En cuanto llegamos a casa subí para darme una rápida ducha. O quizá una larga, una muy larga para evitar a Noah. Llevaba en realidad casi media hora sentada con mi ropa seca ya puesta sobre la tapa del retrete. Estaba pensando qué iba a pasar si las cosas con Noah seguían así...era como si me hubiera casado con una persona totalmente distinta. —¿Qué esperas para salir, Sophia?, vivimos juntos es inevitable que te pases por mí camino —escuché la voz de Noah desde afuera. Veía su sombra al frente de la puerta. Tenía un cristal con vista borrosa pero aun así podía verlo un poco. Sentí escalofríos del solo pensar que me estaba esperando, aunque en realidad no era algo que no sabría ya. Tímidamente me levanté y caminé hasta la puerta. Sostuve la perilla entre mis dos manos y tomé aire. Esc

