Capitulo 3
En cuanto llegué a la oficina, pude percatarme de un detalle particular.
En cuanto miré a mi alrededor, pude ver qué las personas iban y venían, había un extraño alboroto el cual no podía llegar a entender.
Detrás de eso, lo único que quería era simplemente que se acabara el día.
Había tenido una extensa jornada laboral de 8 horas; en la cual la sabía que no me iban a pagar.
—Trabajo para nada... —dije enojada mientras tiraba a un costado un lápiz.
Estaba molesta, lo peor de todo es que tenía que tomar esa decisión. Pero, una parte de mí no quería abandonar todo por lo que había luchado, tantos años atrás.
En ese momento, me puse de pie. De pronto, un hombre.
Él mismo, me observa con curiosidad durante unos segundos. Sostenía el teléfono, dejé suspendida la mano en el aire.
Estuve apunto de llamar a Sebastián, para finalmente decirle que si puedo escuchar; alguien entra por la puerta.
Lo hace a paso tan apresurado, y no me puedo ni siquiera detener a observarlo.
Es la persona del correo, de la empresa.
—Señorita, tengo este paquete para usted.
—Gracias Emilio —comento y el simplemente desaparece.
En cuánto observó la pequeña de caja de color marrón, empiezo a curiosiar desde qué punto podría llegar a abrirlo.
Al parecer es liviana, la sostengo tengo entre mis dedos, y no tiene nada pesado.
Comienzo a abrirla poco a poco, quitando el interior con cuidado. Me encuentro con una nota blanca.
En cuanto la abro puedo ver que hay unas letras escritas, perfectamente. No hay ni siquiera un solo error ortográfico, incluso utiliza los signos de manera bien, y eso me sorprende.
Se quién es, lo sé porque al final dice:
"Del vagabundo".
Cierro la misma con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Por qué estoy sonriendo? —me pregunto a mi misma.
No digo nada después, con simpleza guardo todo en su lugar.
Escondiendo aquel envoltorio; en una hora tendría una cena importante con los accionistas mi tío y mi futuro prometido.
Aún no era nada formal, así que sería mi oportunidad.
En cuánto voy caminando, me miro al espejo que se encuentra mi propia oficina, y hago una mueca.
Tengo el cabello despeinado, incluso no tengo la ropa adecuada para poder ir juntas. Era más bien del tipo elegante, me gustaba siempre tener un vestido largo informal en esa cenas.
Tendría tiempo de ir a mi casa, lo sabía.
Había salido muy tarde, pero no tanto como los demás días.
Eran las 8 de la noche, y la cena se iba a formar a las 9:00.
Con algo de apuro, me encontrabaen dirección al ascensor. Por fortuna a lo había alcanzado antes que pudiera llegar a subir o bajar.
Al salir al exterior, me subo a mi vehículo de color rojo, y lo enciendo. Miro con nostalgia hacia el frente, sintiendo una punzada en el corazón y extraño.
Confundida, me tomo el pecho y de igual forma miro hacia adelante para poder manejar.
Pongo una música bastante serena, me relaja me nervios, y sonrío.
Una hora más tarde, me encuentro vestida con más peinada y maquillada frente a todos los socios de la empresa, al igual que los accionistas y mi tío y primos.
—Estás muy bonita —comentó Sebastián, dándome un beso en la mejilla.
Aunque supe que su objetivo eran mis labios.
Esquivé con bastante gracia, aquel beso procurando que no pueda llegar a alcanzarme.
—Gracias —dije en forma tajante, soltandome de su agarra y apartandome.
Fui saludando a cada una de los socios. Eran un total de 11; habían algunos, que eran los básicamente los fundadores de la empresa.
Tenían tantos años, que ni siquiera podría contarlos con los dedos, tenías los jóvenes. Aquellos habían tenido el privilegio de heredar ese puesto.
No pues obvio se encontraba el malvado de mi tío; nunca antes me había hablado y ahora sí lo hacía.
—Sobrina, me alegra tanto verte aquí —dijo con una sonrisa cínica y simplemente me saludó después añadió mi oído— Espero que ahora hagas el anuncio oficial —susurró, y yo asentí con diversión.
Los socios comenzarán a comer y yo hice lo mismo; obviamente no desaprovecharía la oportunidad como de poder cenar algo tan delicioso como esto.
Por ese motivo como el único que quería era básicamente hacer eso junto con el paso del tiempo, me había acostumbrado a la ferviente idea como la que tenía que aprovechar.
Y esa ocasión iba a ser la excepción.
Cuando estaba terminando de devorar la carne esquisita, tenía mi plato. Mi primo se quiso poner de pies, yo sostuve su mano.
El mismo estaba a mi lado a pesar de eso yo lo ignoré en todas la cena.
Por más que quisiera entablar una conversación conmigo, yo lo ignoré.
No quería saber nada de él, de la persona que había confiado por tantos años, y no había tenido ningún temblor en sus manos de traicionarme.
Así me sentía con el, tal vez estaba equivocada. Pero de igual forma me sentía enojada.
En cuanto me puse de pie, mi tío me mira con una sonrisa, y dirigió una copa hacia mí mi.
—Querían anunciarles: me voy a casar —digo muy feliz. Cuando Sebastián se quiso poner de pie también, lo frené con la mano y añado:— mi prometido no ha podido venir, pero seguramente estaría muy orgulloso de verlos a todos ustedes.
El semblante de Sebastián, cambio.
—¿Quién es tu prometido? —quiso saber Lautaro, uno de los jefes de la empresa del sector de recursos humanos.
—Una persona que no conoce y pronto conocerán —dije con una sonrisa, viendo el rostro rojo de mi tío.
También vi de reojo, con un poco de culpa que los ojos de Sebastián se nublaron, y solamente se puso de pie para marchar.
Suspiré, sintiendome en parte mal por él.
De igual forma, no podían obligarme a hacer algo que no quería.
Después de saludar a todos los miembros, me tocó saludar a mi tío.
—¿Lo perderás todo, lo sabes no? mañana ya no te quiero ver en mi empresa —dijo y yo asentí con gracias.
—Está bien —murmuré en un tono tan bajo, sabiendo que oficialmente había enunciados me despido.
Me levanté, entonces mientras estaba saliendo, pude escuchar una voz a mi espaldas.
—No te creo —dijo la voz de Sebastián, y yo me giré.
Estábamos llegando a la salida, no solo mi pasado me faltaba un paso para mi libertad.
—¿Por qué no me crees? te digo que estoy casada —dije y él me miró con tristeza.
—¡Demuéstralo!, nunca te he visto con otro hombre. Así que dudo que sea verdad. Cásate conmigo Yolanda, tienes que evitar todo esté mal rollo que se está generando.
—No quiero casarme contigo —exprese de manera tan triste.
No hizo otra cosa más que hacerme sentir un poco más miserable.
—Lo único que siempre has pensado es en ti —dijo yo lo miré sorprendido.
En parte era cierto, pero que me lo diga tan así me hacía sentir miserable.
—Eso no es verdad. Ya verás como todo se puede llegar a aclarar.
Mientras iba caminando, puede sentir un brazo, me sostuvo con fuerza.
Me giro, me doy cuenta que se trata de mi tío.
Está rojo de la cólera, y me dice:
—Te dije que te casarás con mi hijo Mira cómo está —dijo y yo miré por el rabillo del ojo.
Mi primo se encontraba sonriendo de manera triste, mientras caminaba.
—Yo no me quería casar con él; él es como mi hermano...
—Como sea, te casarás con él porque seguramente es mentira y...
—Buenas noches —comentó la voz de un hombre, su voz gruesa el cual me hizo en parte erizar la piel.
Al levantar la vista, puedo ser bar con completa sorpresa, que esos ojos azules me estaban mirando desde un metro de distancia.
Pero a diferencia de las veces anteriores, tenía puesto un traje de color azul con alcohol hacía juego con sus ojos, y su cabello rubio
Esta vez sí era visible.
Ya no tenía que llevar bata larga, incluso me sorprendió lo guapo que era.
—Buenas noches —comentó mi tío, haciéndose hacia atrás.
Sabía que era un cobarde con las personas que no podía combatir, y en este caso no era la excepción. Me soltó, dicimulando que me estaba saludando, y simplemente desaparecio
Vi su movimiento el cual, no hizo más que electrizarme la piel y simplemente decidí seguirlo.
—¿Eres tú..? —quise saber confundidas.
—Soy yo.
—¿Hiciste todo esto para presentarte..? —quise saber.
—Lo que ocurre, es que quise ayudarte.
No entendía porque me había querido ayudar; pero de igual forma no desaprovecharía a esa ocasión.
Porque justo, despacio Sebastián, y toma de la mano el chico el cual no sabía el nombre.
—Gracias por ayudarme —comenté con una sonrisa divertida, y él me tomo de la cintura acercándome a el.
Pensé que me besaría, me quedé congelada de mi sitio, y él solamente dejo un beso depositado en mi cuello.
Nunca me había sentido de esa manera, pude ver de reojo que Sebastián se fue a paso rápido sin siquiera saludarnos.
Me sentía libre, aunque también me sentía desempleada.
Un sentimiento mutuo el cual no podía frenar. Y en ese momento lo único que quería: básicamente olvidarme de todas las cosas malas que podría llegar a ocurrir.
Y en ese pequeño instante, me daba cuenta de la situación de la cual me encontraba.
A pesar de eso, le seguí la corriente; aunque no entendía muy bien porque aparece un vagabundo de pronto con un traje caro, y todo afeitado.
De igual forma, le ofrecí ir a mi casa.
—¿Quieres... venir a mi casa?, la cual seguramente tengo que abandonar por no pagar el alquiler —le pregunté y el asintió.
—Está bien. De igual forma tengo que devolver esto y volver a mi lugar.
—Está bien, me gustaría ayudarte... pero tampoco sé dónde ir —dije con tristeza porque era cierto.
Básicamente ya no tenía ni un peso, y tampoco dónde vivir.
Miro con nostalgia, que tendría que buscar un trabajo diferente al que tuve durante tantos años.
Incluso cuando era una niña, siempre me gustaba estar en el trabajo de mi padre.
Me había recibido.
Sí, pero de ahí encontrar un trabajo decente, sería otra cuestión.
El área de administración de empresa, era una ocupación que la mayor parte siempre estaba ocupada. Y ahora en este momento me arrepentí de no haber estudiado otra cosa más accesible.
—Estás muy pensativa —comentó de repente y yo lo observé.
Podíamos escuchar los grillos cantando, los automóviles que iban de un lado al otro desplazándose sobre el cemento.
Pero a pesar de todo, no había forma, de saber...
Caminé durante muchos minutos, hasta que llegamos a mi departamento.
El mismo no quedaba muy lejos. Aunque de igual forma me gustaba andar en mi vehículo sabiendo que pronto lo perdería.
Lo estaba pagando en cuotas, y a pesar de eso está era la última. Lo peor de todo es que no tenía dinero para pagarlo.
Aunque estaba pensando seriamente en vender mis joyas y con eso podría.
Viviría en el auto.
—¿Cómo hiciste para todo esto? —quise saber aún bastante confundida, y él me miró divertido.
—Me prestó un amigo —dijo con simpleza y yo lo miré con curiosidad.
Una parte de eso, me transmitía un poco de desconfianza pero decidí omitir el detalle.
"¿Un amigo? ¿Y por qué no lo ayuda? Ese traje es costoso, su amigo debe tener dinero", pensé.
En cuanto llegamos a mi departamento, al mismo abre la boca con sorpresa.
Es que era lujosos, cada mueble era completamente nuevo, y todo muy moderno lleno de plantas de interior, y un gran ventanal el cual transmitía mucha luz punta amaba este lugar, y sabía que lo iba a perder en cuestión de días.
Un poco frustrada, fui a la cocina cómo sé que una de las pocas cosas que me quedaban para comer, al igual que una gaseosa fresca.
Nada más que agradecida que él hubiera librado esa pesadilla.
No habría podido soportar, tener que besar a mi propio hermano.
Sería horroroso y traumático.
Prefería perder todo, antes que dejar que alguien me obligar a hacer algo que no quería.
Él estiró su mano, para que le pudiera servir, y pude ver: las mismas eran muy delicadas y bonitas.
Todo su cuerpo, era como una obra hecha de arte o al revés.
"Obra de arte Jolanda"
Que con él, no podía pensar.
Miré hacia otro lado, cuando él se dio cuenta que lo estaba observando de mas.
Me sentía un poco incomoda y simplemente me senté en el primer taburete que vi.
El vagabundo imitó mi acción, sentándose en frente. Estábamos en la isla de la cocina, comíamos un sándwich que había preparado recientemente y lo había dejado la heladera.
—Esto... está muy rico —dijo devorándose todo al parecer tenía hambre.
"Tiene hambre..."
Me puse de pie, saqué unas empanadas que tenía para calentar en microondas, espero con paciencia un minuto.
Cuando estuvieron listas, las puse en la en la isla, y él también comió al igual que yo.
—Gracias, esto está muy rico —dijo y yo asentí.
Cuando vi que eran las 11 de la noche, supe que ya se tendría que marchar. Se puso de pie, y me dijo adiós.
—¿Quieres quedarte esta noche aquí?, al menos tengo un sillón cómodo por ahora —dije divertida y el asintió.
—Está bien, pero mañana tengo que volver.
—¿Volverás a ser un vagabundo..? —quise saber y el asintió.
—Sí, es mi lugar, no me queda otro sitio donde estar.
No estaba muy conforme con su idea, tranquilamente podría ser modelo de revista o algo por el estilo bonton suspiré, pero cada quien con sus ideales.
Yo estaría en la mismas condiciones del, al menos tendré mi vehículo.
En cuanto llegué a mi habitación, lo primero que hice fue a buscar todas las cosas y cosas con valor mañana temprano lo primero que haría sería vender eso para poder pagar el auto, y estar aunque sea con eso.
No lo vendería, porque de igual forma no es como que pudiera comprarme algo para permanecer.
Debería vivir en el auto y ver en qué ocasiones podría bañarme.
Era increíble la decadencia, había llegado.
Me sentía tan triste, en ese instante único que quería era desaparecer.
Tomé una pequeña valija y guarde todo ahí.
Me quedé perdidamente dormida, antes de poder arroparme o si quiera quitarme los zapatos.
Al día siguiente, el sol empezó a penetrar por la rendija de la ventana, me tuve que poner de pie para poder quitar toda esa molestia que causaba en mí.
Me di cuenta de que era tiempo de seguir adelante.
Al llegar a la cocina, puedo ver que el vagabundo ya no se encuentra.
Hago una mueca, por alguna razón había esperado verlo. En parte, había dado muchas vueltas en la cama. Sin saber muy bien que decirle al verlo y tanto para nada.
Me sirvo un yogur con cereales, sabiendo que sería lo último que compraría por ahora.
Era tan triste no tener dinero, saber que no podría darte ni siquiera los gustos básicos y en ese instante estaba muy deprimida.
Obviamente llevaría toda la mercadería que me quedaba como que por fortuna tenía bastante.
Pero, cosas que no se echaran a perder punto también solamente a llevar algunas milanesas como algo se pudiera llegar a conservar a la conservadora ponte los muebles como venían el departamento no los podría vender, sino seguramente tendría una demanda.
Suspiré, pero me llevaría todo lo que más podría. Aunque no tendría ni siquiera un lugar fijo punto con dolor en el corazón cómo tomo El pequeño bolso en el cual llevaré.
Para poder empeñarlas y tener dinero.
Cuando salgo al exterior, el sol no está tan fuerte debido, la hora en la que estoy.
Es un poco temprano son las 9 de la mañana y a pesar de todo me encuentro bastante feliz
saber qué es lo que en realidad, pero apesar de todo: quiero en este momento cómo sentirme feliz
No importa el tiempo, una de las opciones más vigentes que había tenido la vida, había sido de sobrevivir a pesar de todo.
En cuanto llego a la joyería, vendo todo.
Lo hago sin mirar atrás, y lo primero que hago es subirme a mi vehículo y pagar la última cuota.
Oficialmente me lo entregó los papeles y es mío.
Aunque no sé cómo haré para poder pagar el seguro y demás cosas.
Voy a tener que conseguir un trabajo de lo que sea urgentemente.
Me subo al mismo, y las lágrimas empiezan a caer.
Mañana tendré que entrar al departamento, puesto que en este mes no había podido pagar el alquiler.
Me sentía tan desamparada: un sentimiento que nunca antes había tenido mientras mi papá vivía.
De tenerlo todo, había pasado no tenerlo nada.
Lloré hasta que me estaciono enfrente del edificio.
Me preguntaba si aunque sea podría estacionar aquí, porque de igual forma no sabía que hacer.
Estaba tan desorientada, y ya había sacado foto a las cosas que podía llegar a vender.
Por suerte, habían algunos interesados. Lo único que tendría que hacer, esperar y poder tener un poco más de dinero para el mes.
Pero no era mucho, no me alcanzaría para alquilar algo.
Deberías buscar un trabajo; aunque sea que ese ese dinero sea para comer.
Es increíble en lo que había llegado, todo culpa de mi tío.
Ni siquiera por respeta la memoria de mi padre me había ayudado, pero ya vería cómo podría progresar sola, sin su ayuda.
Mientras voy caminando por los largos pasillos del edificio, me doy cuenta de que no he pasado por la plaza.
Me preguntaba si acaso él hubiera regresado a ese lugar, no lo sabía.
Me preocupo por él.
¿Y si hoy estaba muy nublado y llovía..?
Acaso al se mojaria y es enfermería. No pude seguir caminando, me di la vuelta para poder cruzar la plaza y ver si él estaba bien.
Mientras cruzaba, pude ver sus cosas. El vagabundo, sentado en el mismo lugar de siempre.
De nuevo tenía esa ropa harapienta. Aunque ahora diferencia de las veces anteriores tenía una especie de pañuelo rodeándole la cara.
Seguramente lo hacía, porque había perdido la barba. Se veía de igual forma muy atractivo.
Sus ojos, sobresalían de su piel un poco más morena de lo normal y era muy guapo.
"¡Deja de decir que es guapo!", mís pensamientos no ayudan.
No pude evitar sentarme a su lado, y él ni siquiera me miró como siempre.
—Gracias por ayudarme... te traje algo —dije y le entregue un sándwich de milanesa.
—Ya me agradeciste. No gracias ya comí —dijo simplemente sin mirar.
—¿De verdad..? te lo puedes guardar para después —comenté y el asintió.
Tomó el mismo, lo guardo entre sus cosas.
—¿Necesitas algo más..? —quiso saber.
Esta vez, sí me miró.
—Solamente... quería saber si estabas bien —dije con timidez sintiendo mis mejillas rojas.
—Estoy bien, ahora puedes irte.
En cuanto mencionó aquello, lo miré un poco sorprendida.
No esperaba que fuera tan hostil, de igual forma yo no le había dicho nada.
Diálogo porque te comportas de esa manera como pensé que diálogo yo no soy tu amigo solamente por ayudarte, ahora puedes irte mi hijo y yo lo mire como si tuviera tres cabezas, no podía creer que aquel hombre tierno se había transformado en alguien así. Me pongo de pie completamente enojada y simplemente me desaparezco.
Sin saber muy bien porque había hecho algo así.
En ese momento, lo único que quería era básicamente desaparecer
No podía creer que él me hubiera hablado de ese tono tan hostil.
¿Acaso yo le había hecho algo?
No lo sabía, me encontraba en mi casa después de algunos minutos había llegado como un relámpago.
En ese instante, lo único que quería era poder llegar a ese lugar.
Vendí cada uno de los muebles que podía, al igual que las ropas caras. Las cuales seguramente ni utilizaría.
En ese día, había vendido todo, y había tenido bastante dinero, con eso podría comprar comida cada día.
Aunque de igual forma necesitaba un trabajo, al menos lo esencial ya lo tenía
No me interesa en lo absoluto tener que vivir en un vehículo, de igual forma toda mi vida había tenido todo, creo que esta vez era tiempo de está en el lugar que me correspondía.
Me había dicho, las cosas pasan por algo ponte y que cada persona está dónde debe estar.
Tal vez ahora voy a vivir en un vehículo, pero eso solamente será provisorio.
Veo con tristeza mis zapatos, tenía 20 pares y los amaba cada uno de ellos.
Pero no me servirían de nada, me dejaría tres. Uno que me regaló mi padre con mucho cariño y dos que serían por las dudas que consideran un trabajo.
Dejé un poco de ropa elegante obviamente.
Pero tenía demasiada. Mi placard era de un tamaño de 4 x 4 metros, y ahora me ponía a pensar que lo exagerado que era todo.
En cuanto estuve todo el día vendiendo, no había podido pensar en el vagabundo.
Una parte de mí, ví sin nada de curiosidad de porque me había tratado de esa manera.
Suspiré, vi de reojo que había quedado en la mitad de un sándwich.
No había cocinado, había hecho solamente sándwich, porque igual forma yo no me había quedado carne quería guardar.
Sabía que este era el último día que me quedaba. Mañana ya tendría que desocupar todo.
Y al menos había vendido bastantes cosas para poder sostenerme.