la puerta, no es mi culpa – respondió excusando – ― Olvídalo – volteó los ojos – entrégame los papeles, debo entregarlo a la directora. – Alexandre sacó sus documentos y se los entregó – Espérame aquí, no te vayas. – y sin decir más desapareció – ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Aiden caminó hasta el colegio nervioso, no quería encontrarse con sus queridos compañeros de clases, sin embargo, si faltaban, su padre se pondría furioso. Al llegar a la puerta principal de aquel lugar gris bajó la mirada, era su forma natural de llegar a su salón, evitando el contacto con otras personas. Apretó fuertemente la cinta de su mochila para tratar de ocultar su ansiedad, el paso apresurado que llevaba y la mirada en el suelo no le permitieron evitar chocar. Su cabeza golpeó el estómago de una persona y este, nervioso, se disculpó con insistencia durante varios segundos. “¿Qué le pasa a este chico?” ― Solo vete – exclamó una voz gélida – ― S-sí… l-lo siento – respondió asustado – Aiden continuó su camino, aunque antes de alejarse de aquel lugar escuchó una pequeña conversación entre aquella persona y la subdirectora. Volteó a observar la situación, el chico llevaba la camisa fuera del pantalón y con los botones superiores abiertos. Cabello despeinado y revuelto pintado de rojo, un piercing en el labio inferior y su corbata en la mano. ― Alexandre, tienes que sacarte el piercing – aquel chico bufó – no está permitido. Además – la subdirectora observó con detenimiento al chico – los botones, la corbata y la camisa ― ¿Qué tiene mi ropa? – preguntó arqueando una ceja – ― Debes estar vestido en orden – contestó tratando de sonar agradable – por eso no te dejaban entrar – susurró – ― Pero me gusta estar así ― Alexandre, por favor, es el primer día – el chico suspiró fastidiado – Aiden decidió alejarse del lugar y retomó su camino hasta su salón, nada más llegar todos sus compañeros se quedaron mirándolo. Volvió a bajar la mirada y avanzó hasta su asiento, aunque no llegó ileso, pues uno de sus compañeros le puso el pie haciendo que este caiga al suelo de rodillas. Se levantó sin decir nada y se sentó en su lugar, los ojos de todos seguían encima de él, estaban esperando el acto de su líder. No obstante, eso no ocurrió, pues la profesora llegó a tiempo para evitarlo, entró acompañada de la subdirectora y aquel chico nuevo. Está vez Aiden pudo observarlo mejor, se había arreglado la ropa y ya no tenía el piercing en el labio inferior. Las manos en los bolsillos y su mirada en el techo, rostro serio y aburrido, y su mochila caía por su brazo izquierdo. Las chicas estaban atraídas por el físico del chico mientras los demás estaban analizando su comportamiento. ― ¿Te gustaría presentarte? – preguntó la profesora – ― No – contestó frío – ¿Puedo sentarme? – la respuesta dejó atónicos a todos – ― Disculpe, profesora – contestó la subdirectora con pena – Alexandre – aquel chico la miró con desinterés – debes presentarte ― Ella preguntó, no dijo que era obligatorio – todos los chicos se miraron – ― ¡Alexandre! – gritó la subdirectora molesta – ― Vale – contestó y suspiró fastidiado – Soy Alexandre Jacquier – su mirada se dirigió a todos – tengo 18 y no tengo interés en conocer a nadie – suspiró – así que, por favor, no se me acerquen a menos que sea estrictamente necesario. – la profesora y la subdirectora abrieron los ojos de sorpresa – Eso es todo, ¿puedo sentarme? – preguntó mirando a la subdirectora y esta asintió – Alexandre caminó hasta el final de la columna de asientos que estaba pegada a la puerta, pasó por el lado de Aiden y se sentó detrás de este. Aiden lo observó todo el tiempo, mientras que Alexandre solo lo miró cuando pasó junto a él. Aquellos ojos azules penetrantes se cruzaron por un segundo con los ámbares del pelirrubio. El pelirrojo se sentó en su nuevo sitio, tiró la mochila al suelo y se acostó en la carpeta. La mirada de todos se dirigió a aquel chico nuevo extraño, sin embargo, a este parecía no importarle. Al terminar la primera clase, una chica, que se sentaba al lado del nuevo, se acercó a él con su cuaderno y una tímida sonrisa en los labios. ― Eh, Alexandre – la pequeña tocó su hombro con timidez – ― ¿Qué quieres? – preguntó en un tono rudo – ― Como… como has dormido toda la clase pensé... – el nuevo levantó la vista con una ceja arqueada – yo… – esto aumentó los nervios de la chica – ― ¿Quién te dijo que he estado dormido? – preguntó con brusquedad – ― Es… es que como… como estabas acostado… ― Si copié lo necesario, – suspiró fastidiado – así que retírate. – la chica asintió tragando saliva – Ah, cierto – ella volteó con cierto brillo de esperanza en sus ojos – no te me vuelvas a acercar. – la chica se quedó atónita – Creí haber sido claro en mi presentación – una sonrisa falsa apareció en sus labios – no me interesa conocer a nadie. ― S-sí lo… lo si-siento – contestó la chica nerviosa y volvió a su asiento – Aiden había observado la escena sin comentar nada, pero eso no evitó que aquellos ojos azules penetrantes se centraran en él. Sus nervios aumentaron al mantenerle la mirada al punto que tuvo que apartarla unos segundos después. ― Siempre observas de más – aquellas palabras salieron en susurro de la boca del pelirrojo – ― ¿Ah? – Aiden levantó la mirada encontrándose de nuevo con aquellos ojos azules – ― No te hagas el desentendido – contestó cruzándose de brazos y pegando su espalda al respaldar de la silla – me observaste cuando conversé con la subdirectora fuera de su oficina – sonrió de manera cínica – también ahora ― N-no es mi intención – desvió la mirada – lo siento ― ¿Solo sabes disculparte? ― Yo… ― Olvídalo – respondió y volvió a su posición anterior dejando sorprendido al chico – Llegó el recreo alegrando a los demás compañeros, mientras aumentaba los nervios del pelirrubio. Alexandre se levantó de su asiento y se colocó los audífonos al volumen máximo, y salió del salón, mientras Aiden corrió a los baños del antiguo auditorio principal. Alexandre estaba encerrado en su mundo al punto que no se percató que sin querer había terminado en un lugar un poco apartado del colegio. Entró por curiosidad y escuchó una respiración agitada, la luz estaba apagada y apenas se podía observar algunas siluetas difusas. Avanzó lo más que pudo hasta caer al suelo, se había chocado con algo, se giró furioso y prendió la linterna de su celular alumbrando aquel espacio. ― ¡¿Qué mierda?! – exclamó con fastidio hasta observar con que se había golpeado – Pero… tú… – Aiden estaba sosteniendo su estómago sentado en el suelo, parecía estar inconsciente – Oye – exclamó mientras lo movía, pero este no reaccionaba - ¡Mierda! – gritó furioso y golpeó el suelo con la mano – Cargó al chico con cuidado y lo llevó hasta la enfermería, al llegar la encargada se sorprendió y atendió al muchacho. El menor tenía unos golpes en el rostro y su labio cortado. ― Está bien, solo está desmayado – Alexandre asintió y la campana sonó – ― Tengo clases, no le diga que lo traje ― Pero, ¿no lo quieres esperar? – negó – ― No somos amigos, solo hice lo que debía hacer – Alexandre se encogió de hombros – No es importante que lo sepa – sin esperar la respuesta de la encargada, se marchó – Aiden regresó a clase unos minutos después, caminó hasta su asiento mirando al suelo. Alexandre se percató que aquel chico había regresado porque sintió que la silla se pegaba con su mesa. Al término de las clases Alexandre salió caminando por la avenida principal hasta que sintió que alguien lo seguía. Sus pensamientos fueron hasta Héctor y fastidiado entró al callejón, cuando esa persona pasó por su lado, él lo tomó del brazo con fuerza y lo empujó contra la pared doblando su brazo. ― ¡Su-suéltame! – la voz suave y suplicante de Aiden alarmó al pelirrojo – ― ¿Por qué coño me estás siguiendo? – Alexandre soltó al chico – ― Y-yo so-solo iba a ca-casa – respondió tartamudeando – ― Genial – Alexandre volteo los ojos, frustrado – pues vete – las palabras salieron de su boca con brusquedad – ― S-sí – Aiden recogió su mochila del suelo y salió corriendo de aquel callejón – ― ¡Mierda! – gritó Alexandre y golpeo la pared – Se había asustado pensando que Héctor podría estar siguiéndolo, pero no pensó que podría ser aquel niño. No quería problemas tan rápido con nadie, sin embargo, ese muchacho parecía solo traerlos consigo. Continuó su camino hasta su nuevo trabajo, era su primer día y no pensaba perder la paga solo por un malentendido, no podía darse ese lujo. Al llegar al local de comida, su jefe le entregó el uniforme y le indicó que debía limpiar las mesas. A las 7 p.m. entró un cliente conocido para Alexandre, este se sentó lo más cerca posible a la barra de comida y le sonrió. El pelirrojo se aguantó las ganas de echarlo a patadas del local, sin embargo, este chico no estaba dispuesto a dejarlo ir tan fácil. ― Hola, rojito – la sonrisa amplia de aquel chico provocaba náuseas en el mayor – ― ¿Qué quieres? – preguntó sin prestarle mucha atención – ― Creo que tenemos una conversación pendiente… ― Te equivocas – respondió tajante – ahora si te largas de aquí me harías un gran favor ― Lo siento, rojito, pero el jefe te quiere de vuelta – lo tomó del brazo – y creo que Héctor también te extraña ― Suéltame – Alexandre se zafó del agarre – y dile a ese hijo de puta que no me vuelva a buscar ― Espera, pequeña rojita – lo tomó de la cintura pegándolo a su cuerpo – me parece que no has entendido – tomó el rostro del mayor con fuerza – queremos que regreses – acercó su rostro al de él y este lo empujó alejándolo – ― No me vuelvas a tocar – respondió asqueado – me das asco – rio – ― Curioso – sonrió cínicamente – porque pensé que eso solo lo sentías cada que te mirabas al espejo – Alexandre hizo puño con sus manos tratando de contener su ira – ― Lárgate – aquel chico volvió a reír – y dile a Héctor que me deje en paz, no pienso volver, por nada del mundo ― ¿Sabes qué pasará si te rehúsas a volver? – preguntó en tono de burla – ― ¿Ahora que me vas a quitar? – preguntó el pelirrojo retándolo – ¡No tengo nada! – una sonrisa satisfactoria se asomó en sus labios – ― Esa no es mi culpa – exclamó divertido – tú sabes lo celoso y posesivo que es Héctor – miró sin descaro el cuerpo del mayor – además, ¿lo puedes culpar? Alexandre se sentía asqueado con la mirada de aquel tipo, sin embargo, la mirada de todos los presentes no le permitía partirle la cara a ese imbécil. Aquel chico salió riendo del local y el pelirrojo continuó con su trabajo hasta su hora de salida. Era consciente de que si aquel tipo había ido a visitarlo no era únicamente como una advertencia, sino una confirmación de que Héctor lo había encontrado y antes de que pudiera marcharse, él se aparecería. Suspiró pesadamente, estaba cansado de estar huyendo, está vez se enfrentaría o por lo menos lo intentaría. Cuando terminó, tomó sus cosas y de su mochila sacó su cajetilla de cigarros. Con el encendedor prendió uno y le dio una calada, caminó hasta su casa mientras trataba de calmar sus pensamientos. Durante una semana tuvo paz y tranquilidad sin volver a encontrarse con aquel chico. Su rutina era la misma, clases y trabajo para terminar volviendo a casa a las 7 p.m. aunque en ocasiones era más tarde. De nuevo era lunes y ya estaba olvidándose de aquel desagradable encuentro cuando una visita inesperada apareció. Al llegar a casa vio una silueta familiar sentada en el pórtico, dio la última calada a su cigarro y lo tiró al suelo pisándolo. Respiró hondo llenando sus pulmones preparándose para enfrentarlo, caminó con paso seguro y pasó por su lado ignorándolo. Sacó la llave de su bolsillo y la metió en la cerradura dándole la espalda a aquella persona. ― ¿No me vas a saludar? – preguntó Héctor levantándose – ― ¿Cómo me encontraste? – preguntó Alexandre en un tono frío – ― ¿En serio es lo único que te importa? – se acercó por atrás al más pequeño – Pensé que me extrañabas ― En tus sueños – Alexandre abrió la puerta y antes de que pudiera entrar, Héctor tomó su mano y lo giró dejándolo frente a él – ― ¿En serio dirás que no me extrañaste? – los ojos verdes que antes habían cautivado al pelirrojo lo miraban con deseo – ― No te extrañé – contestó empujándolo, pero el mayor lo tomó de la cintura y le pegó a él – ― Tu cuerpo no dice lo mismo – susurró a centímetros de su boca – ¿estás seguro de que no quieres cambiar tu respuesta? ― ¿Qué es lo que quieres Héctor? – preguntó tratando de apartarse – ― Quiero que regreses – acercó su boca al cuello del menor – con los chicos y… – beso su cuello con suavidad – conmigo ― Eso no sucederá – aunque sus palabras decían que no, su cuerpo decía lo contrario, lo que provocó que el chico de ojos verdes riera – ― Debes estar seguro de lo que dices – Héctor tomó el rostro del menor y se acercó lo suficiente para que su aliento golpee contra él – si estás tan seguro, ¿por qué aún puedo hacerte despertar? – antes de que el menor pudiera contestar, este se adueñó de sus labios –
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