Caminé hasta la ventana de mi oficina, observando las luces de la ciudad desde mi torre de cristal, un imperio construido con inteligencia, estrategia y poder. Un imperio que nadie podía desafiar, mucho menos una mujer como Kira, por más que quisiera resistirse. El sonido de los tacones de Kira resonó en el pasillo antes de que la puerta se abriera con un suave crujido. La vi entrar con esa mirada decidida, esa postura que aún no había cedido a la presión. Sus ojos se clavaron en los míos, desafiantes, pero sabía que lo que pensaba no importaba, ya no tenía control. Yo lo tenía todo. — ¿Te lo has pensado bien? — le pregunté, mi voz baja y precisa, como si cada palabra fuera una capa más en su cautiverio. Ella no respondió de inmediato. Estaba evaluando la situación, pensándolo t

