Capítulo 1: ¿Quién eres?

1399 Words
Ella: Mi nombre es Luna Ainé Monsalve Mezzini, si, esa misma, la hija de Nevile y Nahir Monsalve, los verdaderos salvadores de este planeta. Tengo 25 años y soy parte del ejército de La Resistencia de Ciudad Abisal en las profundidades de las selvas de un continente que nunca sabrás.... o a lo mejor si. Me destaco selva adentro, a diferencia de Ciaran, mi primo. El se destaca en la Ciudad. ¿La razón para tomar esta decisión? Así lo decidí, luego que mis compañeros de unidad empezaron a sacarme el cuerpo, más bien, como que a temerme, cuando en una de las duchas vieron la operación de mi pie. Aún oculta bajo mi tatuaje. Los muy idiotas se creen que he mutado por la radiación y la verdad yo no voy a gastar mis energías en explicarles quién soy y por qué mi pierna está deforme. Al carajo, quiero ser una soldado al igual que mi padre y pasar desapercibida, por la seguridad de él y de mi madre. Además, no me gusta hablar de mis "logros", por decirlo de alguna manera, ni vanagloriarme. Entonces, hablé con Ciaran, que es mi superior, para que me asignara a las tropas del centro. Además, cosas extrañas están sucediendo aquí y eso quiero verlo de primera mano. Él no quería, pero su prima puede ser insoportable cuando quiere. Ni los gemelos, que son mis hermanos de sangre, me controlaban tanto. Así que me dejó ir con ciertos "privilegios", yo diría restricciones de un sobreprotector, "para poder comunicarnos en caso de emergencia". En lo profundo de la selva hice muy buenas amistades: Lola Flores, Estela Montecristo y Tony Molina. Este último tiene una especie de amor platónico conmigo, pero nada que ver, ya lo dejé en zona amistosa. No estoy aquí para eso. Bastante mal le ha ido a mi hermana mayor con eso del amor y para ser honesta, Tony no es mi tipo, no, no, no, no, noo. Y se lo he hecho saber. Por lo que somos los 4 mosqueteros y mejores amigos. El teniente Lozada nos ha encomendado a la tropa una misión hoy por lo que estamos en alerta máxima. Tropas Oscuranscentis fueron vistas en el cañón al norte de nuestra base y por alguna razón que desconocemos, se han asentado en las ruinas, lo que no es común de ellos, pues generalmente son nómadas. Un informante nos indica que se disponen a tomar la aldea de Ruda, donde hoy hay descendientes aborígenes pacifistas. Me encuentro en mi punto designado, en la zona este de un árbol de Lupuna. Nada anormal hasta ahora. Solo me acompañan las estrellas. - Hola precioso lucero- un destellante lucero me deslumbra cuando emite un poco más de brillo desde la cima de la bóveda celeste. - ¿Me quieres acompañar?- Estoy extasiada mirándolo con mi Abony serie 3550 protegiendo el área y reportando la data a mi computador de brazo. Estas armas son una belleza. Son perfectas para vigilancia. Poco a poco mis ojos se cerraron, mientras escuchaba a lo lejos una voz: " quiero estar a tu lado, sálvame de la esclavitud y te salvaré". Me desperté asustada y consternada con el sonido de un rayo láser y el haz cerca de mis narices. He sido irresponsable en dormirme. Si el teniente Lozada se entera me devolverá a Ciudad Abisal. Me pongo en alerta, ya ha amanecido y el Sol molesta mi cara. Está como a unos 20 grados del suelo. Deben ser algo así como las ocho de la mañana. "Carajatee, la cogí larga". Pienso mientras pruebo mi aliento y limpio mis ojos. Ni tiempo para nada más. - Spt. Monsalve, dos objetivos se acercan a su localización por la ciénaga. El sargento Díaz y el spt. Molina se encuentran en persecusión. Refuerce en su punto junto a Montecristo. Los queremos vivos. Esas "liebres" no son soldados: son esclavos Oscuranscentis. - - Entendido, mi teniente.- respondo de inmediato aparentando estar más alerta de lo que me encuentro. -Montecristo, ¿me escuchas?- Pido refuerzo. -Fuerte y claro Monsalve, los tengo en la mira a 42 grados al este del puesto de vigilancia tres. No están armados y vienen corriendo hacia ti como "avestruces con cohetes en el trasero". - A Tela, (Estela Montecristo), no le importa las formalidades, es como mi hermana mayor. Río con su vocabulario y ocurrencia. - Cubreme, tuve un pequeño percance, te sigo.- Le digo avergonzada. - Seguramente una estrella te noqueó y te quedaste dormida- me responde de forma bromista. ¿Cómo siempre lo sabe? Me conoce demasiado bien. - ¡No, no, no, no, no! ¡Que va!- Digo entre risas al tiempo que la veo salir de su escondite y lanzarse sobre uno de los hombres y tirarlo al suelo. Rápidamente el sargento Díaz la alcanza, lo aguanta y lo amarran. Ambas liebres son hombres fornidos, de apariencia saludable y quemados por el Sol. El segundo hombre sigue siendo perseguido por el spt. Molina, pero sin darse cuenta ambos entran a la ciénaga y el fango entorpece la persecución. Molina empieza a resbalar, llamando mi atención mientras sigo la persecución con la mira de mi rifle. -Pero ese espectacular hombre... - digo para mi misma inconscientemente."Lunaaaaa, que carajos dices,¿espectacular?". Corrijo, ese hombre se acerca a la orilla justo a un metro entre el árbol de Cedro y mi Lupuna. Rodeo el mismo de manera que cuando pasa justo por debajo de las ramas de ambos, le salgo por la espalda y le meto sendo golpe en la cabeza cortesía de mi Abony 3550. - ¡Monsalve, lo quieren vivo, no lo mates!- me grita mi sargento. - Solo está inconsciente.- le respondí mientras tomaba sus signos vitales. - Te enviaré refuerzos, el otro salvaje no puede ser contenido por dos, es una bestia muy fuerte.- Observo a mi detenido, luego de arrastrarlo al árbol de Lupuna y realmente es impresionante. No puedo dejar de admirarlo. Me causa mucha curiosidad. Tiene el cabello largo, mide como 2 metros, piel canela, limpia y resplandeciente. - Entendido, pero con su respeto, apúrense porque este parece otra bestia y si despierta... - Le dije un poco conmocionada para disimular. -Copiando, recibido. Enviaré a Pérez.- responde de inmediato. Tiene rasgos indígenas, común entre los nativos del lugar, pero sin duda, la mezcla de razas está presente. Su cuerpo es torneado y su pelo es lacio castaño, su mandíbula cuadrada y su nariz es ligeramente perfilada. Me atrevo a decir que hasta bonita. No es totalmente grueso, sin embargo parece un saco de músculos dentro de un uniforme militar antiguo y roto. Es casi perfecto, deseable. - ¡mmmahhhhggggg! - se queja mientras se va despertando. "Estoy frita" pienso mientras pongo una mirada de pocos amigos y le apunto con el arma saliendode mi estupor. - ¡Dios! ¿Este gladiador Romano es un Oscuranscentis?- Esa es mi Lola llegando a mi auxilio y quedando tan impactada como yo. Me ayuda a tomarlo por los brazos del suelo y le atamos las manos a su espalda. - No, soy solo un esclavo. - Dice, apenas audible, mientras abre lentamente sus ojos mirando justo mi rostro. Vaya, tiene unos ojos color carey hermosos; ni marrones, ni verdes, ni amarillos. Es una mezcla de colores extraños. Definitivamente es un mutante, pero guapísimo. Deberían mutar más así. ¿O no? "No, no, no, no, noo, concéntrate", mi voz interna me vuelve a regañar". Por alguna razón, todo mi cuerpo se estremece con una extraña sensación que me incomoda. - Seguramente es mutante, mira esos ojos de carey- le digo a Lola mientras observo que se sienta lentamente y empieza a mirar sus botas. No dejamos de apuntar, pero sin embargo se ve indefenso. - Tengo mis botas.- Suspira por alguna razón aliviado- No lo soy damas, ¿Por qué dicen que soy mutante? Me obligarían a fungir como militar activo de la secta de serlo. No lo soy, maldita sea. Me harta que me digan que lo soy.- Dice alterado, pero llevando sus grandes manos a su rostro y estrujandolo, denotando frustración. - Seguramente Monsalve lo dice por el color de tus ojos- dice mi indiscreta amiga mirándolo fijamente. -¿Quién eres?- le pregunto intrigada, mientras se acercan los demás y él se tensa. - Ya les dije, me dicen Esclavo - contesta con voz ronca y enfadada.
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