POV EMILY
Apenas tuve tiempo de orientarme cuando la puerta se abrió de par en par, y la mujer entró con un aire de furia contenida.
—¡¿Cómo te atreves a cerrarme la puerta en la cara, niña?!—. Su tono era áspero, intimidante, y no pude evitar dar un paso atrás mientras se acercaba hacia mí como un torbellino.
—¡Mamá, para! Ya, cálmate, ¡vamos afuera!—. Abigail intentaba calmarla, poniéndose entre las dos, pero la señora parecía hecha de acero. Ni siquiera se detuvo.
—No sabía que eso te molestaba, no pensé que fuera tan delicada—. Mi voz salió temblorosa, pero intenté sonar firme. —Estoy aprendiendo, ¿no? Solo necesito tiempo para adaptarme—. Traté de mantener la calma, aunque su mirada me taladraba.
De repente, sus ojos se abrieron como platos.
—¿Me estás llamando delicada?—. Sentí un escalofrío cuando me agarró del brazo con fuerza.
—¡Te voy a arrancar la lengua!—. Su amenaza fue un golpe seco que me dejó sin aire. Intenté zafarme, pero su fuerza era abrumadora. Apenas levanté la mirada cuando un gruñido bajo y grave resonó en la habitación. Giré la cabeza y vi a Luke, con el ceño fruncido y una mirada que parecía capaz de atravesar acero. Sus ojos estaban clavados en su madre.
—¿Qué rayos está pasando aquí?—. La voz de Thomas resonó como un trueno cuando entró en la habitación. Con él llegaron dos personas más, sus otros hijos, según alcancé a entender.
—Esta mocosa no sabe cuál es su lugar—. Eleanor me soltó bruscamente, empujándome hacia atrás. Apenas me mantuve en pie, sujetándome el brazo, que me ardía.
—No es así, papá—. La voz de Abigail sonó clara y firme. —Ella apenas está aprendiendo, pero mamá ya la está obligando a cambiarle los pañales a mi hermano y a darle de comer—. La manera en que Abigail se enfrentó a su madre me sorprendió.
Thomas miró a su esposa con un rostro serio antes de hablar.
—Sal de aquí, Eleanor—. Su tono era bajo pero definitivo, y la mujer se quedó mirándolo, incrédula. Sin embargo, no protestó. Él se volvió hacia mí con una mirada seria. —Aprende rápido—, fue todo lo que dijo antes de marcharse, llevándose a sus otros hijos.
Cuando la puerta se cerró, Abigail corrió hacia mí y tomó mi brazo con cuidado.
—Wow, nunca había visto a alguien enfrentarse a mi madre como tú lo hiciste—. Sus ojos brillaban entre diversión y admiración. Me miré el brazo, que tenía las marcas rojas de los dedos de su madre. Ella negó con la cabeza al verlas.
—Está rojo. Ven, vamos a ponerte algo—. Abigail me llevó al baño, donde sacó una crema del botiquín.
—No te ofendas, pero tu mamá es una persona horrible, ella si es una serpiente cascabel—, solté sin pensar. Abigail se rió, pero Luke solo entrecerró los ojos, como si estuviera procesando lo que dije.
—Bueno, al menos tienes razón, y eso ya es algo—, murmuró Abigail mientras aplicaba la crema con cuidado.
Me senté en la cama mientras Abigail cerraba el frasco y se acomodaba junto a mí.
—Mira, hermano, ¿te das cuenta? Esta chica tiene agallas. Se va a comer a mamá —. Solté una risa nerviosa. Luke, al escuchar eso, esbozó una media sonrisa que no duró más que un segundo.
—No quería faltarle al respeto, de verdad—, intenté explicar, dirigiéndome a Luke esta vez. Sus ojos, oscuros e intensos, se cruzaron con los míos. Asintió casi imperceptiblemente, como si me estuviera otorgando la razon, y eso fue suficiente para que me sintiera un poco más tranquila.
No pude evitar mirarlo de reojo, intentando descifrarlo. Parecía tan tranquilo, pero algo en su presencia me ponía nerviosa. Sin embargo, cuando nuestros ojos se encontraron de nuevo, bajé la mirada rápidamente, como si me hubieran atrapado haciendo algo indebido.
—Mi madre no es realmente la verdadera mamá de mi hermano. Por eso te trata así, porque no te quiere.
La miré con los ojos abiertos como platos, totalmente incrédula.
—Mi hermano es el único hijo de la primera mujer de mi papá. Sarahí, su madre, murió de cáncer cuando mi hermano apenas tenía dos años.
—Qué triste… lo siento mucho —respondí, tratando de procesar lo que me estaba diciendo. Lo miré y asentí, aunque en mi cabeza las piezas apenas empezaban a encajar.
—Después, mi papá se casó con mi madre, la mujer serpiente, como tú le dices. —Se rió fuerte antes de que pudiera abrir más los ojos y empezar a negar que jamás le hubiera llamado así en voz alta. Era un secreto que sólo había pensado, pero ahora parecía que todos lo sabían.
—Mi madre siempre atormentaba a Luke cuando mi papá no estaba en casa. Claro, cuando éramos niños no entendíamos lo que pasaba, pero cuando crecimos todo tuvo sentido... aunque ya era tarde. Mi papá quiso preparar a mi hermano como un "Bennet" desde que terminó la secundaria. —Su tono se volvió más grave, como si todo aquello estuviera grabado en un rincón oscuro de su memoria.
—¿Cómo que "prepararlo"? —pregunté, sintiendo cómo mi corazón latía más rápido.
—Bueno, querían que fuera alguien fuerte, autoritario, alguien con carácter, ya sabes… —suspiró hondo mientras me miraba de reojo, con una mano todavía jugando con mi cabello. Luego continuó, como si contara un secreto que le pesaba demasiado.
—Luke era sano, ya lo ves… —dijo señalando su pecho, y yo no pude evitar soltar una risita nerviosa. Tenía el físico de alguien que se cuidaba, eso era obvio. Era sexy.
—Todo empezó en el último mes antes de graduarse. Mi papá había arreglado enviarlo con mi tío para que lo "endureciera", pero algo cambió. De repente, empezó a flaquear. A veces no podía caminar, y un día no pudo levantarse de la cama. Fuimos a muchos doctores, pero ninguno encontraba qué tenía.
—¿Y qué hicieron? —pregunté, sintiéndome más preocupada por Luke. Mis ojos buscaban respuestas en los suyos.
—Al final, mi papá decidió mandar a mi hermano Robert en su lugar.
Eso me confundió. ¿Por qué Robert? Antes de poder preguntar, miré a Luke, quien, de repente, parpadeó dos veces. Algo en ese gesto me puso nerviosa.
—¿Qué significa eso? ¿Ese parpadeo? —mi voz apenas salió como un susurro, tratando de calmarme mientras lo miraba directamente.
—Algo no está bien… ¿Qué pasa, hermano? —preguntó, tragando saliva. Pero él seguía viéndome, sin despegar los ojos de mí, como si Abigail no existiera.
El sonido de la puerta me sobresaltó. Nathan entró con una bandeja, moviéndose rápido como si fuera lo más normal del mundo. Abigail lo había mandado. Sin decir nada, dejó la bandeja y se fue, y Abigail aprovechó para ponerse en modo mandona.
—Vamos, dale de comer.
Suspiré resignada y tomé la bandeja. No quería problemas con Eleanor. Me acerqué a Luke mientras Abigail acomodaba la almohada tras su espalda. Con cuidado, tomé un paño y lo coloqué bajo su barbilla, evitando que su madre encontrara algo que criticar.
Tomé la sopa de lentejas, soplé un poco para enfriarla y la acerqué a sus labios. Me miraba directo a los ojos mientras tomaba cada cucharada. Fueron diez minutos de silencio, sólo el sonido de la cuchara moviéndose. Para cuando terminó, algo en mí se sintió más tranquilo.
Después de un rato, Abigail le dio su medicamento y se fue de la habitación, dejándonos solos. Pensé en hablar con él, pero antes de decidir qué decirle, ya se había quedado dormido.
Suspiré y tomé la almohada extra. Me acomodé en el sillón, lejos de la cama. Pero mientras cerraba los ojos, una idea no dejaba de rondar en mi cabeza.
Al final, uno aprende las lecciones después de los errores. Y hoy, después de todo, siento que volví a encontrarme conmigo misma.