Capítulo 3: El club de teatro.

2253 Words
Bratt intenta por todos los modos que vuelva en sí pero no puedo, Scott es mi crush y que tu crush te sonría ya es para que te pierdas en otro mundo. Ya cansado, mi amigo me pega en el hombro; el dolor me devuelve a la realidad y lo miro mal. —¿Qué demonios fue eso? —repliqué enojado. —No había otra forma —dice Bratt inocente—. Mejor dime, ¿qué fue eso? hace algunas horas te miró como bicho raro, ahora te sonríe —menciona sorprendido. —Creo que me voy a desmayar, Bratt —digo dándome aire con mi mano como si me estuviera ahogando. —Toma —murmura Jeremy dándome su gaseosa, con la mirada fija en su libro. Me río suavemente, creo que no entiende bromas— No, Jeremy, es broma, no estoy por desmayarme, solo era un drama cómico... ¿entiendes? —le sonrío sincero. —De acuerdo —sonríe de medio lado, cerrando su libro. Nos levantamos de la mesa y salimos de la cafetería, ya otro día de escuela que se acaba. En casa de Luke Llego a mi casa algo cansado y sudoroso por el calor que está haciendo en Georgetown hoy, la ciudad es fría, la mayor parte del tiempo, pero cuando hace calor, es infernal; apago mi IPod y abro la puerta de mi hogar. —Ya estoy en casa —anuncio apenas entro. —No nos interesa —responde mi hermana Abby, desde la sala. —Te odio —le grito, cerrando la puerta. —Te odio más —me responde ella. Me río y descargo mi mochila en la sala molestando a mi hermana de paso. Subo a mi habitación, prendo mi portátil, coloco a cargar mi celular y entro a internet un rato. Investigo una que otra tarea y me quedo viendo vídeos chistosos; no tengo mucha vida social, así que mis r************* , que son pocas, están inactivas. Entrando la noche me llega un mensaje de Bratt y comenzamos a charlar por mensajes. Siempre hablamos, no hay día en el que no nos digamos un "Hola" por lo menos; solo una vez no hablamos en todo el día y fue por una pelea estúpida, pero no duramos mucho, a la mañana del día siguiente los dos nos hablamos al mismo tiempo. Ya tipo 9 de la noche decido dormir, me despido de Bratt, alisto mis materiales para mañana y le deseo "buenas noches" a mi familia, no sin antes avisarles a mis padres que iría a casa de Cameron a hacer el proyecto de historia, ellos aceptaron solo si les decía dónde era la casa. Llego a mi habitación y me dejo caer en los brazos de Morfeo para soñar con la linda sonrisa de Scott. Al otro día, miércoles. Me despierto gracias a mi linda alarma que, además, interrumpió mi beso con Scott; me levanto adormilado y voy a mi baño a lavarme la cara y los dientes, bajo a desayunar, saludando a mi padre de paso, mi hermana y madre ya se habían ido. Mi padre es contador de una empresa importante en la ciudad, mientras que mi mamá es asesora de imagen por lo que esporádicamente se encuentra fuera de casa. Mi hermana, por otro lado, asiste al colegio privado St. George, donde sí reciben a mujeres; es dos años menor que yo, así que le faltan años para ir a la universidad. Subo de nuevo para bañarme y alistarme para la escuela, tomo mis lentes y guardo, además, un cambio de ropa, algo me dice que lo necesitaré. Después, salgo de mi casa, me coloco los auriculares y reproduzco la canción "Hot N Cold" de Katy Perry y con dicha canción tomo camino a la escuela, voy por la ruta más larga para ver sí vuelvo a ver a mi vecino, pero mi mala suerte me acompaña, no aparece por ningún lado; así que sigo mi trayecto. En la escuela Al llegar a la entrada no noto a Bratt, es raro, él siempre es el primero en llegar, su papá siempre lo hace madrugar y lo trae en carro, ahora es mi turno de regañarlo por llegar tarde, y sacar a colación el dichoso horario. Mi bolsillo vibra, saco mi celular y veo su mensaje. B.F.F Luke! Estoy enfermo con gripa, no creo poder ir a la escuela, lo siento. Te quiero. Yo Te voy a extrañar, también te quiero. Genial, ahora estoy completamente solo; ¿qué falta? Que Jeremy no esté... Pensándolo bien, mejor voy a averiguar. Camino hasta el patio de la escuela y ahí está, bajo un árbol leyendo su libro. «Bueno, ahora tocó ser más social con Jeremy» me dije. Sigo hasta el árbol y me hago al lado de Jeremy, él no se percata de mi presencia; ese libro debe ser muy interesante para no notar que alguien se acerca a ti. —Hola, hoy Bratt no vendrá, así que seremos tú y yo contra el mundo —digo para romper el hielo. Él baja la vista de su libro, me mira, sonríe de lado y me responde— Hola, espero se recupere Bratt, guerrero contra el mundo. —Vuelve a su lectura. Vaya, tiene sentido del humor. Le sonreí en respuesta y lo dejé seguir con su lectura, mejor disfruto del silencio que, de verdad, es cómodo. Me colocó los auriculares de nuevo y reproduzco 'Call Me Maybe'; «ay, cómo quisiera darle mi número a Scott para que me llamara cada noche» pensé embobado. El tiempo pasa rápido y el timbre de inicio de clases suena, veo que Jeremy se va levantando y lo imito, y tomo camino a los casilleros. Ya frente a mi casillero saco mis libros correspondientes, cierro y camino solo a la clase del maestro O'Connor, matemáticas. Este es un hombre de mediana estatura, cabello oscuro y ojos claros, es alguien serio e inteligente, y es lindo (como casi todos los maestros de aquí). Evado a los bravucones con éxito, sin Bratt me siento menos respaldado en los momentos que ellos nos molestan (aunque mi amigo no sea muy valiente frente a ellos). Entro al salón y me hago en mi silla del medio y a mi lado veo que rápidamente se hace Cameron, convirtiendo la situación bastante extraña; él jamás se hace en el medio, siempre los nerds están en el frente para ver mejor y poder tener la palabra ante alguna pregunta del maestro. —Hola —me saluda—. Recuerda lo de hoy. —Sonríe sonrojado. Cameron siempre me ha parecido extraño, aunque nunca le presté atención como ahora; es un chico muy nervioso y se sonroja con facilidad, en la clase de deportes siempre es el que eligen de último, junto a mí; es muy sobresaliente en ciencias e informática, aunque su habilidad social es casi nula, una vez le pedí un borrador puesto que, en esa ocasión, me encontraba detrás suyo, él se sonrojó muchísimo y el borrador se le cayó tres veces antes de poder entregármelo. —Descuida, lo tengo en cuenta siempre, los beneficios de estar en grupo con un nerd —susurré lo último. —¿Qué dijiste? —pregunta extrañado. —Nada, nada. —Me hago el inocente—. En tu casa tienes los materiales y el libro, ¿cierto? —pregunté para cambiar de tema. —Eh, sí, tengo todo allá —responde confuso por el cambio de tema, tal vez. —De acuerdo, entonces puedes hacerte en la parte de adelante...donde vas —le sugerí sin sonar grosero. —No, esta vez quiero hacerme aquí —contesta con un tono amigable. —Vale —digo algo confundido. La clase siguió en una completa "calma", Cameron no dejaba de mirarme tímido y de reojo, yo no me podía concentrar y por eso recibía regaños por parte del maestro O'Connor, cuando no respondía una ecuación bien. «Ay, Bratt, unas horas y ya me haces falta, amigo» pensé. La clase finalizó y salgo rápido del salón, llego a mi casillero, guardo mis libros y voy al patio, un poco de aire fresco me relajará. Lo bueno es que no hay más clases, el resto son actividades extracurriculares como arte, música y teatro. Yo elegí teatro, el maestro es raro, pero es buena onda. Somos muy pocos los que vemos teatro, cinco en total; Bratt, Isaac Clark, Frank Wilson, Michael Morrison y yo. Las clases se imparten en el auditorio de la escuela, a donde me dirijo, tal vez algunos ejercicios actorales me hagan tranquilizarme más. Llego y me encuentro solo con Michael. Él es parte del grupo de los "góticos", es un chico bajito, cabello n***o puntiagudo y ojos cafés, siempre con ropa negra, delineador de ojos, piercing en cada oreja y una personalidad misteriosa y sombría; es raro que esté en esta clase, pero, según me contó Bratt, lo obligaron a hacerlo, por mala conducta al parecer. —Saludos, Michael —le dije amable. —¿Ah? —Se quita un audífono—. ¿Dijiste algo? —pregunta aburrido. —Nada, solo saludaba, sigue en lo tuyo —le dije restándole importancia. —Ok —responde y se coloca de nuevo su audífono. Viro los ojos y me pongo a calentar porque, aunque no lo crean, esto también requiere actividad física (es la única actividad física que acepto). Después de media hora llega el resto de los integrantes, menos Bratt obviamente. A la final hace su entrada el maestro, literal, hace un entrada. —Llegó por quién lloraban y rezaban —vocifera el maestro Downer, un actor retirado que trabajó en Hollywood y en Broadway, el director Griffin tuvo que rogarle mucho para que al fin impartiera la clase; es algo loco, y tiene una muy buena relación conmigo por ser uno de los que mejor le ha rendido—. Reúnanse, vamos, vamos, no se queden atrás. —Nos indica subiendo al escenario—. Bueno, mis niños. —Se nos queda mirando—. ¿Me falta alguien? —pregunta. —Sí, maestro, Bratt está enfermo, no pudo venir —le informé. —Bueno, fuera las malas energías; prosigamos —dice empezando con los primeros ejercicios actorales. 15 minutos de ejercicio y ya estábamos haciendo un monólogo cada uno frente al maestro, para medir cuánto hemos mejorado desde que empezamos hace tres meses. El mío fue sobre un enamorado no correspondido, como anillo al dedo me quedó el personaje. —Bien hecho, señor Carter, ha mejorado infinitamente. —Me felicita el maestro con orgullo, cuando termino y me siento a su lado. Siguen pasando uno por uno y llega el turno de Michael, su personaje era un enfermo de psicosis mientras sufre de las llamadas "voces en la cabeza", pero no lo hace muy bien que digamos, tiene más ánimo otra cosa que él. —Mal, mal, mal, señor Morrison, sigue igual o peor que cuando empezó. —Suspira el maestro resignado—. Ay, Hollywood, llámame para otra película y sálvame de acá —susurra mientras se soba el puente de la nariz. Yo solo me río por esa acción y él me guiña el ojo en complicidad. —Maestro, púdrase —Michael le enseña el dedo del medio y sale del auditorio enojado. —Ahora es mi culpa —rechistó con molestia el maestro —. Bueno, clase, lo han hecho muy bien, en su mayoría, pueden retirarse. —Nos despide y cada uno va saliendo—. Señor Carter, le dice al señor Adams que prepare un monólogo para la próxima semana, por su falta de hoy —me pide. —Listo, maestro, yo le digo —me despido con la mano y salgo del auditorio rumbo al parqueadero. Terminada una actividad extracurricular, puede uno irse a su casa. Por eso mismo ando en el parqueadero sin ver a ninguno de mi grupo de historia, maldita sea la hora en la que no tengo ningún contacto con ellos. Mi celular vibra y lo saco creyendo que es Bratt, pero me extraño al ver un número desconocido. Número desconocido / 2:09 pm Estamos al lado del deportivo rojo, el único de ese color que hay, no te demores. Por cierto, soy Cameron. Yo Quiero saber cómo conseguiste mi número. Cameron M. Bratt. No sé si agradecerle o matarlo... Prefiero las dos, gracias a él supe dónde estaban los de mi grupo; pero lo mataré porque sé la segunda intención con la que le dio mi número, se cree Cupido. Camino buscando el deportivo rojo y después de cinco minutos lo encuentro, y a mi grupo también. Cameron está con un libro en sus manos distraído, Scott está chateando en su celular y Logan está acicalándose el cabello en el espejo retrovisor del deportivo; vaya grupo que me tocó, cada uno es diferente. —Hola —los saludo y todos tres me miran. —Te demoraste —me replica Cameron. —Lo siento, no encontraba el deportivo —dije inocentemente. —En fin, vámonos —dice Scott montándose en el asiento del conductor—. Tú, nerd, vas adelante, para que me indiques dónde queda tu casa. —Enciende el auto colocándose unas gafas oscuras, que lo hacían ver muy sexy. —Me llamo Cameron —rechista molesto. —Me vale, siéntate —Scott le resta importancia. Logan y yo nos hacemos en los asientos de atrás, mientras Cameron se sube adelante. Scott enciende el auto y conduce hasta la casa de nuestro compañero inteligente.
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