Cristóbal se despertó sobresaltado con el pitido agudo de una de las máquinas a la que estaba conectada Nicole. Se levantó del sillón en el que estaba sentado y se acercó con celeridad a su mujer que estaba con los ojos cerrados y no reaccionaba. En pocos segundos, la sala se llenó de enfermeras y a él lo sacaron de allí. ―¿Qué pasa? ―preguntó el hombre desesperado. ―Tranquilo, espere aquí ―le dijo una enfermera en el pasillo. ―¿Qué pasa? ―insistió. ―La van a atender y verán lo que ocurre, usted no se preocupe. ‹‹¿Cómo me piden que no me preocupe?››, protestó en su mente, no era momento de que lo atendieran a él, su mujer era la prioridad. ‹‹Por favor, linda, no se te ocurra dejarme solo››, rogó con lágrimas en los ojos. En un tiempo que le pareció eterno, médicos y enfermeros

