Narrado por Ámbar No sé en qué momento mis lágrimas se mezclaron con la lluvia. Solo sé que el ruido del motor de Cris alejándose me dejó el alma vacía. Camila se fue con él y yo me quedé ahí, parada frente a todos, con el corazón destrozado y la dignidad hecha pedazos. No podía respirar. Sentía que el pecho se me cerraba, que el mundo giraba demasiado rápido y que si no me movía, me iba a derrumbar. Subí al carro sin pensarlo. Encendí el motor y aceleré. El ruido de los neumáticos sobre el asfalto mojado era lo único que escuchaba, junto con mi respiración entrecortada. —Maldito seas, Cris… —susurré, con los ojos empañados—. Maldito el día en que te besé. Las luces de la ciudad pasaban como relámpagos. No veía bien. Tenía la vista nublada por el llanto y la rabia. Golpeé el v

