La visita repentina de los policías me hizo caer en cuenta que el haber omitido el detalle de que el hombre había ido a la heladería ese día, me hacía fácilmente una sospechosa para el caso y no era eso lo que deseaba. Deliberé entonces durante algunos minutos, y decidí que le enseñaría a las autoridades el vídeo del tipo en el local para así mostrarme colaborativa y sacarme de alguna posible lista de sospechosos.
Trabajé con normalidad el resto de la mañana, y en horas de la tarde, saqué algunos minutos, llamé a los policías —me habían dejado una tarjeta con su teléfono— y les pedí que pasaran a la heladería pues tenía algo que quizás les serviría.
Obviamente sabía que las imágenes que tenía no ayudarían de mucho, pero era eso, o ser una sospechosa para la policía.
En contados minutos tenía de nuevo a las autoridades en mi trabajo, indagando por el caso.
—Cuéntenos, ¿de qué se trata la información que tiene para nosotros ? —preguntó el investigador.
— En realidad no se si les aporte algo a su investigación —referí—, estuve revisando las cámaras de seguridad y quedó registrada la visita del hombre.
—¿Nos permite ver esas grabaciones?, por favor.
—Por supuesto que sí, sigan por acá se las enseño —mencioné mientras los guiaba al interior del salón donde estaban las cámaras.
Procedí entonces a poner en pantalla las grabaciones con fecha de ese día; atentos los policías tomaban nota de los detalles de la cinta que al parecer llamaban su atención.
Analizaron detenidamente los minutos del hombre en el local.
Pudieron notar la manera en la que el tipo se fijaba en los niños que estaban ese día en la heladería —justo lo que esperaba—.
—¿Lo ven? Lucía como un pervertido —dije dirigiéndome a ambos policías.
—Es claro que no podemos concluir nada sólo con sus gestos —respondió uno de ellos—, sin embargo, para ninguno es un secreto que esas miradas hacia unos niños no son normales.
—Es cierto —agregó el otro policía—, tal vez alguien ya se había percatado de ello y decidió actuar. Aunque son sólo suposiciones.
—Podría ser eso. Los días que lo vi rondando por aquí los miraba igual, incluso se acercó a decirle algo a uno de ellos y el pequeño salió corriendo —añadí.
—Estas imágenes pueden ser pieza clave en la investigación que llevamos en curso. Muchas gracias por su disposición a colaborar. —Me agradeció uno de los policías mientras tomaban las notas finales en su libreta.
—No tienen nada que agradecer, espero puedan atrapar al responsable. Aunque al parecer, les hizo un favor —mencioné a modo de indirecta.
Posteriormente, partieron del lugar y yo continué trabajando el resto de tarde. Mientras aguardaba y disfrutaba mi segunda porción de helado del día, tuve la idea de visitar a mi madre y a Frank de sorpresa. En dos días me pagarían y tendría el dinero suficiente para ir a verlos.
Pensé además, en invitar a mi nueva amiga Tiffany, pues al igual que yo era muy sola y tal vez el cambiar un poco de ambiente le sentaría bien. Si aceptaba, seríamos ella, Babou y yo.
Para definir desde ya mis planes, comencé por llamar a Tiffany a hacerle la invitación:
—¿Cómo estás? ¿Piensas hacer algo este fin de semana? —pregunté.
—¿Hacer algo?No, por lo general siempre estoy en casa acostada en mi cama —contestó.
—Te tengo una invitación y no me puedes decir que no.
—¿De verdad? Cuéntame de qué se trata tu invitación.
—Pienso ir a visitar a mi familia a Filadelfia, ¿quieres ir conmigo?
—¿A Filadelfia contigo? —preguntó con sorpresa— ¡Por supuesto que sí!, sin pensarlo.
—¡Genial!, te aseguro que nos divertiremos; te llevaré a dar paseos por la ciudad y haremos lo que quieras.
—Nunca he ido a Filadelfia, yo encantada de que me lleves.
—Perfecto, entonces que sea un hecho. Mañana en la universidad ultimamos los detalles.
—Como tú digas, mañana lo hablamos mejor ¡suena emocionante! —contestó Tiffany ansiosa ante la propuesta.
Con el sí de Tiffany asegurado ahora podía programarme para la visita sorpresa a Filadelfia. Quería hacer algo diferente a ir a estar encerrados en casa. Por lo tanto, decidí que al salir del trabajo iría por algunas compras de víveres y licores, además de ropa para Babou y así estaríamos listos para el viaje.
Terminé la tarde de trabajo con tranquilidad, con apenas unas ventas pero con la seguridad de que al día siguiente nos iría mejor dado que se acercaba el fin de semana.
Al salir, me acerqué primero a mi casa para llevar a Babou como compañía a realizar las diligencias pendientes antes de nuestra visita a Filadelfia.
Tuvimos que caminar bastante hasta encontrar un supermercado que permitiera el ingreso de mascotas y a continuación nos dispusimos a realizar las compras. Compré cervezas, cigarros, frituras, sodas , carne de cerdo, condimentos y lo demás necesario para tener un gran noche en familia con mucha comida.
Finalmente, Babou y yo regresamos a nuestro apartamento y terminé algunas tareas sencillas que tenía pendientes de la universidad.
Tenía muchas cosas pasando por mi mente, y entre ellas pensaba si el fin de semana nos traería problemas, si habrían víctimas o no… Cómo fuera, no pensaba desistir de darle la sorpresa a mi madre.
A propósito, esa noche la llamé para saludarla y para saber si estaría ocupada el fin de semana:
— Mamá,¿cómo has estado? —pregunté cuando contestó el teléfono.
—¡Kristen!, muy bien, excelente diría yo. Extrañándote mucho —refirió.
—Yo a ti mamá. Pero si no te llamo tú no lo haces, me indignas.
—Lo sé hija, pero tú estudias y trabajas, así que no te llamo porque no sé en qué momento estarás libre, ¿me perdonas?
—Por supuesto que sí mamá —contesté—. Además, tienes razón. Es más fácil que yo te llame en mis tiempos libres.
—¿Lo ves?, tengo razón. ¿Cómo vas en tu estudio y tu trabajo? —cuestionó.
—Mamá, todo a la perfección por ahora. ¿Me creerías si te digo que tengo una amiga?
—¿Una amiga? ¿tú? —preguntó con sorpresa—. Me parecía algo imposible pero ya veo que no. Espero y sea de provecho tu nueva amiga.
—Yo también espero lo mismo mamá, y por ahora así es. Espero puedas conocerla algún día.
—Claro que sí Kris, cuando vaya a visitarte.
—Ojalá sea pronto mami, te echo mucho de menos.
—Frank y yo a ti hija, no te imaginas.
—¿Harás algo este fin de semana? —pregunté.
— No tengo nada en mente hasta ahora. Supongo que estaré en casa viendo películas con Frank.
—Interesante mamá, tenemos el mismo y emocionante plan —respondí con sarcasmo.
Terminamos la llamada pocos minutos después y acabé yéndome a dormir cerca de la 1:00 a.m.