EL RASTRO DEL DESEO

1319 Words
Alex: Nunca me consideré un hombre inseguro. Desde que tengo memoria, el control ha sido mi idioma, mi refugio, y mi mayor ventaja en cualquier relación. Con Cecy no fue diferente. Yo marcaba las reglas, y ella las aceptaba, o al menos eso creía. Sin embargo, en las últimas semanas, algo cambió. Algo imperceptible al principio, como una corriente subterránea que apenas se siente pero que amenaza con desbordarse en cualquier momento. Todo empezó con Lucas. Al principio no lo noté. ¿Por qué lo haría? Para mí, Lucas era solo un abogado más del bufete, una pieza más en el engranaje. Pero con el tiempo, su presencia comenzó a ser imposible de ignorar. Las miradas furtivas entre él y Cecy, las risas compartidas en los pasillos, incluso la manera en que ella parecía buscarlo con la mirada en las reuniones, todo eso comenzó a formar un patrón. Y, por primera vez en años, sentí algo que nunca pensé que Cecy pudiera provocarme: celos. Una tarde, mientras trabajaba en mi oficina, los vi juntos en la sala de descanso. Cecy estaba riendo, una de esas risas despreocupadas que hacía tiempo no escuchaba. Lucas estaba inclinado hacia ella, demasiado cerca para mi gusto, y aunque no podía escuchar lo que decían, la tensión entre ellos era evidente. Cerré los ojos por un momento, tratando de calmar el torbellino de pensamientos que se arremolinaban en mi mente. Me decía a mí mismo que no importaba, que Cecy estaba jugando un juego que yo podía controlar. Pero una voz persistente en el fondo de mi mente me decía que, tal vez, esta vez no era un juego. Me encontraba en una posición que nunca pensé que experimentaría. Sabía que no tenía derecho a reclamar nada. Después de todo, yo había cruzado la línea con Natacha más veces de las que podía contar, y no sentía culpa alguna por ello. Mi relación con Cecy siempre había sido un territorio ambiguo, una mezcla de pasión, control y conveniencia. No había promesas de exclusividad, al menos no explícitas. Pero la idea de que ella pudiera estar haciendo lo mismo que yo, que pudiera estar compartiendo su cuerpo y su atención con otro hombre, me carcomía. No sabía qué me dolía más: el hecho de que pudiera traicionarme, o el hecho de que, al hacerlo, se estaba liberando del control que yo tanto me esforzaba por mantener. Decidí observarla más de cerca. En los días siguientes, presté atención a cada detalle: las veces que Lucas pasaba por su escritorio, los mensajes que parecían intercambiar durante las reuniones, incluso las pequeñas sonrisas que compartían. Una noche, mientras revisaba unos correos desde casa, vi un mensaje de Lucas dirigido a Cecy en la bandeja de entrada del sistema del bufete. Era un correo de trabajo, nada fuera de lo común, pero el tono era demasiado informal para mi gusto. "Espero que te guste el café que te dejé en la sala. Necesitaba animarte después de esa reunión tan tediosa. Nos vemos mañana :)". La sonrisa en ese emoticono final me quemó más de lo que quería admitir. ¿Qué estaba pasando entre ellos? ¿Era solo coqueteo inocente, o había algo más? Esa noche, mientras Cecy dormía a mi lado, me descubrí estudiándola con nuevos ojos. ¿Qué pensaba cuando me daba la espalda en la cama? ¿Acaso su mente estaba con Lucas mientras yo la tocaba? Mis manos, que habían recorrido su cuerpo tantas veces con familiaridad y deseo, ahora se sentían inseguras, como si no supiera a quién estaba tocando. Por primera vez, me sentí vulnerable, y esa vulnerabilidad me enfurecía. Al día siguiente, la tensión era palpable en el bufete. Durante una reunión en la que Lucas y Cecy estaban presentes, no pude evitar mirarlos con atención. Lucas, siempre tan tranquilo y confiado, parecía disfrutar del efecto que causaba en ella. Y Cecy... su comportamiento era ambiguo, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo, pero se negara a admitirlo. Cuando la reunión terminó, aproveché para acercarme a Lucas. —¿Cómo van los preparativos para el caso? —pregunté, mi tono casual pero cargado de intención. —Todo en orden, Alex. Cecy ha sido de gran ayuda. Es una profesional increíble. Sonreí, aunque por dentro sentía una punzada de celos al escuchar su nombre en su boca. —Lo sé. Es una de las mejores. Lucas asintió, pero en su mirada había algo que no me gustó, algo que me decía que no le tenía miedo a mi posición ni a mi poder. Esa noche, en el apartamento, decidí abordar el tema con Cecy de manera indirecta. —Parece que Lucas está muy impresionado contigo —comenté mientras cenábamos. Cecy levantó la vista, y por un momento vi algo en su expresión que no pude descifrar. —¿Ah, sí? —respondió, fingiendo desinterés—. Es un buen compañero de trabajo. —¿Solo eso? Su mirada se endureció, y su tono cambió. —¿A qué viene esto, Alex? —Solo me preocupa que estés demasiado... cómoda con él. Ella dejó el tenedor sobre la mesa, mirándome directamente a los ojos. —¿Cómoda, dices? ¿Como tú con Natacha? El golpe fue directo, y no supe cómo responder. Cecy se levantó de la mesa y se dirigió al dormitorio, dejándome solo con mis pensamientos y mi furia contenida. Esa noche apenas dormí. Las imágenes de Cecy y Lucas juntos seguían apareciendo en mi mente, cada vez más vívidas y dolorosas. Me imaginaba a Lucas tocándola, susurrándole al oído, arrancándole esos gemidos que alguna vez fueron solo míos. Por primera vez, comprendí lo que era sentir celos en carne propia. No era solo una molestia pasajera; era un fuego que me consumía desde dentro, un recordatorio constante de que no tenía control sobre ella, de que nunca lo había tenido realmente. En medio de mi tormento, recordé que tenía acceso al sistema de correos internos del bufete. Aunque sabía que era una invasión de privacidad, mi necesidad de respuestas era más fuerte que mi ética. Busqué correos entre Lucas y Cecy, pero no encontré nada incriminatorio. Todo parecía profesional, incluso aburrido. Eso debería haberme tranquilizado, pero no lo hizo. Sabía que, si algo estaba pasando entre ellos, no lo dejarían por escrito. Mientras los días pasaban, mi comportamiento comenzó a cambiar. Me volví más atento con Cecy, tratando de recordarle por qué estábamos juntos en primer lugar. Pero también me volví más controlador, más paranoico, buscando señales donde tal vez no las había. Cecy, por su parte, parecía disfrutar de mi incomodidad. Había una nueva confianza en ella, una seguridad que me desconcertaba. Ya no era la misma mujer que podía manipular con facilidad; ahora era una fuerza impredecible, y eso me aterrorizaba. Una noche, mientras estábamos en la cama, me giré hacia ella y la miré a los ojos. —¿Me estás siendo infiel, Cecy? —pregunté, mi voz apenas un susurro. Ella me miró durante un largo momento antes de responder. —¿Eso es lo que piensas? —No sé qué pensar. Cecy no respondió. En lugar de eso, se giró y apagó la luz, dejándome solo con mis dudas y mis miedos. En ese momento, supe que algo tenía que cambiar. No podía seguir viviendo con esta incertidumbre, pero tampoco sabía cómo enfrentar mis propios errores y mis propias contradicciones. En Conclusión, el juego que había comenzado con tanta confianza ahora se estaba desmoronando a mi alrededor, y no sabía cómo detenerlo. Cecy se había convertido en un misterio para mí, y Lucas era una sombra que no podía ignorar. Y yo, por primera vez en mi vida, me sentía impotente. Sabía que tenía que tomar una decisión, pero no sabía cuál. Y mientras miraba el techo esa noche, me di cuenta de que tal vez ya era demasiado tarde para recuperar lo que había perdido.
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