—Lewis, después de la reunión con los alemanes no regresaré a la oficina, así que puedes retirarte —me informa mi jefa, mejor conocida como Perséfone “La reina del inframundo”—. Antes de que te retires, quiero que dejes sobre mi escritorio las proyecciones de ventas de la nueva colección. —Como usted ordene, señorita Carter. En cuanto veo como desaparece por el elevador, mi alma regresa a mi cuerpo y esa ansiedad que siempre me carcome frente a mi jefa me abandona en cuestión de segundos, sin embargo, cuando escucho como se abren las puertas metálicas y mi jefa reaparece con cara de pocos amigos, me tenso de inmediato. —¿Se le olvidó encargarme algún pendiente? —inquiero tomando mi tablet listo para acatar sus órdenes, pero la mirada que me lanza como si me tratase de un gusano me deja

