Marina sintió los labios de Caspian danzar sobre los suyos con firmeza y asertividad, casi de una forma… posesiva… y sus ojos se cerraron de forma inconsciente. No le correspondió al principio, abrumada por la sensación, pero luego se recordó quién era él, quién era ella y su venganza, y apretó los parpados con fuerza y le devolvió el beso de forma más apasionada, enredando sus brazos alrededor de sus hombros y luchando contra el asco y odio que sentía arremolinándose en el pecho. El beso no duró mucho más, por suerte, ya que fuertes golpes en la puerta los hicieron apartarse, y un segundo después la puerta se abrió con Tania seguida de su padre ceñudo mirando con desconfianza la respiración agitada de ambos. —¿Qué está pasando aquí? —masculló su padre, cruzando los brazos. —Sí, ¿q

