Capítulo4

1179 Words
Capítulo 4 La ambulancia llega en escasos minutos, no quiero una ambulancia no es necesario, pero Emmanuel piensa lo contrario. Mi cuerpo me duele, mi cara esta caliente y la siento inflamada no soy consciente de lo que paso realmente ¿él logro su cometido? Desvío mi mirada no quiero verlo tengo tanta vergüenza que no puedo sostenerle la mirada. -Tranquila nena ¡mirame! Soy yo Emmanuel. -pasa su mano por mi mejilla provocándome una mueca de dolor ante su caricia , aunque trata de ser tierno, mi piel esta muy sensible hasta para soportar la caricia del pétalo de una rosa. -Lo siento, no quise...-desvía su mirada hacia el techo; la manzana de Adán se mueve al momento de tragar saliva, se que no encuentra las palabras correctas para decirme... Lo entiendo no hay palabras correctas ante tal acto. -Descuida no me duele tanto.. -miento -Solo me sorprendiste -sonrió o eso intenté, al hacerlo una cortada en mi labio se abre liberando el líquido carmesí. El sonido de las sirenas anuncian la ambulancia y atrás de ella un patrulla llega. -¿Llamaron a la Policía? -pregunte en un susurró. -¡CLARO! Teníamos que hacerlo. Debes denunciar a este tipo, las cosas no pueden quedar así... Tiene que pagar por lo que te hizo... Y lo hará créeme . -eso sonó más a una promesa. No me está pidiendo mi opinión, tal pareciera que él tuviera las riendas de todo, se ve tan seguro, yo lo único que quiero es desaparecer y que este día termine. El camillero baja de la ambulancia acercándose a mi con un uniforme completamente blanco y un maletín en su mano. Se inclina y comienza examinarme meticulosamente. -¿Puedes caminar? -me pregunta el hombre malhumorado de mediana edad y rizos en todo su cabello. -No lo sé -contestó insegura, no lo había intentado desde que ese bruto me golpeo. -Mejor no lo intentes -me dice Emmanuel evitando con su mano que me levante -Traigan la camilla -le ordena al hombre con dureza. El camillero lo ve con mala cara, por un instante se pone en pie de mala gana, pero le obedece. Presiento que esta a acostumbrado a salirse con la suya. Entre el camillero y el chofer de la ambulancia me suben a la camilla y de ahí al interior de la ambulancia. Busco con la mirada a Emm y lo veo hablando con el policía, hablan por unos minutos más y se despiden con un abrazo con bastante familiaridad. Antonio camina despacio con la mirada pérdida, esta esposado y escoltado por dos oficiales que al pasar cerca de la ambulancia alcanzo a escuchar lo que uno de ellos le dice: -¿Sabes lo que les pasa en la cárcel a los violadores? - se carcajea en sus narices. Su comentario hace que se me erize la piel. No se que les pasa a esos hombres pero no creó que sea algo bueno. El camillero sube a la ambulancia y de tras de el sube Emmanuel. -¿Qué haces? - le veo curiosa, no quiero que se sienta presionando o comprometido a quedarse conmigo. -¡Voy contigo! - se encoge de hombros, toma asiento y se coloca el cinturón de seguridad que está detrás de él. No me opongo, la verdad es que muero de miedo; no quiero estar sola en todo eso.. El saber que hay alguien afuera esperando por ti hace todo menos doloroso. Mis padres no están en la ciudad, mi hermana está con alguno de sus novios así que no tengo quién se preocupe por mí; ya debería estar acostumbrada después de tantos años, pero creó que siempre buscamos y anhelamos el amor y la protección de la familia. Llegamos al hospital y los doctores comienzan a hablar con el camillero (como si yo no estuviera ahí) sobre mi estado se salud y el procedimiento a seguir. Minutos más tarde me pasan a una habitación y unos instantes después llega una enfermera muy joven para mi gusto, le tengo fobia a las agujas y que sea una enfermera muy joven me da la impresión de que es inexperta y eso no ayuda mucho a mis locos nervios. -Hola Katrina, soy Caren y seré tu enfermera el día de hoy. -sonríe mostrando una hermosa y perfecta dentadura. -Te tomaré tus signos vitales y después te canalizare ¿sabes qué es eso? -me pregunta mientras saca un algodón de un extraño recipiente, lo exprime un poco y limpia mi dedo corazón de mi mano derecha. -No, no sé qué es -suspiro y giro mi cabeza hacia la ventana que esta a mi izquierda. -Bueno pues... -toma mi dedo y siento un pinchazo en el, giro rápidamente para ver que es lo que me hizo. Mi dedo sangra veo como pone una gota de sangre en una maquina rara -Pincharemos tu brazo para poderte pasar medicamento por tu vena -continua como si nada hubiese pasado se lo que hace, me distrae para que no me ponga más nerviosa. ~•~•~•~•~ No se cuanto tiempo pasa, o cuanto tiempo llevo dormida pero una caricia suave rosa mi mano, despierto reaccionando ante tal muestra de cariño. Los labios de Emmanuel están pegados en mi mano dejando un leve cosquilleo en ella y despertando corrientes eléctricas por todo mi cuerpo. ¿Cómo un simple beso puede despertar el deseo? Emmanuel levanta la mirada y me sonríe haciendo que olvide todo lo ocurrido. -¿Como te sientes? -acaricia mi mano e inclina su cabeza es como si quisiera inspeccionarme, entrar en mi mente... Conocerla a fondo, pero eso es imposible en ocasiones mi mente hasta a mi me sorprende. -Me siento... Mejor -miento, pero ¿qué mas puedo decir? Que me duelen músculos que desconocía su existencia, que mi autoestima y mi valor está por los suelos? No, ¿con qué fin he de hacerlo? -¿Ya no te.. Duele? -dice con sutileza. -¿Por qué sigues aquí? Vete Emmanuel -retiro mi mano de la suya, no me gusta que me tengan lastima, y él no tiene ninguna responsabilidad hacía conmigo. -No, me quedaré aquí contigo, ya deja las tonterías a un lado. -me ve con fijeza, se reclina en el sofá y cruza la pierna. -No tienes por que estar aquí, yo estoy bien... O lo estaré, tú vete. -no quería estar sola, pero ya me la arreglaría -Además él médico dijo que mañana me daría el alta. -bueno me dijo que después de que vea los resultados de los análisis clínicos. -No insistas, además aquí trabaja mi tío y puedo aprovechar para saludarlo. -sube y baja las cejas, se que por mas que insista no se irá así que me hago a la idea. La enfermera entra con una charola con medicamentos en ella. -Es hora de tomar el cóctel de la felicidad - dice la enfermera regordeta con una sonrisa rara en su rostro. ~•~•~•~•~•~•~
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