Capítulo 17 Regresar al interior de los muros de la ciudad de Jesi siempre constituía para Lucia motivo de emoción. Si además el evento ocurría a primeras horas de una rígida pero serena jornada de marzo, las sensaciones que llegaban a su corazón eran todavía más intensas. Desde el sendero que circundaba los muros el vapor se levantaba en ligeras volutas bailarinas que, yéndose a fundir con el humo proveniente de las chimeneas de las casas y de las fraguas de los herreros y de los forjadores, volvía a caer en forma de escarcha helada para dar un aspecto lechoso a la hierba, a la tierra, a los tejados y a todos los otros objetos en los que se depositaba. En ese momento concreto, en el que el sol comenzaba a iluminar el día, mientras intentaba perforar la neblina con sus primeros rayos, par

