Ya en la habitación de Sara, que conocía a la perfección, por haberme follado a Sara allí muchas veces, comenzamos a besarnos y a tocarnos, a pesar de que, Sara, quería follar salvajemente y ser empotrada, pues eso fue lo que me dijo antes de comenzar la sesión de sexo, para acabar el domingo de la mejor manera posible. Empecé follándome su coño, pues era lo que, Sara, me había dicho, deseaba sentir todo mi semen dentro de ella, así que, comprobé, metiendo un par de dedos en su coño, que ya estaba lo suficientemente húmedo como para poder meter mi polla allí, y, tras notar el chorreo de los flujos de Sara en su coño, se la empecé a meter y a sacar, con fuerza, con ganas de que, a Sara, le doliera un poco y sufriera y gozara, a partes iguales. Para tratar de evitar movimientos de Sara,

