Capitulo 2

2459 Words
Capitulo 2 Al día siguiente, me encontraba arrastrando mis pies en la oficina. Tenía que acomodar un montón de papeles; los cuales no me correspondían a mi. Pero al parecer, mi jefe quería hacerme sufrir a como dé lugar hasta que diera alguna respuesta concreta. "¡Odio todo!" Frustrada, decidí salir para buscar una taza de café. A pesar de que había una cafetería en el lugar, no quería estar ahí. De vez en cuando, siempre pasaba mi tío y en este momento era de las ocasiones en las cuales no quería verlo para nada en el mundo. Suspirando, me encontraba bajo el calor del Sol; al mediodía era un poco más insoportable que de costumbre. Levantó mi mano, no había traído ningún sombrero que me ayudara. Emma, no se encontraba la recepción y aquello me dio una pizca de curiosidad; sin embargo, decidí encaminarme para poder comprar mi preciado café con hielo. Como siempre, tenía que atravesar la enorme plaza que conectaba ambas partes. Después de algunos minutos de caminar sin cansancio, observé con algo de curiosidad que el hombre se encontraba en el mismo lugar. Con los pies cruzados, con una taza enfrente del y personas que lo rodeaban. Le deoositaban dinero. "Seguro lo va a utilizar para vino", pensé. Suspiré, había intentado con toda mi fuerza por algún motivo no verlo, sin embargo ahora me encontraba en su dirección. Estiré mi mano, y cuando estuve apunto de depositarle algo de dinero, él me habló. —No necesito de tu dinero, niña malcriada —dijo, y yo lo miré sorprendida. No había esperado, que él me rechazara a primera vista. Yo, sabía que era una persona un poco extraña, y un poco difícil de manejar, pero que alguien me deteste de esa manera primera vista era algo irrefutable. "Al menos sé que soy bonita" —Solamente te quiero ayudar, la mayoría de las personas dejan dinero y tú no... le dices nada —dije levantando la ceja. Cruzando mis brazos, el billete estaba entre mis dedos. —Pues... no necesito de tu ayuda dijo sin mirarme, y por un breve instante: hubiera deseado que sus ojos azules se conectaran con los míos. "Esos ojos..." "¡Controlate Yolanda!" No lo hizo, en ningún momento levantó la vista y simplemente me ignoró. Algo enojada, doy un repliqueteo a mis zapatos y el al parecer se molesta mas. —Ese sonido es muy molesto —dijo y esta vez, sí me observó. Sus ojos azules se camuflaban entre la sociedad, y entre el cabello que tenía en el rostro. —Pues acepta mi dinero —dije y me encogí de hombros. Me incliné a su altura, y él no aparto la vista de mi ningún ningún momento. Nuestros ojos se conectaron por una milésima de segundo, y no pude evitar sentirme sonrojada. No era de esas mujeres que lo hacían a menudo, a pesar de que tenía la dicha de estar rodeada de bastantes personas. Cuando estiré la mano, dejé el billete depositaba la palma de la suya. Su suave contacto, por un instante me erizo la piel. "Tiene una piel muy suave", pensé y me confundió eso. Miro hacia arriba sin entender muy bien, porqué había sentido eso. —Vete, no puede ser que te ensucias —dijo con sarcasmo, en un perfecto acento. Hice una mueca, y frunci las cejas, sin estar de completamente de acuerdo a su respuesta. —Entonces... báñate tú —dije con desdén, poniéndome de pie e ignorándolo. Quise seguir caminando a toda prisa. "Este hombre me cae mal" Aunque una parte de mí sin saber muy bien porqueporqué: hubiera querido quedarse ahí al lado del. Y cuando llegue a la cafetería, me senté de la mesa más apartada que podía existir. Me gustaba estar en la esquina de atrás, donde podía ver las personas pasan a través del vidrio, y sentía que una parte de mí y de mis preocupaciones, se alejaban. —Que tranquilidad... —murmuré. De pronto, empieza a sonar mi teléfono. —No dije nada. Puedo ver que mi cuenta se estaba quedando poco a poco en ceros: había pagado el alquiler del departamento; también la hipoteca de la casa nueva que había comprado; además de todos los gastos y alguna tener ingreso en esos tres meses de qué falleció mi padre. No sabía qué hacer. Tenía un sueldo retenido, pero a la palma de mi mano y eso no hacía más que frustrarme. Algo enojada, me pongo de pie para poder ir de nuevo a la empresa. Me crucé la plaza, intentando no verlo, sin embargo fue bastante imposible. Mis ojos buscaron los suyos. Pero en ningún momento lo vi;estaban sus cosas, pero él no estaba. Me dio curiosidad; sin embargo ignoré todo. Cuando llegue a la empresa, me encaminé a toda prisa a la oficina de mi tío. Estaba enojada, ni siquiera me molestó. Y en ese momento, ingresé. —¿Se puede saber por qué entras sin golpear..? —habló la bocina expresiva de mi tío. El mismo, ni siquiera me observó mientras tenía unos papeles en su escritorio. —¿Se puede saber por qué no me pagan mi sueldo..? —pregunté en un tono hostil. —Yo ya te dije, cuando digas que sí, a la propuesta que te he dado todo se solucionará. Ahora te puedes retirar; me estorbas —comentó en tono enojado, y yo lo miré con lágrimas en los ojos. —¡Ya verás que todo te lo cobraré..! —dije señalándolo y simplemente desapareciendo. Quería desaparecer de ese lugar, no podía llegar a aceptar que tendría que cansarme con alguien a quien lo amaba. Lo peor de todo es que veía como un hermano, ni siquiera he recibido sus llamadas. No podía llegar a entender de quién fue esa idea loca. Mientras caminaba a lo largo del edificio, me tropezaba las personas y sentía que ni siquiera existían a mi alrededor. Hasta que finalmente me tropecé con un cuerpo duro, y al levantar la vista puedo darme cuenta que se trata de un traje. La persona, no es nada más y nada menos que sebastian. El mismo me mira con una sonrisa triste y simplemente me toma de la mano. Ingresamos, a lo que al parecer era su oficina y él se sienta. —Supongo... que tenemos que hablar —comenta, toma mi mano tal cual lo hacíamos cuando éramos pequeños; pero esta vez se siente extraño. "¡No llores!", me pido en forma mental. No quiero levantar la vista, porque si lo hago sé que voy a llorar. —Dime algo —insistió, pero a pesar de eso mis ojos se encontraron en el suelo que la alfombra era de un color rojo profundo y era lo más interesante que podía apreciar. —No tengo nada que decir —dije, esta vez sí lo miré. Sus ojos se mostraban tristes y confusos, sin embargo no me soltó ningún momento y yo me sentí agradecida por ese breve instante en que no lo hiciera. Si él me soltaba, me caería de lo profundo de la depresión y tristeza. Porque a pesar de todo, siempre iba a ser mi pequeño hermano. Aunque de igual forma, él me llevara tan solo un año de edad. Sebastián era abogado, mientras que yo siempre me había dedicado más a la administración. —Yo siempre... siempre estuve enamorado de ti —confesó y yo lo observé vez sin entender sus palabras, pero me mareé. Me puse de pie, soltándolo en el instante, y dando pasos hacia atrás. —Tú... sabes que yo siempre te vi como un hermano —confesé. —Lo sé, pero se lo dije a mi padre y lo lamento mucho, no pensé que tomaría eso como un modo de amenazarte. —Pues... dile que es mentira, dile que no es cierto. —Lo lamento —dijo sin mirarme, y al parecer él estaba de acuerdo con presionarme y casarme con el; decepcionada por primera vez de Sebastián, me alejo y antes de salir por la puerta digo: —Yo nunca me voy a casar contigo y si lo hago, nunca pidas que yo te ame —confesé con dolor y simplemente me desaparecí. Me quité los zapatos para poder correr con más prisa, las lágrimas esta vez no se retuvieron como la dejé libres.com a las cuales se desaparecían con el viento junto al salir al exterior, sentí un flash goma tan intenso que me llegó por un breve instante. Solamente me di cuenta después de caminar unos pasos, era el sol; el cual quemaba mis pies incluso. Crucé de la calle, puedo ver qué algunas personas me observan con curiosidad, seguramente porque viene a una chica con el cabello enmarañado y los pies descalzos. Me siento en el primer banco que veo, porque estoy tan mareada, que siento que en cualquier momento vomitaré lo poco que había consumido en el día. Apoyó mi rostro entre mis rodillas y lloró. Lloro, con la intensidad que hace muchos años atrás no lo había logrado. Mi alrededor se nubla, solamente puedo sentir el temblor de mi cuerpo, y mis uñas se clavan en las palmas de mis manos. Como un incentivo para saber si realmente estoy viva. Hay alguien al lado mío, lo sé por el olor fétido que hay. En cuanto me había enderezado, me quito las lágrimas de un manotazo. Puedo ver que se encuentra el mismo vagabundo de siempre. No dije nada, simplemente se queda ahí a mi lado y yo empiezo hablar. —No puedo creer lo que me han hecho, se han acordado en un mutuo acuerdo para casarme con... No puede ser tan miserable, en este momento sin de vestir un pozo profundo ¿Tú qué harías en mi lugar..? Bueno la verdad... no tienes mucho que perder; pero yo... yo tengo tanto que perder —digo y simplemente miro mis manos con interés; después añado:— ¿tú qué piensas, tú qué harías en mi lugar? Él simplemente me escuchó y no dijo nada. Se encogió de hombros y yo seguía hablando. —Pues no lo sé, creo que me iría del país. El problema es que seguramente me van a encontrar. No sé porque quiere que me casé con él. Ahora sé que mi primo en verdad siempre había estado enamorado de mi, pero eso no tiene justificación. No tiene porqué querer estar conmigo, sabiendo que yo solamente lo puedo llegar a querer como un primo. Eso me llena de enojo —comento con dolor. Y de nuevo vuelvo a llorar. El extraño, no dice nada ni siquiera da un solo movimiento, puedo ver por el rabillo del ojo que simplemente mira hacia delante. —¿Qué haces aquí..? —quise saber a saber, ya que él no hablaba. —Nada, solamente te vi llorando y me acerqué. En cuanto dijo esas palabras; esta vez sí me observó, yo lo hice de igual manera. Aunque lo veía un poco borroso debido a las lágrimas: una mancha oscura, con unos destellos azules, me observan con curiosidad. —¿Y eso por qué..? pensé que no te preocupabas por la niña malcriada —dije con desden, poniéndome de pie. Algo me frenó, una mano sobre mi antebrazo me hizo volver a sentarme. Cuándo preste atención, me puedo llegar a dar cuenta que él me había frenado. Mis ojos se llenan de dolor. Porque era todo tan difícil, en ese momento no podía pensar en otra cosa más que en el profundo dolor. En ese momento, de las cosas que menos quería era sufrir. Con el paso del tiempo, me había acostumbrado a las miradas despectivas; las personas que me ignoraron cada vez que pasaba y esta vez como era algo bastante extraño. —Pero ¿por qué te preocupas por mí? ¡Aléjate! —dije, simplemente empecé a caminar. —Deténte —comentó, yo lo miré con curiosidad. Se puso de pie, y yo... por algún instinto el cual lo pude llegar a prever lo seguí. Se sentó en una parte, donde habían bastantes arbustos, y los árboles tapaban cualquier visión. Yo me senté a su lado, y por primera vez pude apreciar su espalda varonil; la cual estaba cubierta por una camisa vieja y estropeada. Sus ojos azules me miraron por un breve instante y empezó a hablar. —Si piensas que eso es lo peor que te puede llegar a pasar en la vida, déjame decirte que estás equivocada. Puedes seguir adelante, tienes opciones. Puedes decidir; simplemente renunciar. —Lo sé ¿pero de qué manera quiere que pague todos los gastos que tengo..? me van a hipotecar la casa que pague por tanto esfuerzo, me van a quitar mi auto y mis cosas y... —Entonces, estás hablando que solamente te interesa el material como si te interesa tanto. Pues... ve y cásate con ese rico ¿no te parece más sencillo? —comentó y empezó a mirar el cielo mientras se tiraba hacia atrás. —Tú lo dices tan fácil ¿quieres que termine como una vagabunda cómo tú..? —le pregunté mientras imitaba su accion. Los dos estamos arrojados sobre el césped, observando las nubes. —Al menos no estoy atado a nada —dijo sin decir nada más. —¿Cómo terminaste así..? —quise saber con curiosidad y el sonrío. Tenía los dientes más perfectos y bonitos que había visto en la vida, A diferencia de lo que yo podía llegar a pensar. El mismo se rió divertido, y yo no pude evitar fruncir el ceño, se estaba riendo de mí. —Es algo mío y personal —dijo tajante, estiró la mano y dijo:— Mira el cielo; mira lo bonito que se ve con esas nubes. —Entonces... tu pasatiempo favorito es mirar nubes —respondí. Pero le hice caso: me perdí en lo bonito que se veía la naturaleza; las hojas que estaban colgadas en los árboles; en el color verdoso y marrón que podía colarse en mis ojos. Solamente me quede tranquila, escuchando la respiración del y la mía. Incluso el olor se había disipado entre los rosales que habían cerca. —Ya no te puedo oler, siento olor a flores —susurré. Pude escuchar su risa a mi lado. —Siempre huelo así —murmuró. —Mentiroso. Me sentía cómoda con alguien, el cual ni siquiera se me había insinuado. "¡Y que tiene mal olor!" De pronto abro los ojos con gran tamaño. —¡Cásate conmigo! —demando y él, me observa con una mueca de desagrado. "¡Yo soy bonita", pensé. A menos que medio mundo, me mintiera. —¿Qué? ¡Estás loca! —dijo exasperado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD