Los cuatro avanzaron entre las mesas, guiados por un mesero de traje n***o impecable, con la sonrisa cortés y los pasos elegantes perfectamente medidos. Las suelas de sus zapatos apenas hacían ruido sobre el suelo reluciente, pulido como un espejo que reflejaba las luces azules del acuario que los rodeaba. Giselle se inclinó hacia Marina de repente. —Apuesto que el mesero es gay —le dijo con voz divertida. Marina tuvo que suprimir una carcajada. —Estoy contigo, ningún hombre heterosexual camina tan bien. —Él camina mejor que nosotras. Ambas rieron, ganándose una mirada divertida de Charles y una desinteresada de Caspian. Marina se sentía bastante feliz de ver a su hermana de tan buen humor, sin duda debía haberla alegrado el deshacerse de Lyon como pretendiente y que Charles

