~Lily~
Está bien, escúchame. Sé que sueno loca, pero juro que he perdido oficialmente cada rastro de autocontrol que alguna vez tuve. Algo así como: completamente, trágicamente, eróticamente esfumado.
Si hay un tipo especial de infierno de hombres lobo para chicas que gimen el nombre del papá de su mejor amiga mientras se tocan en camas de hotel, entonces ya estoy sentada en la primera fila. VIP. Reserva permanente. Sin posibilidad de redención. Voy directo allí, empapada y sonriendo.
Ya no me importa. Me he juzgado tantas veces que me he quedado sin vergüenza en la que hundirme. Ya hice todo lo de “Oh, Diosa mía, soy una puta sucia, voy a arder en el infierno”; tres veces, de hecho.
¿Sabes cuándo? Justo después de cada orgasmo. Porque sí, he estado acostada aquí por más de una hora. Piernas abiertas. Top de tirantes subido. Mis dedos están brillantes.
Mi voz está destrozada. Mis muslos están pegajosos. Estoy jadeando como una Omega sin reclamar en celo, y todo esto (todo el gemido, el temblor, los gemidos insanos que suenan como si me estuvieran exorcizando) ha sido por un hombre.
Connor Blackwood.
No es cualquier hombre. El papá de mi mejor amiga. Su papá Alfa. Su papá que mide más de seis pies, de ojos plateados, manos venosas, voz grave, emocionalmente inaccesible, de hombros anchos, un papá gruñón cuya sola fragancia hace que mi clítoris palpite.
El tipo de hombre que hace que mi estómago dé vueltas y mi v****a duela solo por existir cerca de mí. Es peligroso de maneras que mi cuerpo no quiere sobrevivir.
Él es tentación envuelta en músculo y dominio. Y si pudiera elegir a alguien en todo el mundo para que me quite la virginidad, arruine mi inocencia y me folle el alma con nada más que su nudo y sus manos en mis caderas…sería él.
Sin protección. Sin piedad. Solo locura Alfa total. Quiero ser abierta. Quiero ser marcada y llena y anudada y rota.
Quiero su voz en mi oído susurrando “Eres mía ahora” mientras grito contra la almohada y le ruego que no se detenga. Quiero pertenecer a alguien tan completamente que olvide mi propio nombre y comience a adorar el suyo.
Y sí, tengo dieciocho años. Lo he dicho una vez, pero lo diré de nuevo porque importa. Soy legal. Soy adulta. Sigo repitiéndolo como si fuera una oración porque aún no me siento adulta con mis bragas empapadas y pensando en cómo se veía su boca alrededor del borde de una botella de cerveza.
No me siento adulta cuando recuerdo cómo salió de la piscina el verano pasado, el agua goteando por su pecho, el cabello oscuro hacia atrás, el aroma Alfa que emana de él tan denso que casi me desmayo. Estuve ahí parada, con los muslos apretados, la cara roja, los pezones duros, y cada célula de mi cuerpo gritando por ser reclamada.
Y ahora aquí estoy. Tres orgasmos después. Aún empapada. Aún desesperada. Aún temblando. Siento que algo salvaje se ha roto dentro de mí y ahora lo único que queda es hambre. Lo quiero más de lo que he querido algo en mi vida, y lo peor es que…ni siquiera he subido al yate todavía.
Sí. Así es. Voy a hacer un crucero privado de lujo en menos de veinticuatro horas. Un yate. Ocho pasajeros. Comida cara. Gente ridículamente rica. Y una pequeña Omega peligrosamente caliente (yo) que está a un solo olor fuerte de Alfa de colapsar en una crisis total, devastadora y alimentada por el celo.
¿Y adivina quién me invitó?
Bella. Mi mejor amiga. La chica que no tiene idea de que su dulce, sonriente e inocente mejor amiga ha estado mojando sus sábanas durante dos años imaginando cómo se sentiría ahogarse con el nudo de su papá.
Sé que debería haber dicho que no. Debería haber sido madura y responsable y respetuosa. Debería haber dicho que estaba ocupada este verano. Debería haber dicho que mi abuela murió de nuevo. Debería haber dicho que tengo alergia a los yates.
Pero en cambio, dije que sí. Dije que sí tan rápido que casi grité. Luego volví a casa y empaqué cada cosa sucia que tengo. Las bragas rojas. Las de encaje. Las transparentes. Las sin entrepierna que compré en secreto, aunque nunca he besado a un chico antes.
Las empaqué todas para él.
Porque quiero que me vea. Quiero que me mire y olvide que alguna vez fui una niña pequeña. Quiero que sus ojos se salgan.
Quiero que huela el cambio en mi fragancia. Quiero que se congele. Quiero que su polla se estremezca. Quiero que su Alfa interior gruña y despierte. Quiero que pierda el control.
Ahora estoy de pie frente al espejo, mirándome mientras cierro los ojos, lo veo; el muelle, el ardiente sol español, el destello del yate, Bella gritando y corriendo. Y luego me doy la vuelta.
Y ahí está él.
Connor Blackwood.
Llevando pantalones de lino blancos. Una camisa oscura semi-desabotonada. Gafas de sol empujadas hacia atrás en su cabello. Brazos cruzados. Esa boca en una línea recta e inexpresiva. Ese aroma. Ese poder. Él. Tal vez me mire. Tal vez diga mi nombre. Tal vez diga “Lily”.
Y sonreiré. Actuaré como si no estuviera mojada debajo de este vestido. Como si no hubiera estado deseando este momento con mis dedos metidos entre mis piernas desde que tenía dieciséis años.
***
Aún estaba de pie frente al espejo como una loca, con una mano en la cadera, la otra agitando dramáticamente mientras practicaba cómo me inclinaría sin hacer que pareciera que estaba suplicando ser follada.
Seguía inclinando mis caderas, arqueando mi espalda, inclinando mi cabeza justo de la manera correcta como, “Ups, se me cayó la bebida, supongo que solo me inclinaré frente a tu polla y fingiré que no es intencional”. Ese tipo de cosas. Mis tetas rebotaban. Mi trasero se veía jodidamente perfecto. Mis pezones estaban sobresaliendo a través de mi camiseta como si estuvieran gritando “elígeme”.
Y escucha, no te atrevas a juzgarme. Sé con certeza que no soy la única chica que ha hecho esto. Sé que has arqueado la espalda frente a tu chico como si simplemente necesitaras estirarte. Sé que has “accidentalmente” dejado caer algo solo para ver si sus ojos te seguían.
Así que ni siquiera me mires de reojo ahora mismo. Solo estoy siendo honesta. Solo tengo el valor suficiente para decir en voz alta lo que tu pequeña v****a ya sabe: todas estamos sucias cuando el hombre adecuado aparece.
Estaba en medio de una sentadilla, practicando cómo gemir un “ups” falso mientras fingía recoger mi brillo labial, cuando mi teléfono sonó en la cama.
Bella.
Oh. Joder.
Deslicé para responder.
—¿Hola? —Intenté sonar bastante normal, pero mi voz salió entrecortada.
—¿Dónde demonios estás? —gritó Bella por encima del viento y el sonido del agua golpeando el muelle. Podía escuchar gaviotas, a alguien abriendo champán, y un claxon de yate sonando como si se estuviera riendo de mí—. Lily, ¡el capitán literalmente está a punto de desatar las cuerdas! Si pierdes este crucero porque te estás rizando las pestañas…
—¡Voy en camino! —di una vuelta de pánico, como si eso de alguna manera me teletransportara más cerca—. Estoy a cinco minutos. Literalmente.
—Eso no suena convincente.
—¡Ocho! Está bien, tal vez diez. Pero un diez realmente rápido. Algo así como un diez super caliente.
Bella suspiró, pero se estaba riendo.
—Más te vale mover tu pequeño trasero sucio. Este va a ser el verano que lo cambie todo. España. Francia. Italia. Grecia. ¿Sabes cuántos chicos guapos ya están en este barco?
Intenté reír. Salió como un gemido moribundo.
—Oh, estoy tan lista.
Ella se rio.
—Bien. El champán ya está fluyendo, nadie trajo reglas, y mi papá es el único adulto a bordo. Pero es tan aburrido que no cuenta. Probablemente ya esté en una esquina mirando al océano con un whisky en una mano y un trauma en la otra.
Todo mi cuerpo se quedó quieto.
Su papá.
Connor.
Y luego lo dijo.
—Creo que Rose te puso en la suite justo al lado de la suya. Así que tal vez intenta no gemir demasiado fuerte cuando estés jugando contigo misma, ¿sí?
Mi estómago se hundió. Mis piernas se doblaron. Mi v****a se contrajo tanto que jadeé. ¿La habitación de su papá está justo al lado de la mía?
Podría morir. O estallar. O simplemente derretirme en un charco de pensamientos resbaladizos y pecaminosos y deslizarme por debajo de su puerta como un fantasma golpeado por el celo suplicando ser tocada.
—¿Lily? —La voz de Bella me sacó de mis pensamientos—. ¿Estás bien?
—S-sí —dije, sin aliento—. Solo... procesando la información.
Ella se rio.
—No te lo tomes tan en serio. Solo ven aquí. Este yate es ridículo. Tiene niveles. Niveles reales de arriba hacia abajo. Camas king. Duchas que podrían caber seis personas. Iluminación ambiental. Todo esto se siente como si hubiera sido hecho para el sexo.
Ya estaba tomando mi bolso, metiendo mis pies en sandalias, ajustando mis bragas húmedas.
—Me voy ahora mismo.
—Bien —dijo—. Vamos a cometer algunos pecados que nunca vamos a olvidar.
Colgó.
Y ahí estaba, mirándome en el espejo de nuevo, temblando por dentro. Esto era todo. El verano que me destruiría de la mejor manera posible.
Espera, antes de abrir esta puerta, antes de verlo de nuevo, antes de hacer lo más estúpido y sucio que he hecho en mi vida…necesito decir algo.
A ti.
Sí, a ti. La que está leyendo esto con los muslos apretados y el labio mordido tan fuerte que prácticamente está morado. No finjas ni por un segundo que no estás mojada, porque sé que sí lo estás. No estarías aquí de otra manera.
Bienvenida a mi desastre.
No, olvida eso.
Bienvenida a mi sucio, impío y palpitante descenso a la locura.
Porque lo que viene no es nada lindo. No es un fuego lento. No es romance. Es algo que no has leído antes.
Más te conviene tener tu juguete cargado. El real. El que no para hasta que estás llorando y sin aliento. ¿Porque esta historia?
No es para los débiles de corazón. Es para los que aman la suciedad.
Así que sé una buena y pequeña puta.
Pasa la página.
Y no digas que no te lo advertí.