Corro desesperada luego de saltar de forma sorprendente e increíble el enrejado sintiendo mi corazón muy acelerado. Me detengo muchísimos metros después y me apoyo de un árbol intentando recobrar el aliento. Respiro hondo una, dos , tres veces. Por fin creo que puedo continuar. Pero de pronto veo que alguien viene por la misma acera. Es un hombre con una capucha. Miles de presentimientos me invaden. Entonces camino de prisa buscando una calle principal. Un auto pasa por mi lado y baja la velocidad.
—Hola preciosa, ¿ Puedo llevarte a algún lado? Dime cuánto cobras mamacita —dice el muy idiota. Entonces decido correr llorosa. Tengo muchísimo miedo. Para mí fortuna el depravado sigue su curso. Pero temo que se devuelva y no me vaya nada bien si lo hace. Al voltear de nuevo no miro al hombre encapuchado. Entonces acelero el paso preguntándome qué hora será. Parece muy tarde.
La noche envuelve las calles en un manto oscuro y silencioso mientras camino con determinación, sosteniendo el sobre vital en mis manos temblorosas. Cada paso que doy resuenan en el vacío, aumentando mi sensación de vulnerabilidad. El halo tenue de las farolas apenas ilumina mi camino, creando sombras inquietantes que parecen acecharme desde cada rincón y aumentando mi enorme ansiedad.
De repente, un escalofrío recorrió mi espalda cuando percibo una presencia siniestra detrás de mí. El hombre encapuchado emergió de las sombras, sus pasos sigilosos apenas audibles sobre el asfalto me toman por sorpresa. El latido acelerado de mi corazón se convirtió en la única melodía escalofriante en medio de la quietud de la noche.
Mientras mi perseguidor cierra la distancia, intensifico mi ritmo, impulsada por el instinto de supervivencia. Oigo como mis pies golpean el suelo con fuerza, mi respiración agitada llena el aire gélido. Mis ojos se fijan en cada esquina, buscando una posible salida.
El sonido de los pasos de mi atacante resuenan cada vez más cerca, envolviendo mi mente en un torbellino de miedo y determinación. “Tengo que sobrevivir”. “Tengo que escapar”. Pienso desesperada. En un último esfuerzo encuentro un callejón estrecho y me adentré en él, buscando refugio temporal. El silencio se volvió ensordecedor mientras me oculto en la oscuridad, luchando por controlar mi respiración entrecortada y sintiendo las gotas de sudor recorrer mi cara y mi espalda baja.
De momento pienso que me he salvado. Pero mi escondite no duró mucho tiempo. El hombre encapuchado me alcanzó, su figura amenazadora emergiendo de las sombras una vez más se posa frente a mi. Entonces recordé aquellos cursos de defensa personal. En un instante, me transformo en una fuerza imparable, defendiéndome con una valentía sorprendente. Golpes y gritos llenaron el aire mientras lucho por la posesión del sobre, cada uno empujando sus límites físicos y emocionales. El hombre me arroja con fuerza al suelo y me levanto dándome cuenta que me quitó el sobre. Corro hasta él y muerdo su brazo bajo la tela con fuerza.
Finalmente logro liberarme de mi agresor, arrebatando el sobre de sus manos. Con el corazón palpitante, me alejo corriendo, dejando atrás la escena de la confrontación. Me doy cuenta de que él no me sigue. Entonces cuando creo que estoy segura me detengo un momento. En ese instante la noche parece suspirar aliviada junto a mi, mientras me adentro en la oscuridad, sabiendo que había superado una prueba de fuerza y coraje que había puesto mu vida en peligro pero que no me dejé vencer. Veo una avenida principal muy cerca , a solo una cuadra y corro hasta allí, cuando miro una patrulla policial y corro desesperada para interponerme. Me atravieso frente a ellos y se detienen. Entonces empiezo a llorar desesperada. Los oficiales se bajan y me preguntan si alguien me ha estado siguiendo o si estoy en peligro de muerte. Yo solo les ruego que me lleven a casa y muy afectada sigo llorando mientras me suben a la patrulla. Él miedo me vence ahora que analizo fríamente que pude morir esta noche. Ninguna fortuna puede valer más que mi vida y ahora siento decepción de mi misma por haberme puesto en esta situación tan terrible.
…
Llego finalmente a la mansión Thompson y entro por la puerta de atrás como se me ordenó. Pero estoy tan afectada y tan nerviosa que entro directamente a mi habitación y me doy un baño para relajarme. Son aproximadamente las tres de la madrugada. Entonces me dejo caer en la cama y luego de tanto intentar dormir lo consigo. No podía quitarme la cara de ese hombre de mi mente. Oía los gruñidos de ese perro feroz y tuve muchas pesadillas. Soñé que me perseguían por una calle oscura y finalmente me atrapaban y me quitaban ese sobre para luego estrangularme.
Abro los ojos pues la claridad del amanecer toca mi cara. Me estiro en la cama y al voltear grito asustada. El señor Richard está de pie al lado de mi cama. Parece observarme .
—¿ Que hace usted aqui? —Me levanto como Dios me trajo al mundo pues salí del baño a la cama. Estaba muy cansada y estresada y solo quería cerrar los ojos y dormir para olvidar la pesadilla que viví. Quise cubrirme pero recuerdo su ceguera.
En la tenue luz de la habitación, puedo apreciar la expresión seria en el rostro de mi jefe mientras me observa. Sus ojos, cubiertos por unas gafas oscuras, refuerzan la idea de su ceguera. Me levanto rápidamente para buscar el sobre pero siento su mirada sobre mi. Pese a sus gafas noto cómo su mirada parece penetrante, como si pudiera ver más allá de lo evidente.
—¿ Puede salir un momento? Estoy desnuda señor Richard. Ya le hago entrega del sobre—digo. Él respira hondo y continúa allí. Luego rie con malicia.
—No puedo verte. Esperaré que te vistas y hablamos—dice sin moverse. Pero extrañamente miro que desvía la mirada mientras me visto.
Su presencia imponente, vestido con elegancia en contraste con mi propia desnudez, crea una atmósfera de tensión y misterio o quizás solo son ideas mias.
Él no se va y yo siento que vulnera mi intimidad, pero también me hace sentir intrigada su presencia en este momento tan íntimo.
Sigo preguntándome si su ceguera es real o solo un disfraz que oculta algo más. Mientras tanto, los pensamientos se entrelazan en mi cabeza, generando una mezcla de temor, curiosidad y una extraña atracción hacia esa figura enigmática que permanece frente a mí. Entonces habiendo terminado de vestirme voy por el sobre. Me pongo frente a él y se lo entrego. Él lo toma y sonrie mordaz. Frunzo mi entrecejo como si él estuviera a punto de jugarme la peor de las bromas. Él abre el sobre y saca de él una barra de chocolate. Abro mi boca impresionada y muy confundida. Él le quita la envoltura y muerde un trozo. Hace un gesto de placer.
—¿ Chocolate?—pregunto consternada y le arrebato el sobre para ver si hay algo más. Pero no contenía nada más aparte de ese chocolate. Frunzo mi entrecejo muy enojada.
—Usted está loco. ¿ Acaso se está burlando de mí? —pregunto y una lágrima sale sintiéndome decepcionada, herida y humillada.
—No. Claro que no. Era esto lo que quería que trajeras.
—¿ Un maldito chocolate? ¿ Por un chocolate puse mi vida en peligro?—pregunto e impulsivamente le doy una fuerte bofetada que realmente no lamento. Él hace un gesto sorprendido.
—Casi me matan, fui atacada ¿y usted disfruta su chocolate sin remordimientos? Está loco, completamente loco. Pero me voy, me voy , no trabajaré para un desquiciado enfermo como usted que lo único que ha hecho es…—Él me rodea con sus brazos mientras intento ponerme los zapatos. Lo miró muy frustrada y limpio una lágrima rebelde.
—No te puedes ir Jess. No ahora que me has demostrado que puedo confiar en ti. Está fue una prueba de lealtad y la has pasado. Transferiré una gran suma a tu cuenta y desde ahora trabajarás para mí —Lo miro aterrada, impresionada y con ganas de gritar llena de emociones que desconocía que podría tener.