—P-pero Caspian… —El labio de Larissa tembló, mientras miraba con vergüenza cómo todo el mundo tenía sus ojos en ella, mirándola con pena ajena—. No entiendo… ¿no me vas a decir que ella en verdad te gusta? —Lo miró de forma acusadora. Marina miró de reojo a Caspian, preocupada de que fuera a dejarla en ridículo frente a Minerva, pero Caspian contestó rápidamente: —Larissa, lo que pase entre mi prometida y yo no es asunto tuyo, realmente, que nuestras empresas tengan negocios en común no te da derecho sobre mí, ¿eso es todo o piensas seguir haciendo el ridículo? —masculló con completa frialdad. Larissa sollozó y se marchó corriendo, con las manos cubriendo su rostro. Marina casi se sintió mal por ella, pero al recordar los ojos de odio con los que la miraba y la forma en la que la

