Preparamos la cena, fumamos unos cuantos cigarros y decidimos que se quedaría a dormir en casa y de allí saldríamos juntas para la universidad.
Después de cenar nos dispusimos a realizar algunos trabajos pendientes y al terminar, comenzamos a hablar de nuestras vidas.
Esa noche Tiffany y yo, nos sinceramos la una con la otra. Ambas sentíamos una confianza que nos permitía abrirnos a hablar de cosas que no habíamos hablado anteriormente con nadie.
Por su parte, entre tantas cosas que hablamos, Tiffany me contó que algunos años atrás, unas personas habían asesinado a su madre —al parecer asuntos de pandillas —, y desde eso, decidió alejarse de los demás y se volvió una persona muy solitaria y callada.
Me sentí muy triste por ella, yo no imaginaba mi vida sin mi madre y al escuchar su historia fue inevitable pensar en que moriría si a Jane le pasara algo similar.
—Tiffany, ¿sabes guardar secretos? —pregunté.
—Kris, ¿Qué son esas preguntas tuyas? —contestó—. Por supuesto que sí, espero que tú también guardes los secretos que te conté.
—Sí, no tienes porqué dudar de eso, puedes confiar en mí plenamente.
—Sé que puedo hacerlo. Ahora, cuéntame lo que tienes por decirme —mencionó Tiffany con evidente intriga.
—Verás… tiempo antes de venirme a vivir acá, un hombre intentó abusar de mí.
—¿Cómo que intentó abusar? —preguntó con sorpresa—. ¿Y qué ocurrió?
—Me defendí… —Mencioné cabizbaja.
—Pediste ayuda, supongo.
—No había nadie cerca, sólo estábamos él y yo.
—Entonces, ¿Cómo te defendiste?
—Tiffany, yo maté a ese hombre.
—¿Cómo que lo mataste? —preguntó asustada— ¿De qué hablas?
—Lo que te digo, lo maté. Nadie, absolutamente nadie lo sabe.
—Cuéntame, ¿cómo lo hiciste?
—No entraré en detalles, pero fue con un puñal.
—¿Y cómo hiciste para que nadie se demora cuenta?
—El lugar era solitario y por desgracia no había nadie cerca, así que pude huir de inmediato. Las autoridades no le prestaron mayor atención, pues era un habitante de calle y seguramente tenían asuntos más "importantes".
—Entiendo… ¿Qué se siente?
—¿Qué se siente qué? —pregunté.
—Sí… tú entiendes, ¿Qué sentiste cuando lo mataste?
—Fue raro —contesté—, sentí miedo, pero después satisfacción. Él estaba decidido a abusar de mí, nunca pensó en el miedo que sentía.
—¿Lo volviste a hacer? —Cuestionó.
En ese momento pensé en contarle todo y hablarle de los otros crímenes. Sin embargo, a pesar de la confianza que le tenía, no sabía hasta qué punto era seguro que estuviera enterada de todo, así que opté por negarlo.
—Claro que no, sólo fue esa vez. Y fue en defensa propia.
—Imagino que fue horrible. Tu secreto está seguro conmigo.
—Prométeme que no se lo dirás a nadie.
—Te lo prometo, jamás revelaría un secreto tan grave.
—Gracias por escucharme, necesitaba desahogarme.
—Gracias a ti por tener la confianza para contarme algo de esta magnitud, espero nunca vuelvas a pasar por algo similar.
—Si pasara por algo similar, no dudaría en hacerlo de nuevo.
—¿Matar?
—Por supuesto, sin pensarlo —afirmé.
Luego de mencionarle lo ocurrido a Tiffany, continuó haciéndome otras cuantas preguntas sobre el tema, y posteriormente decidimos ver una película junto con Babou.
El filme que escogimos era policiaco y de venganza, la trama dio pie para que Tiffany me realizara otras preguntas:
—¿Viste lo del hombre que murió cerca a tu trabajo? Qué crimen más extraño.
—Claro que lo vi; ese día pude divisar todo desde la heladería, la gente corría como loca.
—Escuché que el atacante dejó un criptograma y los policías no han podido descifrarlo, ¡Qué ocurrente!
—Muy inteligente, ¿No crees? —Pregunté.
—Demasiado diría yo. Imagina cómo ha de estar burlándose de la policía en su casa.
—Imagino que sí. Además, sea lo que haya pasado, supongo que el tipo lo merecía —Afirmé.
—¿Por qué lo dices? —indagó Tiffany.
—Hay rumores de que era un violador.
—No sabía eso… si es así, lo merecía entonces. Esperemos puedan resolver el caso.
Luego de la conversación, finalizamos la noche con otra película, algo de comida, cigarros y mucha Coca-cola. Después, nos dispusimos a dormir pues debíamos ir a clase temprano en la mañana.
A la mañana siguiente, muy puntuales salimos camino a la universidad y entramos a nuestra primera clase que era química. Aproveché el momento de la clase y le comenté a Tiffany sobre mi gusto particular por la química y le hice mención sobre un grupo de estudio que había en nuestra institución para proponerle que entraramos juntas.
—¿Sabes Kris? La química no es mi fuerte, sin embargo, podría salir de mi zona de confort e intentarlo. Podría ser divertido contigo.
—Mira, te propongo algo.
—Dime…
—Nos inscribimos y vamos al primer encuentro, si no te gusta la temática del grupo entonces nos vamos, ¿Te parece?
—Me parece un trato justo, hagámoslo.
Con su respuesta, me sentí entusiasmada pues estaba segura de que a Tiffany le agradaría la química, quizás también se volviera un gusto en común y podría contarle el resto de mi historia.
Ese día entonces, terminamos nuestra jornada escolar y antes de yo salir directo hasta mi trabajo, fui con Tiffany y realizamos la inscripción previa para ingresar al grupo de estudio. Nos informaron que el primer encuentro sería en dos días.
Al terminar la diligencia, salí hacia la heladería mientras que Tiffany, caminó hasta su casa.
Llegué a la heladería y Marshall me pidió que nuevamente quedara encargada del local, pues su madre había tenido unas complicaciones de salud así que debía estar pendiente de ella.
La verdad había disfrutado trabajar sola, no me incomodaba, además Marshall era muy buen jefe conmigo; terminé por aceptar para que cuidara de su madre sin preocupaciones de trabajo.
Enseguida, me dispuse a realizar la limpieza del local y adelanté algunos trabajos mientras empezaban a llegar los clientes.
Para sorpresa mía, llegaron personas al local —y no precisamente los clientes que deseaba—, era la policía de nuevo.
Innegablemente, sentí mucho miedo y algo de pánico al verles atravesar por la puerta, pero de inmediato manejé la situación con total mesura, a la espera de saber cuál era el motivo de la visita de los policías.
—Buenos días —saludé—, ¿En qué les puedo ayudar hoy?
—Tenga un buen día señorita. Continuamos con la investigación del hombre que murió hace poco aquí cerca.
—Por supuesto… ese hombre, ¿Pueden ser más específicos?
—Bien, estuvimos analizando las cámaras del sector y encontramos que ese día la víctima visitó el local momentos antes de su muerte, ¿Qué puede decirnos al respecto?
—No lo recordaba, quizás lo pasé por alto.
—¿Por alto?
— Sí, ese día teníamos una oferta de helado gratis por unos daños en el congelador y atendí muchísima gente. Probablemente no me fijé en la persona que atendía.
—Comprendo la situación —contestó uno de los policías—. ¿El hombre tardó en el local?
—Como le dije Oficial, no recuerdo haber atendido al hombre, por lo tanto no sé cuánto tardó, pero supongo que poco.
—Perfecto, eso es todo por ahora. Avísenos si recuerda algo más.
—Por supuesto que sí, no dude que así será.
Salieron de la heladería y busqué la manera de tranquilizarme un poco pues la visita de las autoridades realmente me había hecho sentir que estaba atrapada.
Pensé con cabeza fría y decidí echar un vistazo a las cámaras de seguridad de ese día —no se por qué no lo había pensado— para revisar cuanta evidencia había quedado allí.
Para fortuna mía, lo único que quedó registrado, fue el momento en el que ingresó y miró morbosamente a los niños antes de solicitar su helado.