La mañana continuaba cálida y brillante en la villa. Después del desayuno, cada quien se dispersó a acomodarse en su habitación y preparar lo necesario para el día. Yo me refugié un momento en la mía, revisando mensajes y fingiendo calma, pero sabía que Cris no estaba lejos; podía sentirlo como un imán invisible. Cuando bajé a la piscina, lo encontré ahí, apoyado en el borde, con la mirada perdida entre las montañas verdes que rodeaban la villa. Su torso apenas mojado brillaba bajo el sol, y no pude evitar un escalofrío recorrerme. El mismo que sentí anoche y que todavía no desaparecía. —Hola —dije, intentando sonar casual, mientras me quitaba las sandalias y me acercaba al agua. —Hola —respondió él, ladeando la cabeza, esa sonrisa traviesa que me hacía querer lanzarme a él de inmediato

