Al acabar la cena, Marta, me tomó de la mano y empezó a hacerme un recorrido por su espléndido ático de Aravaca. La primera parte de su casa, para poder recibir a cualquier persona sin dar a conocer los verdaderos gustos de Marta (A pesar de las dos sumisas que recibían las visitas vestidas con el uniforme de látex, en casos concretos, bastaba con esconderlas, a la hora de recibir ciertas visitas), y, ya más dentro de la casa, una mazmorra para juegos b**m de unos 250m2, algo menos de la mitad de la casa, dedicada a esos juegos. Aunque Sara y yo, cada uno, tenemos una habitación para ese tipo de juegos de temática b**m, en realidad, es más un vestidor, en el que guardamos los elementos de juego, que una sala en sí misma. Pasamos por la habitación donde duerme Marta, una impresionante

