Capítulo3

1178 Words
Capítulo 3 Tengo tanta rabia, recuerdo cada palabra que dijo y como lo dijo, el miedo que ocasionó en mi ¡No katrina! No lo permitas me ordenó a mi misma, pero mis ojos arden por las lágrimas acumuladas en ellos ya no puedo contenerlas más... ellas simplemente salen como manantiales una tras otra recorriendo mi mejilla. El motor de un automóvil resuena sobre el estacionamiento desierto, buscó con la mirada el origen del ruido y lo reconozco al instante... Emmanuel y su grupito de amigos están pasando el rato, antes de que pueda verme, cambio de ruta dando vuelta para regresar y entrar por la otra puerta que da al estacionamiento. Después de anoche no sé cómo enfrentarme a él. Por fin veo mi carro al final de la fila; busco las llaves en mi bolso, pero antes de poder abrir siento como algo me empuja desde atrás impactando en mi carro, un escalofrío recorre todo mi cuerpo trató de recuperar mi postura pero alguien me lo impide. —Al fin a solas zorrita -la voz de Antonio me sorprende coloca un pie en medio de los míos con un fuerte golpe me obliga a separarlos. —Suéltame imbécil -forcejeo, pero la posición en la que estoy me impide moverme. —Tranquila pronto terminaré ¿ya no tienes nada qué decirme perra? Te demostraré qué tamaño tiene mi pene cuando te lo meta por el culo -restriega su cuerpo en el mío, mis manos las tomó por atrás de mi espalda en un movimiento brusco y doloroso. —No suéltame ¡Auxilio! -grito desesperadamente pidiendo ayuda pero lastimosamente el lugar está desierto. —Nadie te escuchará, me excita cuando gritas -su aliento lo siento pegado a mi oído, sus manos recorren mis piernas deteniéndose en mi trasero —Esto me gusta ¿me quieres sentir nena? —No, me das asco -con todas las fuerzas que tengo me inclino hacia atrás impactando mi cabeza con la de él en un fuerte golpe. -Mi nariz -da unos pasos hacia atrás, tomándose el puente de su ya magullada nariz. Tengo dos opciones: O busco mi bolso para sacar mis llaves del auto, o corro como loca posesa. Y en este momento me agrada más esta última así que.. Tomó impulso y corro por el lugar, uno de mis tacones se resbalen por el asfalto haciéndome caer de bruces al frío y húmedo piso, intenté ponerme de pie pero un golpe en espalda me hace caer de nuevo. El dolor es fuerte y sofocante Antonio me tomó de la cintura volviéndome de boca arriba, puedo ver la diversión en su rostro y la excitación que esto le produce se refleja en sus pantalones, esto es un juego para él, me remuevo buscando la forma de golpearlo... no me daré por vencida ¡Lucharé hasta el último momento! —Quédate quieta -me ordena subiendo en horcajadas sobre mí. —No... suéltame ... no lo hagas -me remuevo con desesperación en el lugar ¿qué hago? —¿Ya no eres tan valiente como hace rato? -se acercan a mi rostro, pasa su lengua por sus labios —Me gustaste desde el primer día en que te vi -hunde su rostro en mi cuello inhalando fuertemente —Tu aroma me vuelve loco ¿sabrás igual a como hueles? -se acerca a mí haciendo contacto con mis labios los cuales mantengo cerrados con fuerza. —Bésame -me ordena —¡No! -le sostengo mi mirada, no se lo voy a dejar tan fácil. —¡Besame! -toma mi cara entre sus manos con fuerza y brusquedad para poder besarme, abro mi boca y cuando hace contacto con mis labios lo muerdo con fuerza haciéndolo sangrar. —¡Eres una perra! -me gritó furioso, no veo en qué momento lo hace pero puedo sentirlo.... el impacto en mi mejilla duele, me quema, inmediatamente saboreó el sabor metálico de la sangre en mi boca, pero no le es suficiente, me voltea el rostro con otro golpe y otro y otro.... mi cabeza está dando vueltas y no logró escuchar nada me siento desorientada. En ocasiones es mejor estar dormida a enfrentar la mierda que la vida puede traerte, dicen que cuando estamos en un ataque de esta magnitud tu cerebro crea un mecanismo de defensa provocando la inconsciencia, te vuelves un espectador de tu propia miseria, prefiero estar dormida que despierta y así no sentir nada, pero no, el mismo dolor me trae de vuelta mi realidad. Enfocó la mirada y encuentro sus ojos, me observa como un animal analizando un pedazo de carne, sus manos rasposas desnuda lentamente a mi cuerpo ¿en qué momento dejé de luchar? No me puedo dar por vencida.... con esta idea empiezo a planear un escape; el libera mis manos para concentrarse en mi sostén que se abrocha por la parte de adelante, él muy idiota no tiene idea de cómo desabrocharlo y yo aprovechó la situación, mis manos localizan un objeto grande y puntiagudo me puedo imaginar que es una piedra, espero pacientemente el momento indicado es mi única oportunidad muevo mis labios sin lograr que mi voz salga de mi garganta, lo que llama su atención. —¿Qué? -me mira curioso y Antonio se acerca a mi boca girando su cabeza para colocar su oído y escucharme mejor, en ese preciso momento tomó la piedra y le golpeó en la nuca el cae arriba de mí, por un minuto sonrío y mis pulmones vuelven a trabajar con normalidad es sólo por un breve minuto pues él se reincorpora con los ojos inyectados de sangre, su mano empuñada va para directo a mi rostro volviéndome a mi posición inicial. Mi imaginación y mis deseos de que alguien venga y me rescate me está jugando una mala broma a lo lejos escuchó la voz de Emanuel escucho gritos y el peso que tenía sobre mí desaparece, pero no me atrevo a moverme Cierro mis ojos para descansar me siento tan cansada... —Katy nena, abre tus ojos -puedo escuchar una voz lejana es como si él estuviera en el agua, unos golpecitos en mi rostro y la ternura en sus palabras son como bálsamo para mis heridas. Abro mis ojos buscando unos de color gris y en su lugar hay unos de color Esmeralda observándome con preocupación —Emma... Emanuel -no puedo hablar bien mi boca se siente extraña y grande. —Todo va estar bien nena -toma mi mano y se la lleva sus labios —La ambulancia viene en camino. —¿Ambulancia? No, estoy bien -el sonido que sale de mi garganta están extraña me parece tan ajena trató de incorporarme y lo veo: Antonio está a unos metros de mi, los amigos de Emmanuel lo tienen sometido, pero él me mira fijamente con una mirada amenazadora tomo de la chaqueta de Emmanuel pegandome a su pecho en busca de su calor y su protección —Tranquila nena... Yo te cuidaré siempre -me estrecha entre sus brazos dándome las fuerzas que ya no tengo…
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