Capítulo 7

2451 Words
Kivanç sacudió a Ayhan, había llegado a un pueblo llamado Reiner Osiria, era el final de su destino, ahora el bus regresaría, su viaje habia terminado. Era de mañana, y el movimiento en aquel lugar era muy poco, se observaba a una distancia considerable un mercado donde la gente si parecía estar aglomerada. Se estiraron al bajar, sintieron el cuello adolorido. —Vamos a buscar algo que desayunar Ayhan – este último reviso su bolsa solo traía consigo la medalla que era de su madre —¡No te preocupes!, yo no apuesto todo mi dinero. —Gracias, te prometo que pronto voy a conseguir un mejor empleo. —tenían los pies tullidos, y las sentaderas aplanadas, dormir en ese camión no había sido un camino al paraíso precisamente. —Creo que yo también, Ayhan estoy arto de las apuestas quiero una vida más tranquila. —Kivanç estaba cambiando o alguien le había cambiado a su compañero en el transcurso. Esperaba que su amigo dijera lo mismo, pero para el la adrenalina que conllevaba saber que estás por desplomar a otro era tan fuerte. Imaginar que lo aplastada pero sin siquiera tocarlo., Era una adicción difícil de controlar. —Compremos aquí —había un pequeño restaurante con mesas de madera, manteles de distintos colores tejidos y lindos floreros de porcelana con solo una florecilla morada. Una jovencita se acerco a atender, y de inmediato centro la mirada en Kivanç, este le guiño el ojo y ella no desprendió su vista de el. —¿Que les sirvo? —Un té y algo de desayunar. — ordenó Ayhan, ya que su amigo estaba demasiado encantado con la jovencita de pelo n***o; se sentó en la silla y recargo sus codos sin dejar de mirarle con una sonrisa coqueta. —Y usted señor. —Kivanç, observo de arriba abajo a la niña, se acomodo en la silla y le sonrió. Ella le devolvió la sonrisa era un hombre tan atractivo. Alto de cabello n***o y con una sonrisa blanca y dentadura estéticamente perfecta. Kivanç sacaba de aprietos a Ayhan cuando esté se enredaba con alguna dama obsesiva Kivanç lo hacia llevándose a las necesitada damas a la cama. Era un mujeriego coleccionista de mariposas, tan mal vicio tenía Ayhan como Kivanç. —Me gustaría lo mismo que mi amigo. — dijo después de guiñarle el ojo y mandarle un beso. —¡Enseguida! —la chica se sintió alagada y le devolvió el gesto del beso. —Kivanç deja de ver a esa niña, ahí está su padre — detrás de ellos estaba un hombre junto a una caja. Mirándolos como una carroña —Tendré que saludarlo, — Kivanç levantó la mano para saludar a ese hombre adulto que lo miraba con deseos de asesinarlo. La joven trajo el desayuno y el té. Ellos comieron de prisa cuando pidieron la cuenta una mujer adulta salió a atenderlo. Kivanç estaba por dar una muy jugosa propina pero al ver el cambio de personajes decidió ahorrárselo. Al salir del restaurante, la jovencita los abordo saliendo por un callejón lateral al pequeño establecimiento. —¡Déniz! — dijo dándole la mano. Y acercándose a darle un beso en la mejilla. Kivanç se quedó muy quietecillo. Cuando ella siguió su camino noto en su mano un papel era la dirección de una casa y un horario. Kivanç le mostró el papel a su hermano y comenzó a reír —¿No piensas acudir, por favor? —las relaciones para el eran un pacto, las mujeres se casaban con hombres por dinero y el amor era cuestión de dinero. Y ninguna mujer valía su libertad para atarse, ¿Por qué estar con una cuando puede estar con todas? —Nunca he sido descortés con una señorita —Era hermosa, y muy descarada, ella quería lo que el necesitaba satisfacer algunas necesidades que tenía muy activas. —¡Es un niña! —Solo serán unos besos. —Ayhan pensaba que al final los juegos de mesa y de azar no dañaban a nadie, pero Kivanç dañaba los corazones. —¡Tu sabes lo que haces! —Aunque sentía la calidad moral para reprenderlo no lo hacía. Entraron al mercado. Preguntando sobre algún trabajo que pudieran desempeñar, y un lugar donde pudieran quedarse. Pocos le respondían y quiénes lo hacían era negativas. El ser extranjero en Reiner era cuestión de desconfianza. Una mujer anciana con una canasta cargando fruta y verduras, observo al hombre. Vestía con una chaqueta, una camisa blanca y unos pantalones de tela fina de color café, los hombres tenían mas libertad de vestir como les gustase pero esa ropa no disminuía ni un poco quien era, Esen apenas podía creer lo que sus ojos veían. Imaginaba que la vida sería cruel con él, tanto que no hubiese conseguido vivir ni un año, pero ahora estaba frente a ella. Como una gota de agua idéntica de Tarkan Un niño que pasaba corriendo golpeó su canasta de fruta, el pequeño de inmediato se puso a recoger las piezas y colocarlas en la canasta nuevamente, con la cabeza abajo le ofreció sus más sinceras disculpas y se ofreció a pagar lo que había echado a perder. —Perdóneme no ha sido mi intención señora —Esen lo tomo del brazo pero no para reprenderlo. Era justo lo que necesitaba. —Te perdonare, y te daré unas monedas si sigues a ese hombre y me dices dónde se está quedando —él pequeño de ojos grandes, sucio y con los zapatos rotos observo al hombre de la barba. —¡Como diga señora! El salió corriendo para estar lo más cerca posible de él y no perderlo de vistas —Niño, pregunta por la señora Esen, sirvienta de los Zergin El niño grito mientras corría y sin volver un alegre “si” Aquella creatura que nació de Melek y que no quiso recoger seguía viva, tan fuerte y sana como había crecido Tarkan. Tenía que saber dónde se estaba quedando, para así, exigirle que se marchara. Nadie podía saber de su existencia. Gizem estaba tan alterada tenía a Reyhan sumida en el sofá, envuelta en mar de lágrima. Traía puesta una blusa entallada de malla bordada, con una blusa debajo para no salir tan expuesta y unos pantalones de mezclilla, tenía la cara roja pues su madre le había dejado la mano marcada —Tu no, a ti no te permito que descompongas tu vida. Espera que tú padre te vea, lo que yo te he hecho es poco. — el desconcierto de Reyhan era completo, cuando fue Hasret no hicieron un escándalo de esto, pero estaba segura que ella era la favorita de la familia. Quizás ese era el motivo por el cuál le permitieron ser cómo era. O solo una Demicir tenía derecho de decidir por si misma. —Mama no quiero usar esa ropa, quiero salir de la casa ir a la universidad, tener amigos y sobre todo no quiero casarme. Gizem le amenazó con otro golpe pero eso se lo dejaría a su esposo. —¿Cuanto tiempo has estado hablando con Hasret? —El suficiente para saber que ella si me escucha y que ella me apoya. No quiero mamá ser igual de infeliz que mis hermanas, cuando Hasret se case será la mujer más triste. Esmerag lo es, y ¿no entendí por qué adelantaron su boda siempre súper que la más ansiada por realizar era la de Hasret? Reyhan sabía que algo tenían que ver Esmerag y Tarkan, cada vacaciones al llegar a Reiner su hermana corría a buscarlo. Eso no lo hace una mujer si no está enamorada. —Hay cosas que no te incumben, eres una niña aún … —¡¡No soy una niña, —Se puso de pie no permitir que le prohibieran decir su vida. —Y desde hoy te digo madre, seguiré lo pasos de Hasret quiero estudiar y si ustedes no me poyan ya buscaré quien lo haga!!. Había tanta determinación en Reyhan que sabía cuál sería el resultado si habla con su padre él le concedería como lo hizo con Hasret. —¿Que está pasando, por qué los gritos?- Hasret bajo al escuchar el escándalo, Esmerag ya estaba ahí escondida detrás de la puerta, viendo con burla el como maltratan a su hermana pequeña. —Quiero que dejes de meterle ideas a la cabeza a Reyhan, y quiero que empieces a empacar tus cosas, te quites esos trapos y te vistas como una mujer decente hoy en la noche nos vamos para Reiner, por qué en una semana te casaras con Tarkan y tu vida y la de todos va a cambiar tomando el curso natural de tu destino.. Y no estoy para tus discusiones Hasret así que has lo que te estoy ordenando. Y tú niña ni una palabra de esto a tu padre. —manejaría esto ella sola. La mayor de los Demicir tampoco estaba para discusiones, no controlo la risa de ironía. Solo pensaba que su madre era una ingenua, y una mujer mala que no escuchaba a sus hijas. —Dile a la sirvienta que haga mi maleta o mejor aún prepárala tu, ya que te urge tanto, yo tengo que ir a trabajar. Su vida se estaba terminando. Se veía en medio de un camino que el terminaba en la orilla de un acantilado, y su única salida era volver por el mismo camino y aceptar que los sueños no eran para personas como ella, o su otra opción era lanzarse por ese acantilado y sufrir el desprecio de sus padres. El día corrió tan rápido, Hasret deseaba tener una bola mágica que le devolviera al inicio del día una y otra vez. Todos estaban en el aeropuerto, para abordar el avión que los llevaría a Estambul de ahí se transportaría en sus autos. —No te vallas Hasret — Paolo estaba ahí, con un nudo en la garganta y una impotencia. —Eres mi mejor amigo, por favor acompáñame —El apretó los ojos y se le quebró el alma la abrazo con fuerza, estaba perdidamente enamorado de ella. Pero siempre pensó que nunca recibiría el afecto que quería de ella, la conocía y se rendía antes de pelear. Esmerag se burlaba del amigo feminismo de Hasret. Reyhan veía el amor que ese muchacho sentía por su hermana y se le estaba partiendo el corazón por ver qué se separan, veía una trágica historia de amor. —No puedo, juro que no puedo, alguien debe estar al frente de hotel. — dijo evitando con todas sus fuerzas declararle sus amor. Tomarla del brazo y llevársela de ahí, pero era tan cobarde dejando que la dañaran. —Te voy a extrañar, toda la vida tendrás un lugar dentro de mi. Llámame solo si te armaras de valor para ser una mujer libre. A veces Hasret necesitaba de su amigo para ser fuerte, pero él no estaría para ella siempre, y en este momento que era cuando mas lo necesitaba este salía corriendo, dejándola en medio de leones. —¡Paolo, Paolo, espera Paolo no te vallas. Paolo!— ella soltó en llanto y la angustia la golpeó con todas las fuerzas en el estómago. Detrás de ella tenía su destino, no se atrevía a decirle que no a su padre por qué no estaba dispuesta a perder el Quinqué —Vamos Hasret, ya es hora —su madre la tomo de los brazos y la condujo al pasillo que llegaba a al avión. Esmerag torció los ojos al cielo, ella tampoco estaba saltando de alegría, pero algo se le estaba ocurriendo para evitar ese matrimonio. Durante el día los hermanos Kiliç trabajaron en el mismo mercado ayudando a llevar las cajas de fruta, bajándola de los camiones, recibiendo propinas. Siendo tan jóvenes y vigorosos, no se detuvieron en todo el día. La gente era generosa con ellos sobre todo las mujeres que no se habían casado aún, pero que sobre pasaban los veinticinco años. El dinero les sirvió para rentar una habitación con dos camas y un desayuno o cena por una semana en una pasada. Eso estaba bien para empezar. Ayhan pidió agua y una tina para asearse, la habitación no contaba con regadera. Ni con un espacio privado el tendría que bañarse frente a su hermano. —Mientras tu te aseas iré por ahí a caminar —el traqueteo del día lo había dejado oloroso, algo que no le preocupaba a Kivanç aún cuando fuese a ver a una señorita. Apestaba a trabajo duro bajo del sol. —¡Deja a Déniz en paz! — solo con ver la expresión en su rostro sabía qué este no sería un paseo cualquier —No le hagas una bajeza es una niña, por Dios cuando vas a dejar de burlarte de la mujeres —Bajeza es dejarla plantada, solo le haré una visita de cortesía le dejare claro que ella es una niña buena y que yo no puedo corresponder a sus sentimientos, por qué soy un lobo feroz que puedo hacerle mucho daño. —De verdad un día te vas a arrepentir de ser un canalla, recuerda que todo se paga en esta vida. —se encogió de hombros, cuando eso sucediese se sentará en el banquillo de los acusados y aceptara su sentencia. —A ti la vida te debe, ¿crees que a mí no? La historia de Kivanç era un poco triste, sus padres eran vecinos de la señora Fatma, su madre era una mujer dulce y cariñosa que murió cuando el tenía un año de edad. Su padre lo dejo por irse con otra mujer la cual no lo quería. Fatma lo cuido. Al crecer despertó un apetito s****l por las mujeres, pero no estaba tan desesperado por contraer matrimonio. Solo le gustaban todas, solo para intimar y seguir adelante, si podía amar a cada hermosa mujer que se le interponía en su vista por qué amar a solo una. Caminando en plena noche y con mucho frío llegó a aquella dirección que la niña le había dado. Era una casita con un pequeño huerto en la entrada. Había una ventana con la luz encendida aún en un segundo piso. Parado a media calle esperaba ver a Déniz. Después de un rato Déniz se asomó pensando que el joven de la mañana había preferido no ir a buscarla, no le debió parecer lo suficiente bonita para tomar el riesgo. Cuando vio la calle había un hombre observándola con una sonrisa. Le dije que se acercará el camino entre los árboles y le dijo que subirán a su habitación, con destreza lo hizo. 
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