Me quedé ahí, cruzada de brazos, sin moverme un centímetro aunque Cris se hubiera marchado a preparar su moto como si yo no existiera. Peyton y Carola estaban embobadas con todo lo que pasaba a nuestro alrededor: la música a todo volumen, los gritos de la gente, las luces de los autos encendiéndose como si fuera un espectáculo. Yo, en cambio, tenía la vista clavada en él… y en ella. Claudia. La muy descarada se acomodó en la moto de Cris como si fuera su lugar de siempre, como si le perteneciera. Se reía en su oído, le tocaba el brazo, le pasaba la mano por el pecho con esa seguridad que yo no entendía de dónde carajo salía. ¿Y lo peor? Él la dejaba. Hasta parecía disfrutarlo. Sentí el corazón latir fuerte, como si estuviera corriendo yo también. Tragué saliva, apretando los labios par

