El pelirrojo miró los nervios del menor, no quería que esto pasara, necesitaban hablar a pesar de no sentirse listo para contar todo. Suspiró armándose de valor para ser sincero por primera vez.
― ¿Qué querías decirme? – preguntó tratando de empezar la conversación –
― Es largo – susurró el rubio sin mirarlo –
― Tenemos toda la noche
― ¿Me responderás todo?
Alexandre se quedó en silencio con esa pregunta, sabía que sería muy complicado para él explicarlo todo. Aiden suspiró resignado y se levantó de golpe, caminó hasta la puerta, listo para irse, sin embargo, las palabras de Mike resonaban en su cabeza y antes de salir lo soltó todo.
― Estoy cansado, Alexandre – miró la puerta – quería verte y saber que estabas bien, quería obtener respuestas, pero creo que no sucederá. — el mayor apretó sus manos con fuerza sin contestar – Estos meses han sido una mierda – rio sin gracia – pensé que te había obligado a irte, que ya te habías cansado – sus ojos se llenaron de lágrimas – que me odiabas igual que… — El menor se quedó en silencio tratando de ordenar sus palabras. — Eras mi amigo, te dije que siempre lo serías y aun así me abandonaste – apretó la manija de la puerta, listo para irse – quizás fue lo mejor para ti, quizás ahora eres feliz – abrió la puerta – no te volveré a molestar, haré como que nunca nos conocimos
El mayor giró mirando al rubio, sus mejillas mojadas con las pequeñas lágrimas que rodaban por ellas, su rostro triste y aquella sonrisa característica había desaparecido. Alexandre sintió unas inmensas ganas de abrazarlo y golpearse por ser tan despreciable.
― Sé feliz, Alexandre – le sonrió con tristeza y salió corriendo cerrando la puerta con fuerza –
Alexandre suspiró pesadamente y se sentó en la cama con las manos en la cabeza. Las ganas de llorar se estaban tratando de apoderar de él, pero trataba de controlarse. Le había alegrado ver al menor, sin embargo, no podía contestar las preguntas, no sin contarle su pasado y no estaba seguro de querer hacerlo.
El mayor se tiró en la cama con la cabeza en la almohada cuando sintió un pequeño bulto debajo de esta. Levantó la almohada sacando su antiguo celular, lo prendió y enseguida aparecieron los mensajes. Había algunos de Héctor, su tía, su prima e incluso Mike, pero los que más le sorprendieron fueron los del menor.
Alexandre, no muy convencido, abrió uno y continuó leyendo durante varios minutos:
¿Por qué no me dijiste que te tenías que ir?
¿De verdad no vas a volver?
Las clases son aburridas sin ti, no hay nadie que duerma todo el tiempo
¡Aprendí a cocinar ravioles! Si vienes te prepararé unos
¿Cuándo piensas volver?
Había muchos mensajes que no se había atrevido a leer durante todo este tiempo tenía miedo de que estos lo hicieran volver, sin embargo, después de lo ocurrido con el menor decidió hacerlo. Revisó cada uno de ellos hasta que encontró uno que lo hizo levantarse de la cama con rapidez.
Te quiero, no sabes cuánto me arrepiento de no habértelo dicho
Después de leer aquel mensaje, el mayor no se pudo contener, buscó su polera y salió en busca de aquel niño problemas. Alexandre sintió como el aire frío de la noche golpeaba su rostro con fuerza, no obstante, no estaba dispuesto a dejar a Aiden solo. Fue a los locales de comida, otros hoteles cerca del suyo e incluso a algunos parques, pero todo sin éxito.
El pelirrojo conocía lo suficiente al menor para saber que necesita un espacio tranquilo y apartado, lo suficiente para llorar con tranquilidad. Había buscado en todos los lugares que pudieran estar así, hasta que llegó a uno cerca al arroyo. Aquel lugar era conocido por los pueblerinos como “the love lake”.
***
Aiden corrió hasta un parque, hacía mucho frío, pero el menor sentía más dolor que cualquier otra cosa. Había esperado tanto tiempo por poder hablar con él, o simplemente verlo, y ahora no sabía qué hacer. Se sentó en el pasto con la espalda pegada a un árbol, abrazó sus piernas y escondió su cabeza entre ellas.
Alexandre estaba preocupado, estaba oscureciendo más y el frío aumentaba, sabía que el menor no estaba abrigado para aguantar esta temperatura. Corrió hasta aquel lugar tratando de encontrarlo, se acercó hasta el lago y entonces vio a una persona pequeña sentada.
Se acercó a él con el corazón estrujado, los sollozos del menor se escuchaban y estaba temblando. Se sentía molesto consigo mismo por haber ocasionado esto, nunca quiso lastimarlo solo lo quería sano y salvo. Suspiró armándose de valor, el menor no le prestó atención hasta que este empezó a hablar.
― Lo siento, niño – sus palabras hicieron que el menor levante la mirada – nunca quise lastimarte, de verdad – se agachó quedando a su altura –
Aiden tenía los ojos rojos de tanto llorar, el mayor sentía una presión en el pecho al verlo así. Alexandre secó sus lágrimas con su pulgar, aquel tacto y el cariño con el que lo hacía provocó en el menor un cosquilleo en el estómago. El rubio se lanzó al cuello del mayor abrazándolo con fuerza y llorando en su cuello.
El pelirrojo lo sostuvo con cuidado abrazando aquel delgado y pequeño cuerpo, estar con él abrazados lo hacía tener una extraña sensación. Aquel abrazo le recordaba esos días de invierno en los que llegaba a su casa y su madre corría a abrazarlo para calentarlo. Aquella sensación tan familiar lo hacía sentir tan bien como si hubiera estado perdido durante tanto tiempo y por fin volviera a su hogar.
― De verdad, lo siento mucho – Alexandre acarició el cabello del menor como si tuviera miedo de lastimarlo –
― ¿Por qué me dejaste? – susurró –
― Es complicado de explicar – Aiden levantó la vista –
― Pero, ¿me lo dirás? – el mayor lo pensó unos segundos y luego asintió –
― Sí, lo haré – sonrió – pero primero vamos a la habitación – acarició la mejilla del menor con cariño – está haciendo mucho frío, no quiero que te enfermes
El menor asintió y Alexandre se levantó ante su atenta mirada. El mayor estiró su mano para ayudar al menor a levantarse y este la tomó. Su piel estaba helada, la punta de su nariz estaba roja y parecía estar temblando.
― Gracias – contestó el menor bajando la mirada –
Alexandre se sacó la polera sorprendiendo al menor y, sin decir ninguna palabra, se la colocó al menor.
― Te iba a preguntar si tenías frío, pero como sé que eres un niño terco – sonrió – preferí impedir que me mientas. — Acomodó la capucha del menor – ya debemos irnos, está más oscuro – con su pulgar limpió las pocas lágrimas que quedaban – no vuelvas a llorar, – acarició la mejilla del menor con dulzura – por lo menos no si no estás conmigo
Después de esas últimas palabras Alexandre tomó la mano del menor y lo guio de regreso a la habitación. Aiden estaba sorprendido por aquel acto tan extraño del mayor hacia él, sin embargo, no podía negar que le había gustado. Al llegar el mayor sentó al menor en la cama y fue a su pequeña cocina a preparar café.
― ¿Por qué haces café?
― Porque será una larga noche – tomó las tazas y se sentó al lado del menor entregándole una –
― ¿Estás seguro de hacer esto? – Aiden estaba muy nervioso –
― Quiero hacerlo – miró a los ojos al menor – no quiero volver a lastimarte. — el menor sintió como sus mejillas se calentaban – De acuerdo, empecemos – suspiró – te contaré todo