Desde aquella noche, algo cambió dentro de mí. No en Ámbar, no en la casa, sino en mí. La cabrona explotó como dinamita, y aunque su rabia estaba dirigida a su padre, a Tamara, al mundo entero… sus palabras me atravesaron directo. Esa frase… “Tú por tu lado, yo por el mío” no se me quita de la cabeza. Cada vez que cierro los ojos, la escucho. Decidí devolverle el favor. Orgullo por orgullo, indiferencia por indiferencia. Si entra a una habitación, salgo. Si me habla, me hago el sordo. Si me mira, finjo no verla. Esa es mi venganza. Pero sí… no dejo de mirarla cuando no se da cuenta. Ella camina con el teléfono en la mano como si fuera su escudo, pero sé que está pendiente de mí. Lo noto en cómo se muerde el labio cuando paso cerca, en cómo sus ojos me buscan entre la multitud fingiendo d

