Apenas los flashes de las cámaras y los aplausos se calmaron, Marina se apartó de Caspian y fue a abrazar a su padre y a su hermana, y luego juntos los tres se sentaron en la misma mesa que los Montenegro, mientras Bastián anunciaba alegremente que ya eran familia. Tania fue la última en sentarse, con el rostro rojo de la ira, cosa que a Marina le divertía bastante. Hacer enojar a esa bruja siempre era algo bueno. Los invitados más importantes comenzaron a acercarse a su mesa poco a poco, casi como si se organizaran a sí mismos en orden de importancia y poder, por lo que Marina reconoció a los primeros que vinieron a felicitarla, pero luego de un par de personas ya no supo reconocer a nadie y más bien tuvo que fingir que los conocía y forzar una actitud amistosa y risueña pese a los

