Encontré muy buenas reseñas sobre la institución y además, estaba cerca de mi apartamento, podía ir caminando incluso.
Frecuentemente me comunicaba con mi madre y con Jack para saber cómo estaban, y para darles razón de cómo iba mi vida y la de Babou.
Pasaban los días y yo empezaba a adaptarme a la vida en Oklahoma, salía por lo general todo el día mientras conseguía empleo y por fortuna después de llevar dos semanas viviendo allí, tuve una entrevista en una heladería y finalmente me dieron el trabajo.
Emocionada, llamé a mi madre a contarle la nueva noticia y junto a Frank, me desearon la mejor de las suertes, por mi parte, me encontraba muy entusiasmada y lista para empezar al día siguiente.
Decidí caminar cerca al lugar donde tendría mi nuevo empleo y era agradable, mucha gente entraba y salía, familias compartían un rato agradable entre sí acompañados de un delicioso helado y mientras yo analizaba todas estas situaciones, pensaba cómo hubiese sido mi vida si hubiera tenido una familia mínimamente unida… Tal vez ni siquiera pasaría por mi mente hacerle daño a los demás o atentar contra su vida — pero ya lo hecho, hecho estaba— , y ahora no pensaba en retroceder o desistir de hacerlo. Simplemente para algunas personas como yo es difícil dejar de hacerlo, y sabemos que son cuestiones que jamás entenderán las personas que no lo hacen o que son víctimas nuestras; la mente de un criminal esconde y lucha con tantas cosas, jamás terminaría de contarles lo que pasa por mi mente día y noche, incluso ahora detrás de estas rejas donde intento remediar mis errores.
Pero no era momento de lamentarme, había asumido un reto y estaba dispuesta cumplirlo a costa de lo que fuera; Kristen Roberts en Oklahoma estaba lista para su nueva vida y a decir verdad, no imaginaba todo lo que me esperaba estando allí, la aventura apenas comenzaba.
Volví al apartamento y me acosté a ver películas con Babou mientras preparaba todo para mi primer día en la heladería —esperaba no tener compañeros indeseables—, y además sería una excelente oportunidad para empezar a identificar a las personas de mi alrededor y las relaciones que se daban allí en este sector.
Luego de las películas, aproveché para buscar qué grupos de interés estaban formados en la universidad a la cual deseaba ingresar, para tener en cuenta en caso de ser admitida; encontré algunos relacionados con el rock y toda esta cultura, otros de interés ambiental, cultural, de deportes, entre otros como enfocado a química y sus derivaciones —de inmediato sentí que debía integrarme a ese—, y también me di un paseo virtual por las instalaciones de la universidad; realmente era inmensa y parecía un excelente lugar para estudiar. Mi entusiasmo cada vez era mayor, y ahora que tenía un empleo nuevo, esperaba que lo demás conspirara a mi favor para así sacarle provecho a mi estadía en la ciudad.
Terminando la noche, mi mascota y yo dormimos abrazados, amaba dormir con él; sentía sus latidos tan cerca de los míos, sus pequeñas patas y bigotes eran adorables y cuando estaba con él deseaba que nunca amaneciera o que pudiera quedarme todo el día a su lado, durmiendo y acariciándolo. Realmente no comprendía como una criatura tan pequeña había logrado ganarse todo el cariño que nunca antes alguien consiguió por parte mía, no imaginaba mis días sin Babou y haría lo que fuera por tenerlo siempre conmigo.
A la mañana siguiente, siendo las 6:00 a.m sonó mi alarma para despertar, pues era necesario que estuviera en el local de la heladería a las ocho de la mañana para realizar las labores de aseo y limpieza del lugar y finalmente abrir a las 9:00 a.m dado que los veranos en Oklahoma eran realmente sofocantes y bochornosos así que era pertinente para la heladería abrir desde temprano.
Me levanté de la cama y lo primero que hice fue sacar a Babou a hacer sus necesidades y para mí sorpresa, conseguí una enemiga en el vecindario —sí, tan pronto— porque según ella yo pensaba dejar los excrementos de mi perro en su acera y obviamente no era así, yo traía conmigo una bolsa para lo mismo pero la loca esa insistía e insistía en que los dejaría allí tirados e incluso amenazó con llamar a la policía. ¡Vaya forma de empezar!
Realmente yo no había llegado a la ciudad con la intención de buscar líos o enemigos, pero era inevitable, casi que me seguían pero esta vez decidí no darle mucha importancia al tema pues estaba más enfocada en trabajar y entrar a la universidad.
Volví al apartamento, serví el alimento para Babou y después mi desayuno y después de esto me dispuse a ducharme y arreglarme para finalmente salir de allí a las 7:30 a.m.
Antes de partir, mi pequeño Babou que nunca había estado sólo por completo, me miraba con cara de angustia e intentaba acercarse y expresar su tristeza como si de un presagio se tratara y ya supiera que le esperaba estar todo el día como cuidador de la casa mientras yo regresaba. Sentí ganas de llorar y llevarlo conmigo pero sabía que era imposible, además tenía que dar una buena impresión en mi primer día y esto no lo lograría llevando a mi mascota conmigo al empleo.
Así pues, con algo de melancolía tuve que salir a trabajar por las próximas ocho horas.
Faltando quince minutos para la entrada, yo ya estaba en el lugar y la persona encargada me recibió amablemente.
—Tú debes ser Kristen, ¿verdad? —preguntó el hombre.
—Sí señor, soy yo —contesté—, un placer conocerlo.
—El placer es mío Kristen, me llamo Marshall y seré el encargado de enseñarte todo lo que debes aprender para llevar a cabo todas tus funciones aquí, ¿de acuerdo?
—De acuerdo señor Marshall, muchas gracias por la oportunidad.
—Agradéceme haciendo bien tu trabajo —advirtió—, y cuéntame ¿en qué parte vives?
—La verdad no recuerdo muy bien el nombre del vecindario, pero es cerca de aquí.
—¿Cómo que no sabes el nombre? —cuestionó.
—Sí señor, lo que pasa es que vengo de Filadelfia y apenas me estoy instalando en la ciudad.