Damon comenzó a dehacerse de mi ropa de inmediato mientras yo hacía lo mismo con la suya. Parecíamos imanes. No podíamos apartar las manos uno del otro. Era increíblemente fascinante las sensaciones que bailaban en mí con solo un toque de él. Lo deseaba de manera febril e inquietante, tanto que incluso me daba miedo hacerme adicta a sus brazos, a sus besos, a todo lo que Damon representaba para mí. Yo tampoco quería dejarlo por ningún motivo incluso cuando dijo que debería mantenerse alejado de mí para que me enseñaran las cosas que tengo que aprender para recuperar a Félicité. El miedo me golpeó aunque yo misma sabía que debía dejarlo ir pero esta noche, no. Esta noche solo éramos Damon y yo. Sin importar lo que pasara mañana. Una vez más cuando estuvimos desnudos nos unimos a u

