Las cosas entre Noah y yo parecían haberse calmado. Y yo la verdad seguía sin entender por qué actuaba de esa forma. Lo hacía por momentos, y por lo regular cuando hablaba con alguien que no fuera él.
Sin embargo, llevamos la fiesta en paz toda la semana. Había vuelto el mismo Noah de siempre y estaba feliz de eso.
Ahora estábamos a punto de salir para pasar el rato en el lago. Estaba el clima perfecto para hacerlo. El suave toque de los rayos del sol se sentía muy bien hoy y Noah tuvo la maravillosa idea de invitarme a salir, lo cual me había tomado por sorpresa.
El lago no quedaba tan lejos de casa, está a las afueras de la ciudad y nosotros estamos en ese límite. No tardaríamos nada en llegar.
—¿Estás lista amor? —preguntó Noah apareciendo por la puerta del baño.
Tenía problemas para amarrar las cintas de mi traje de baño así que negué con la cabeza. Mordí mi labio inferior y él rio.
—¿Quieres que te ayude? —preguntó con ese acento que tanto me encantaba en él.
Asentí con una sonrisa y él me hizo darme la vuelta. Acarició mi desnuda espalda y dejó un beso en mi nuca. Sentí estremecerme completamente ante el tacto de sus labios contra mi piel. Sus manos se posaron sobre mis hombros y me atrajo hacia su cuerpo.
Cerré los ojos disfrutando sus suaves e irresistibles caricias. Bajó una de sus manos hasta mis pechos y luego una suave risita resonó en mis oídos. Mordió el lóbulo de mi oreja y casi dejo salir un grito de lo desprevenida que me había tomado eso.
—Ya he terminado, Sophie —susurró en mi oído derecho.
Casi sentí que iba a derretirme ante sus caricias y su ronca voz.
Salió del baño y me coloqué una blusa encima rápidamente. Tomé mi bolso y caminé hasta salir de la habitación. Noah me esperaba en el marco de la puerta.
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Cuando por fin llegamos bajamos del auto y preparamos el lugar en donde estaríamos.
Mi rostro se iluminó en cuanto vi a algunas personas allí. Era lindo que por fin pudiera convivir con alguien más que no fuera mi esposo.
No es que no me agrade pasar tiempo con él, lo amo, pero hay veces en las que me gustaría volver a estar como antes...cuando salíamos sin importar quiénes estuvieran por ahí, cuando podía hablar con los demás sin ningún problema.
—Sophia, no quiero que vayas más allá de aquellas rocas, ¿está bien? —murmuró y volteé a verlo.
—¿Qué?, ¿por qué? —me apresuré a preguntar.
Noah se puso los lentes de sol y comenzó a buscar algo en la maleta que habíamos traído.
Como si no le hubiera preguntado nada sacó la cámara y la encendió.
Rodé los ojos y me saqué la blusa. Solté mi cabello y caminé hasta donde Noah estaba para sacar mi toalla de la maleta.
Él observaba cada uno de mis movimientos y me hacía sonrojar.
—¿Qué? —pregunté con énfasis.
Noah sonrió de lado e hizo un ademán con la cámara en forma de tomarme una foto.
—Quiero hacerte una foto, te ves hermosa —dijo y no pude evitar sonrojarme.
Le sonreí e hice lo que me dijo.
Comencé a posar de formas graciosas y él me sacó varias fotografías. De nuevo el Noah que tanto me gustaba estaba de vuelta.
—Iré a bañarme, ¿vienes? —le pregunté dejando mis sandalias allí.
Él negó y se acostó en el césped.
—Dormiré un poco, no hables con nadie Sophie, sabes que no me agrada eso.
Callé lo que estaba pensando y fui hacia la orilla del lago. Me senté en una de las rocas y miré a las personas que estaban a unos pocos metros de donde Noah me había indicado estar.
Había chicas y chicos de mi edad y algunos niños con sus padres. Era lindo todo esto.
Miré mis espaldas y Noah seguía acostado con una revista sobre la cara...quizá no se de cuenta si voy con los demás...
Sin más me levanté de allí. Mordí mi mejilla internamente y respiré hondo. Él está dormido, ¿qué podría salir mal?
Caminé hasta donde había un par de chicas y chicos. Enseguida fijaron sus ojos en mí y me sentí algo avergonzada.
Miré a todo y luego encontré esos familiares pares de ojos marrones, era él, Adam.
—Hey, ¿estás sola, linda? —preguntó un apuesto chico de ojos miel y cabello semi rubio, era atractivo.
Me encogí en hombros y enseguida se levantó del césped. Caminó hacia mí y sonrió.
—Hola, soy Blake —se presentó extendiendo su mano y la tomé. —¿Eres nueva por aquí?, no te había visto antes —siguió diciendo y asentí. —Oh, entonces encantado de conocerte.
Le sonreí de la misma forma en la que él lo hacía. Estaba nerviosa, no conocía a ninguno salvo Adam.
—Soy Sophia Tremblay —me presenté y Blake asintió para después tomar mi mano.
Me guió hasta donde estaban todos. Dos chicas y cuatro chicos contando a Blake.
—Te presentaré —murmuró y asentí. —Chicos —habló llamando la atención de ellos. —Ella es Sophia Tremblay.
Sonrieron y me saludaron con la mano, yo hice lo mismo.
—Mira, ella es Jenn —señaló a la chica de ojos azules, piel blanca y cabello castaño. —Ella es Sam —ahora señalaba a la chica de cabello largo y castaño, ojos cafés y piel morena. —Él es Will —ahora miraba al chico de cabello rubio y ojos azules hermosos. —Y ellos son Dylan y Adam.
Dylan, por supuesto, era el chico de cabello castaño claro y ojos azules grisáceos. Y a Adam ya lo conocía.
—Mucho gusto —les dije finalmente y sonrieron.
—Bueno, siéntate con nosotros —habló el rubio y asentí.
Me senté con ellos y me tendieron una soda. No dudé y tomé de ella.
—¿Hace cuánto estás aquí? —preguntó Sam.
—Una semana y media, he venido a vivir a pocos minutos de aquí —ella me miró sorprendida.
—¿Tan lejos de la ciudad? —preguntó exaltada y asentí.
—Mi esposo eligió el lugar —me excusé y ambas chicas tosieron con sorpresa.
Todos me miraron anonadados, menos Adam, ya que él lo había averiguado primero.
—Yo reaccioné casi igual la primera vez —soltó el castaño de ojos café.
Lo miré y rodé los ojos. Todos eran tan exagerados siempre que decía que estaba comprometida y ahora más cuando me presento como una chica casada.
—Ya sé, sé que soy joven, pero soy muy feliz con él —dije mirándolos nerviosa.
—Tiene que ser un hombre muy guapo para eso, mírate que tú estás preciosa —alardeó Dylan y yo asentí.
—La verdad que sí, es muy guapo y encantador, pero su belleza no fue lo que me hizo casarme con él —sonreí como una enamorada.
—Oh, eso fue muy lindo —musitó Jenn. —¿Está aquí?, deberíamos invitarlo.
Mi sonrisa se borró en cuestión de segundos y negué. Noah posiblemente ya haya despertado y si no me ve...
Me puse de pie a toda prisa y los ojos de todos estaban encima de mí.
—¿Ya te vas? —preguntó el moreno y asentí.
—Fue muy bueno conocerlos, pero tengo irme, espero verlos luego —hablé rápidamente y me di la vuelta.
No pude dar un paso si quiera porque había chocado con alguien. Unos brazos duros me atraparon y tan solo en cuestión de segundos identifiqué ese tacto y ese olor peculiar que siempre me volvió loca.
—¿A dónde ibas, amor? —murmuró.
Su pecho vibró y me separé levemente de él. Tragué saliva con dificultad y sonreí con una curva en mis labios.
—No iba a ningún lado... —respondí con timidez.
—Te estaba buscando como un loco, ¿en qué momento te fuiste? —preguntó y su tono de voz era tan tranquilo que me estaba asustando.
Iba a decirle algo. Inventarle una excusa, pero en realidad no sabía qué era lo suficientemente creíble para cubrirme.
—Hey, calma hombre, ha estado bien con nosotros —oí la voz de Dylan.
Noah dejó de mirarme para encontrarse con los ojos del castaño. Me di la vuelta sintiendo mi cuerpo temblar.
—¿Bien? —preguntó entre dientes.
Dylan asintió si problema.
—¿No quieres sentarte con nosotros?, ya está oscureciendo y nos gustaría encender una fogata —lo invitó Will y Noah apretó mi brazo.
—Claro, deben quedarse, anda Sophie —insistió Blake y Noah carraspeó la garganta.
—No le digas así, solo yo puedo decirlo, ¿queda claro? —se acercó a Blake con amenaza.
Blake puso ambas manos en el pecho de Noah para apartarlo rápidamente. Adam se puso de pie al mismo tiempo que Will y Dylan.
—Calma hombre —soltó Dylan y Noah lo miró.
—Tú cierra la boca —espetó con enojo y se alejó del moreno.
Entonces yo intervine y tomé los brazos de Noah con los nervios de punta. Hizo un ademán como si fuera a golpearme, pero luego miró mis ojos y sacudió la cabeza.
No dijo nada y me tomó de la mano para después comenzar a alejarnos.
—Te ordené que no fueras ni hablaras con nadie —dijo con voz ronca y apretó mi mano. —Te he pasado varias Sophie, esta vez habrá consecuencias.