― ¿Por qué? – insistió el mayor –
― ¿Por qué preguntas eso? – increpó el menor – ¿Acaso…? – Aiden desvió – ¡Si leíste los mensajes! – el rubio le dio un golpe en el hombro –
― Recién los leí antes de irte a buscar – sonrió – pero aún no has contestado mi pregunta
― Sí ya leíste los mensajes, ¿para qué quieres que responda? – preguntó apartando la mirada –
― Porque quiero saber si es verdad
― Idiota – murmuró –
― Dime – una sonrisa arrogante se formó en sus labios –
― No – respondió cruzándose de brazos –
― Aiden… dime – Alexandre tomó el rostro del menor y lo movió suavemente de un lado al otro con ternura – si no, no te soltaré – el menor rio –
― No lo diré – susurró sin mirarlo –
Aquel pequeño se veía tan tierno ante los ojos del mayor que este ya no podía controlarse. Necesitaba comprobar que sentían ambos, necesitaba saber si estaba dispuesto a luchar contra su triste y oscuro pasado por él.
― Aiden – el mayor lo llamó y él levantó la vista encontrándose con esos ojos azules –
Ambos se miraron durante unos segundos mientras las mejillas de Aiden se volvían a tornar rosadas, una sonrisa tierna apareció en el rostro de Alexandre y se acercó a sus labios.
Fue un simple roce de labios que provocó que una corriente eléctrica atravesara la espina dorsal de ambos. Entonces Alexandre se adueñó de los labios del menor, los movían en sincronía, mordió suavemente el labio del menor y este gimió bajo abriendo la boca y permitiéndole el ingreso a la lengua del mayor.
Ambas lenguas peleaban por el control de la situación, el mayor sobó ambos costados del menor con lentitud enviando unas extrañas sensaciones ante este. Alexandre levantó levemente la camisa del menor entrando en contacto en aquella piel clara, el tacto frío y suave del mayor con la piel caliente del menor lo hizo saltar.
Era la primera vez que Alexandre sentía esta necesidad, cada vez quería estar más cerca de Aiden y parecía estar perdiendo el control.
"¡Para! ¡Si continúas no podrás detenerte!"
Aquel pensamiento hizo que el mayor se alejara de forma repentina del menor asustado. Aiden estaba sonrojado y tranquilo, pero él se sentía arrepentido.
― Lo siento – susurró apenado –
― No te preocupes – respondió el menor calmándolo – ¿Estás bien?
― Sí
Aiden miró con cautela a Alexandre, aquel chico estaba preocupado, su comportamiento no era normal. El pelirrojo lo evitaba mirar y el ambiente antes tranquilo se estaba volviendo incómodo.
― Alexandre, ¿Qué te pasa?
― Nada, pequeño
Aiden no podía creer aquello, pero ya conocía lo suficiente al mayor, así que, sin aviso, lo abrazó. Alexandre correspondió aquel abrazo y cerró los ojos con fuerza, se sentía enojado consigo por no haberse detenido antes. No quería asustar al menor y se sentía culpable de lo que acababa de suceder.
― Aiden, lamento lo de hace rato – susurró en el oído del menor – no debí hacerlo, yo solo...
– el menor negó – Alex, a mí no me incomodó – susurró –
― ¿No?
– Asintió – solo que… – el pelirrojo lo miró pidiéndole que continúe – solo que es algo nuevo – bajo la mirada avergonzado – yo nunca antes hice esto
Alexandre sonrió con arrogancia y el mayor lo volvió a golpear. El mayor se relajó y empezó a fastidiar al pequeño y durante los últimos minutos ambos chicos se quedaron riendo en la misma posición. Unos minutos después, ambos chicos se acostaron en la cama, uno al lado del otro, y se quedaron mirando el techo.
― Creo que tienes que descansar – el menor asintió –
― Pu-puedo dormir en el suelo – el mayor negó –
― Duerme en la cama, yo no dormiré
― Tú también debes descansar – miró el reloj del mayor – son las 3 a.m. y seguro mañana trabajas
― No te preocupes – sonrió el mayor – fines de semana descanso, duerme
Alexandre se levantó de la cama y sacó de sus cajones un pijama para que Aiden pudiera descansar cómodamente. El menor aceptó, se cambió y bostezando se acostó en la cama, Aiden se quedó dormido al instante abrazando una almohada, se sentía tranquilo sabiendo que aquel chico estaba con él.
El pelirrojo observó al menor mientras dormía durante unos minutos, sonrió al ver la facilidad con la que aquel pequeño podía descansar.
“Te sigues viendo tan tierno al dormir”
Alexandre tomó su casaca y su cajetilla de cigarros, abrió la puerta y se asomó al balcón a fumar. A las 4 a.m. el menor se levantó porque escuchó un ruido extraño, pensó que Alexandre estaba tomando café así que se acercó a la pequeña cocina, pero no lo encontró.
“¿Se volvió a ir? No, no puede, no lo haría”
El menor fue a buscarlo al baño y no lo encontró, se estaba desesperando y sin poder evitarlo empezó a llorar. Su corazón dolía pensando que se había ido, que lo había vuelto a dejar, entonces por la ventana entró un olor que podía reconocer al instante. No pasaron muchos minutos hasta que el mayor escuchó su puerta abrirse y cuando se volteó vio a Aiden con los ojos rojos y lágrimas en las mejillas.
― ¿Qué pasó? – preguntó asustado –
― No estabas – susurró – te volviste a ir – el menor corrió y lo abrazó escondiendo su cabeza en su pecho – no te vayas, no te vuelvas a ir
El mayor se enterneció y sintió un dolor muy grande en el pecho al verlo tan herido, no quería lastimarlo solo protegerlo, pero las cosas habían cambiado y debía pensar que harían. Acarició la cabeza del menor con cariño y suspiró.
― No me iré – el menor levantó la mirada – pero debes descansar, vamos – secó sus lágrimas y lo llevó al cuarto –
Alexandre botó el cigarro a la basura y llevó al menor a la cama, este se acostó y el mayor se acomodó a su lado. Aiden se apoyó en el pecho del menor y cerró los ojos mientras el mayor acariciaba su cabello haciéndolo dormir.
Alexandre se quedó mirando a Aiden durante unos minutos antes de quedarse dormido. A las 9 a.m. su primo tocó la puerta con temor, no quería interrumpir el momento, no obstante, no escuchó respuesta. Revisó si traía consigo la llave y al darse cuenta de que sí, abrió la puerta.
Mike se sorprendió al ver a ambos chicos acostados abrazados en la cama dormidos, la paz y tranquilidad que emanaban era gratificante. Decidió salir de la habitación para dejarlos solos, sin embargo, sus planes fueron cambiados cuando el pelirrojo habló con voz grave de recién levantado.
― Si ya hiciste entrar el sol, ¿por qué diablos no te quedas? – Mike sonrió nervioso y cerró la puerta –
― Perdón, no quería interrumpir
― Malpensado, solo estábamos dormidos
― No quiero detalles – tapó sus oídos – mis pobres oídos no lo aguantarían – rio –
― Imbécil – volteó los ojos – haz silencio – miró al menor – sigue dormido – su primo asintió y se sentó en la silla de la pequeña mesa –
― ¿Entonces? – susurró mirando a su primo – ¿Ahora que harás?
― No lo sé – suspiró – en la madrugada se levantó porque pensó que me había ido – acarició el cabello del menor – ¿cómo se supone que lo dejaré volver si se pone así?
― Espera que despierte y hablas con él – miró a Aiden – ahora que sabe la situación quizás se le ocurre algo – el mayor suspiró – ¿O es qué acaso estás planeando regresar?
― Todavía no lo sé – suspiró – si vuelvo él estará expuesto a Héctor
― Ya lo está – contestó su primo –
― Lo sé, pero eres consciente de que si Héctor se entera que volví por él…
― Se encargará de desaparecerlo – suspiró – ¿Estás dispuesto a dejar ir a Aiden por Héctor? – preguntó en un tono casi inaudible –
― No – respondió firme – por más que quiera, no puedo hacerlo
Alexandre miró al pequeño que permanecía acostado en su pecho, sus largas pestañas cubrían sus ojos cerrados y su rostro tranquilo. Mike miró como su primo se perdía solo centrándose en aquel pequeño, sabía que dejarlo ya no era una opción. Recordó las palabras de Alexandre y las confirmó, era imposible que, si se volvían a encontrar, él lo dejara ir.
El pequeño se levantó con el olor de panqueques, se sentó en la cama aún somnoliento y miró a Alexandre. Mike salió del baño encontrándose con aquella escena, el rubio miraba a su primo como si fuera lo único del mundo y sonrió.
― Hasta que despertaste – Aiden saltó ante aquellas palabras y miró a Mike con fastidio, Alexandre también giró a mirar al pequeño y sonrió –
― Ya está listo el desayuno, pequeño
― Gracias, Alex – el pequeño se levantó y se sentó junto al mayor –
― ¿Cómo dormiste? – preguntó Mike –
― Bien – sonrió – ¿tu habitación es agradable? – asintió –
― ¿Dormiste con alguna de las camareras? – preguntó Alexandre mirando a su primo y dejando a Aiden sorprendido –
― No primito – hizo un rostro de dolor – tenía que estar atento a ustedes, así que no pude aprovechar la noche
― ¿Aprovechar?
La inocencia de Aiden hizo reír a Mike, mientras Alexandre le daba un puntapié por debajo de la mesa. El menor bajo la mirada sintiéndose incómodo y el mayor se levantó trayéndole un vaso de jugo.
― Haber, Aiden, – habló Mike – ¿de verdad no entendiste? – el menor negó sintiéndose avergonzado –
― No hay mucho que entender, pequeño, – Alexandre miró a su primo – a Mike le encanta venir a visitarme porque aprovecha para hacer algunas cosas con algunas de mis compañeras de trabajo
Aiden, que había empezado a tomar su jugo, empezó a toser y el mayor lo ayudó para calmarlo.
― Alexandre, lo dices tan mal que suena feo – el mayor rodó los ojos – no le hagas caso Aiden, solo les hago compañía
― Mike, mejor ya no me cuentes más – susurró el menor con la mirada en el plato y Mike rio –
― De acuerdo, de acuerdo
Así los 3 terminaron de comer y Alexandre llevó los platos al lavadero para lavarlos mientras Mike se quedaba en la silla y Aiden se sentaba en la cama.
― Muy bien, ya desayunamos, ¿ahora que sigue cumpleañero? – Alexandre se giró furioso lanzando una mirada asesina a su primo y este levantó las manos en son de paz – lo siento, lo siento
― ¿Cu-cumpleañero? – preguntó el menor confundido – ¿Hoy es tu cumpleaños?
― ¡Claro que sí! – exclamó Mike –
― No es importante – respondió Alexandre malhumorado arrojando una toalla mojada al rostro de su primo –
― ¿Por qué dices eso? – preguntó el menor mientras miraba como aquel chico se acercaba a él –
― No me gusta celebrar mi cumpleaños
― ¿Por qué?
― Nací el mismo día que mi madre – el mayor sintió un nudo en la garganta – es un recordatorio constante de que yo sigo vivo y ella no
El mayor se sentó a su lado con la mirada clavada en el suelo, se negaba a mirarlo. Aiden comprendía el dolor que sentía Alexandre por no tener a sus padres, era algo que ambos compartían. Se quedó en silencio pensando durante unos segundos en otra alternativa, quería que el mayor pasara un día inolvidable y dejara de culparse por lo sucedido.
― Entonces, celebremos este día de una forma diferente – Mike y Alexandre lo miraron extrañados –
― ¿Cómo?
― Podemos celebrar el día que volvimos a encontrarnos – sonrió –
― Es lo mismo que una celebración de cumpleaños, solo que con otro nombre – Alexandre volteó los ojos, fastidiado, estás fechas eran horribles para él –
― No es cierto – tomó su brazo tratando de calmar su mal humor – no habrá torta ni saludos, será un día normal
― ¿Qué tienes pensado? – preguntó Mike tratando de ayudar al menor –
― Podríamos preparar ravioles para almorzar y ver películas – miró a Alexandre – será un día agradable, te lo prometo
Alexandre no estaba convencido de esta alternativa, podía parecer cualquier día, pero para él seguía siendo su cumpleaños. Aiden notó que, aunque lo estaba intentando, él no podía simplemente ignorar el día, era una carga muy pesada que había llevado por mucho tiempo.
― Incluso Mike te preparará cappuccino – dijo mirándolo a los ojos – por favor, inténtalo – susurró –
Los ojos de Aiden estaban tan iluminados que parecía un árbol de navidad adornado con luces de muchos colores, su felicidad era tan contagiosa que el rostro antes triste del mayor pasó a una sonrisa tierna. Alexandre tomó al menor en brazos y lo abrazó con mucho cariño mientras él se sonrojaba.
Mike observó la escena, atónito, definitivamente aquel chico había logrado enamorar a su primo con aquellos detalles tan simples y acciones tan ocurrentes que no había forma de que aquel témpano de hielo no se derritiera. El mayor salió de la habitación dejando solos a la pareja de enamorados mientras iba por pan a la panadería más cercana.
El ambiente entre aquellos dos muchachos era alegre, la felicidad no cabía en el rostro del mayor y la idea tan original del menor lo entusiasmaba mucho más. De ahora en adelante aquel fatídico 13 de agosto se volvería una fecha de reencuentro más que una celebración de cumpleaños y para ambos eso era importante.
Cuando Mike volvió a la habitación ambos chicos estaban cambiados, Aiden llevaba un buzo de Alexandre que le quedaba enorme. Aquel chico quería reír, pero se encontró con la mirada seria de su primo que le impidió continuar con aquel pensamiento. Mike escondió en pequeña refrigeradora un muffin de avellanas y sentó con la pareja a ver las películas.
La hora de almuerzo llegó muy rápido y con ella el nerviosismo del menor por preparar la comida. Se acercó a la cocina dejando a los otros chicos en la cama, sacó los materiales que necesitaba y los colocó en la encimera.
― ¿Seguro que no quieres que te ayude? – preguntó el mayor mientras miraba los torpes movimientos del menor –
― No – sonrió nervioso – estoy bien
― No lo intimides – dijo Mike dándole un golpe en la cabeza al mayor –
― No te entrometas – Alexandre puso los ojos en blanco –
Ambos primos siguieron viendo películas mientras el menor terminaba de preparar la comida. Unos minutos antes de que todo estuviera listo, Mike recibió una llamada que lo hizo sonreír.
― Nosotros sabemos que no tenemos que saludarte – le mostró la pantalla al mayor – pero ¿se lo dirás a la princesa?
Alexandre miró dudoso la pantalla del celular, sabía que su pequeña prima estaba furiosa con él por haberse ido. También que si no le contestaba la llamada ella simplemente no dejaría de llamar. Suspiró pesadamente y tomó la llamada poniéndola en alta voz.
― Hola, princesa
― ¡Hasta que contestas maldito idiota! – una voz aguda resonó por el cuarto llamando la atención del menor –
― ¿Sigues molesta? – preguntó dubitativo –
― No, Alex – el tono irónico resalto – a mí me encanta que mi primo favorito desaparezca de la nada y no me conteste ¡el maldito celular! – el enojo en su voz era notorio –
― Perdón, Val – Valery suspiró al otro lado de la línea –
― Va, va, va – respondió restándole importancia – ahora tengo una pregunta más interesante
― ¿Qué cosa, demonio? – ambos primos rieron –
― ¡Que no me digas así cabeza hueca! – gritó la pequeña haciendo reír más fuerte a los chicos –
― Vale, vale – Alexandre se trató de calmar – dime tu pregunta
― ¿Quién es el chico que te trae loco? – Alexandre tragó saliva incómodo y Aiden trató de volver a concentrarse en la comida – ¿Qué pasó? ¿Se te fueron las palabras?
― Princesa…
― Vamos, Alex, necesito saber si vale lo suficiente como para quitarme a mi primo favorito – Mike rio –
Alexandre mordió su mejilla interna, no quería contestar, se sentía muy avergonzado. Era la primera vez que sentía algo así por alguien, no quería malograrlo por la intervención de su querida prima.
― Yo creo que sí lo vale – contestó Mike interrumpiendo los pensamientos del mayor –
― ¿Lo conoces? – preguntó sorprendida –
― Claro que sí – sonrió – déjame decirte que es un chico muy atractivo y también inocente – Mike se acercó a Aiden y este trató de ocultar su sonrojo – también es muy dulce y… – extendió la mano para tocar las mejillas de Aiden, pero Alexandre habló –
― Lo tocas y te juro que te despides de una de tus bolas – ambos hermanos estallaron en carcajadas y el menor se sonrojó más –
― Así que mi futuro cuñado está ahí – la emoción en la pequeña hizo poner más nervioso al menor – bueno querido chico, muero por conocerte, espero sea pronto – Aiden asintió tímidamente –
― Aiden, ella no te puede ver – sonrió el mayor – si no contestas no sabrá que escuchaste – el menor tragó saliva –
― S-sí, no hay problema – respondió bajo – cuando… cuando podamos vernos, m-me presentaré
Alexandre miró a su niño con las mejillas coloradas, le parecía muy tierno y adorable así que no pudo evitar sonreír.
― ¡Dios, eres demasiado tierno! – gritó la pequeña emocionada – Alexandre, si en algún punto terminan, ¿podría intentar algo con él?
― Princesa, en este momento estás haciendo que quererte cueste mucho – Mike y Valery rieron –
― Valery, es muy mayor para ti – respondió Mike distrayendo a su hermana – además, dudo que Alexandre lo deje ir – la menor rio –
Aiden sirvió la comida mientras los 3 terminaban de hablar y después se sentaron a la mesa. El menor estaba ansioso porque Alexandre probara el plato, pero trataba de ocultarlo, aunque insatisfactoriamente.
El mayor se percató del nerviosismo del pelirrubio e internamente sonrió. Tomó un pequeño bocado y se lo metió a la boca, el sabor dulce invadió sus papilas gustativas.
― Está delicioso – sonrió hacia el menor –
― ¿De verdad? – sus ojos brillaban felices –
― Sí – dijo aun sonriendo – ¿no es cierto? – preguntó a su primo –
Mike ya estaba en la mitad del plato cuando le hicieron la pregunta lo que aumentó la felicidad del niño. Los 3 terminaron de comer tranquilos y al terminar el menor y el mayor se acostaron en la cama.
― Ya los interrumpí mucho tiempo – Mike se levantó de la mesa – ahora dejo que pasen un rato solos
― ¿A dónde irás? – preguntó Aiden –
― A mi habitación, descansaré un rato – sonrió – ustedes hagan lo que deseen – y sin esperar respuesta, se marchó –
El mayor prendió el televisor y ambos miraron la pantalla durante un largo rato, Aiden se sentía feliz de haber compartido aquel día con él. En un momento el pelirrojo se quedó dormido y se giró quedando de lado, el menor lo miró y sonrió, quería tocar su cabellera, pero no sabía si lo incomodaría.
Al final, el menor decidió levantarse para buscar algo con que abrigar al mayor, no obstante, apenas se levantó este lo jaló de nuevo y lo pegó a él aun con los ojos cerrados.
― Quédate – susurró –
― Solo iba por una manta – respondió, pero el mayor negó –
― No hace falta
Alexandre pasó su brazo por la cintura del menor jalándolo más cerca a él, sus narices chocaban y podía sentir su respiración. Aiden tragó saliva sintiendo como sus mejillas se calentaban.
― Esto es lo único que necesito – susurró sin abrir los ojos – solo te necesito a ti, Aiden
Aquellas palabras hicieron que el corazón del menor diera un salto y este no pudo evitar sonreír. Con su mano acarició aquellos cabellos del mayor que caían en su frente, mientras el pelirrojo seguía con los ojos cerrados.
― Te quiero, Alexandre – susurró y el mayor abrió los ojos –
En aquel momento el pequeño quería salir corriendo, pero lo que ocurrió después lo tranquilizó. Alexandre sonrió con aquellas palabras, llevó su mano a acariciar la mejilla sonrojada del menor.
― Te quiero, Aiden